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jueves, febrero 16, 2017

IMMOLATION- Atonement (2017)

No siempre es fácil valorar la constancia estilística de IMMOLATION: lo que para unos es fidelidad a sí mismos será para otros inmovilismo y estancamiento. ¿Es bueno hacer siempre lo mismo? No está claro, y al final depende de los valores que cada cual establezca como referencia. Mi visión es que en sí mismo no es ni bueno ni malo, y que la calidad de una obra no depende de su estilo, ni de la corriente hacia la que se incline, ni de si continúa o rompe con la producción anterior. Al final todo el mundo que quiere ser fiel a sí mismo acaba repitiéndose, ya sean las sinfonías de Mozart o los riffs de AC/DC, y tal perseverancia agrada o desagrada según la mentalidad del oyente, pero en sí mismo nada dice de la calidad del material.

Pues lo mismo con las bestias pardas de Nueva York: a mí me tiene sin cuidado que recuperen el logo de hace veinte años o que vendan su alma a Satanás, como si se quieren poner a hacer Death melódico o Nu-Metal. Hoy día nadie compra a ciegas un disco y todos lo oímos antes de decidir si le damos nuestro dinero. No hay engaño posible ni traición a unas determinadas expectativas, al menos en lo que se refiere al acto de la compra. Otra cosa es que me diera pena perder a un grupo tan particular, perder una fuente única de Death Metal que nadie más sobre el planeta elabora de igual forma, pero su libertad como creadores está por encima de absolutamente todo, incluido mi gusto como fan. Al final será mi libertad como consumidor la que decida el resultado, y si me da la gana lo compro, y si no, no. El concepto de "traición a los fans" es ochentero y está pasado de moda, porque ningún grupo te hace hoy día comprar un disco pensando que es de tal estilo y luego resulta que no, eso ya no pasa. ¿Que tú preferías otro "Altars of madness" u otro "Infatuation with malevolence"? Entiendo tu decepción, pero se siente. El artista es tan libre de cambiar como tú de no comprar sus obras.

Pero en fin, que me voy por las ramas. IMMOLATION no han cambiado nunca de estilo y no parece probable que vayan a empezar a hacerlo a estas alturas. Junto a otros pocos como SUFFOCATION o CANNIBAL CORPSE (aunque estos sí han cambiado, si bien siempre dentro de la brutalidad sin concesiones), se han ganado hace tiempo el estatus de estandartes, de referentes, de valor seguro. El de pioneros ya lo tenían, pero al cabo de las décadas lo han elevado el nivel de dioses del Death Metal. Con "Atonement" lo apuntalan aún más y despejan toda duda -si es que alguien la tenía- sobre su fidelidad a ultranza: esto es lo más IMMOLATION que IMMOLATION podrían sonar en pleno 2017.

Ahora bien, que nadie piense que han vuelto al "Dawn of possession", ni siquiera a los dos siguientes discos. Estos son los IMMOLATION que empezaron a ser interesantes y a tener identidad propia con "Father, you're not a father" o "Lost passion". El álbum es la continuación perfecta a su "Majesty and decay" del 2010, tanto por estilo como por sonido y por composición. La deriva un tanto modernilla o experimental que sufrieron los riffs en "Kingdom of conspiracy" ha quedado atrás, y sobre todo ha quedado atrás el sonido frío, digital, enlatado que hacía tan difícil la escucha de ese disco. Esta vez el sonido es denso y orgánico, vivo y emocional, negro como el alma de mil condenados, oscuro como las portadas de "Unholy cult" o "Harnessing ruin". Y estilísticamente el álbum bebe de esas fuentes mucho más que de "Here in after" o "Failures for gods".

Como decía, es la continuación perfecta de "Majesty and decay" (incluso un tema como "Thrown to the fire" rememora muy de cerca al aplastante "A glorious epoch"), pero también una evolución lógica y serena a partir de aquel. Porque cambios hay, sin salirse de una identidad pétreamente intacta, pero cambios al fin y al cabo. El más importante el que afecta a la velocidad, más contenida que en otras épocas del grupo, más inclinada a los medios tiempos y a los ritmos pesados, de manera que no se entiende muy bien que como tema promocional eligieran "Destructive currents", uno de los menos representativos de la línea general del disco. Por supuesto, no puede decirse que sea un álbum "lento", ni mucho menos, entre otras cosas porque IMMOLATION son incapaces de hacer nada que pueda recibir un solo calificativo, y tanto sus discos como cada uno de sus temas siempre amalgaman un montón de ritmos, velocidades y elementos sorprendentes.

Ese es otro apartado en el que "Atonement" introduce cierta diferencia: los temas son, por una vez, menos caóticos que de costumbre, menos "cajón de sastre", y, sin abandonar su tan peculiar gusto formal, han logrado estructuras más firmes y mayor cohesión. ¿Cómo? Pues con algo tan sencillo como no meter cambios de ritmo que no tengan nada que ver con lo que esté sonando antes. El minuto 2 de "Above all" es un ejemplo de lo contrario, es decir, de lo que siempre han hecho: uno de esos irritantes cambios con los que despistan al oyente y rompen toda posibilidad de crear una canción con sentido de unidad. Esta vez, por suerte, en muchas ocasiones los cambios de tempo van o al doble o a la mitad, y cuando dan paso a una sección súbitamente rápida o cuando pasan a una más lenta, buscan cierta correspondencia en cuanto a los acentos y al compás. Es el caso, por ejemplo, de "Fostering the divide", donde pasado el 2'40, la batería sigue a toda velocidad mientras la guitarra introduce un riff de notas largas al que luego se une la batería al ralentizarse, sin que el cambio sea brusco; o también de "Epiphany", claramente el tema más sólido en este sentido, donde poco antes del minuto y medio pasan del 3/2 al 4/2 antes de doblar el tempo para empezar una parte rápida, de manera que todo fluye con sentido. No hace falta entender de métrica musical ni analizarlo desde el punto de vista técnico para entenderlo, cualquiera percibe cuándo un tema tiene cohesión y cuándo está hecho a base de retales, a base de partes que podrían estar en cualquier parte del tema o en cualquier otro tema del disco. IMMOLATION siempre han pecado de ese defecto, pero en "Atonement" han sabido moderarlo bastante.

Siguiendo con el apartado rítmico, hay que señalar una disminución de los compases irregulares, que casi ni aparecen en todo el álbum; me viene a la cabeza una pequeña sección repetida de forma alternante varias veces en la parte central de "Fostering the divide" (cuando la letra empieza con "Dividing lives, dividing worlds"), pero aparte de ese no recuerdo ningún otro. Sin embargo, el diseño rítmico de los riffs sigue primando lo asimétrico por encima de ritmos y figuras regulares, especialmente cuando usan compases ternarios, es decir: puro IMMOLATION. Compases ternarios hay en el principio de "When the jackals come", "Rise the heretics" (también en la parte de esta en que la guitarra no tiene distorsión), "The power of gods" o "Epiphany", en "Above all" cuando entra la batería al medio minuto o en "Fostering the divide" hacia el minuto y medio. La sensación es de estar oyendo "lo de siempre", de estar como en casa. A ello contribuye también la batería, que en este disco tiene aún más libertad que de costumbre y que se recrea en toda suerte de redobles y fill-ins propiciados por la propia métrica de los temas, pero que no abruma gracias, en parte, al fenomenal sonido y, sobre todo, a la maestría consumada de Steve Shalaty (brutal el doble bombo en la estrofa de "Fostering the divide"), cuya estabilidad en la banda ha multiplicado la del propio grupo. El nuevo guitarrista, el ex-GOREAPHOBIA Alex Bouks, al parecer no ha participado en la grabación del disco, pero no se nota, porque Robert Vigna es el dueño y señor, el maestro del riff inimitable marca IMMOLATION, el alma de las tinieblas transformadas en sonido, y Ross Dolan, como siempre, su emisario en la Tierra.

Se trata de un disco de digestión lenta y de paladeo sosegado. Engancha cada vez más con cada nueva escucha y está lleno de matices que solo se descubren y se disfrutan con algo de tiempo. Y todos los rasgos de IMMOLATION están aquí, algunos en grado supremo: los riffs inimitables, los ritmos marciales con pesantez de mastodonte, las disonancias, los armónicos y demás efectismos, los leads que dibujan melodías maléficas, las texturas de guitarras superpuestas, los solos caóticos... La voz es lo único que sale un poco mal parado, porque parece haber quedado algo baja en la mezcla, o bien Ross Dolan no tiene ya el chorro rugiente de hace veinte años (esperemos que no sea esto). No me cansaré de decirlo: la producción de Paul Orofino ha hecho un enorme, un gigantesco favor al éxito de este disco, que, de haber continuado por la senda iniciada en "Majesty and decay" y culminada en "Kingdom of conspiracy", habría terminado por alejar a muchos adeptos del grupo. Por suerte, debe haber recapacitado y ha vuelto al sonido de siempre -o al que puso en marcha con "Close to a world below"-, el sonido que desde el cambio de siglo ayudó a construir la identidad que tantos admiramos tanto. Orofino es a estas alturas como el quinto miembro del grupo, y con este disco contribuye a poner una piedra más en la leyenda, cimentada sobre fuego y blasfemias, de los dioses IMMOLATION.

domingo, septiembre 14, 2014

AFTERLIFE- Surreality (1992)

Este es otro álbum de los varios que publicó el sello americano Grind Core a principios de los 90, dando lugar a una pequeña lista de discos a cargo de grupos que desaparecieron tras publicar su debut. Tal es el caso de AFTERLIFE (una de las varias bandas que existen bajo ese nombre, no solo en su país natal, EEUU): sacaron una Demo en el 91, al año siguiente este LP y se acabó, y luego sus miembros tampoco siguieron carreras en grupos de renombre. Al menos dejaron este trabajo de buen Death Metal clásico en el que si hay que destacar un rasgo, es el de la variedad. Pero sin rarezas y sin mezclas imposibles de cuajar. Simplemente es Death Metal en una onda CANNIBAL CORPSE, MORGUE, MONSTROSITY, etc, pero que continuamente se niega a repetir ritmos, estructuras, frases o registros vocales, de modo que sin partir de unas ideas deslumbrantes ni una inspiración fuera de serie, logran crear uno de esos discos que han quedado postergados a lo largo de las décadas sin que su olvido sea achacable a su calidad. Aquí la hay, y sin brillar quizá a la altura de los padres del género, sí alcanza un nivel por el que merece la pena echarle un tiento y redescubrirlo casi un cuarto de siglo después.

El disco se hace corto, posiblemente demasiado, son siete temas en poco más de media hora, si bien todos salvo el último rondan los cinco minutos, pero la sensación que deja al terminar es la de que podrían haberlo estirado un poco más y no habría pasado nada, gracias a ese rasgo de variedad que ya mencioné y que hace que todos los temas sean amenos y no parezcan durar cinco minutos. Curiosamente no reutilizan ninguno de los cuatro de la Demo del 91, pudiendo haberlo hecho y manteniendo aquellos, además, un estilo casi idéntico a los incluidos en el debut oficial. Es decir, un estilo que recurre a los cambios continuos, muchas partes contrastantes en cada tema, junto a riffs clásicos y un gusto general por los ambientes oscuros. En lo que sí ganaron claramente al grabar el larga duración es en la variedad vocal, ya que en la Demo se ceñían exclusivamente a un único timbre, lo que, unido a la escasa calidad del sonido, daba como resultado una sensación de monotonía que aquí afortunadamente desapareció por completo, afortudamente.

Los riffs flirtean con lo melódico tanto como con lo técnico, es decir, lo justo y siempre dentro del diseño básico y clásico de riff típico de Death Metal. Pero su mayor logro es ese, no caer en la repetición, no autoplagiarse, no ser nunca previsibles (recordemos, era 1992). Luego aparecen un buen montón de solos de guitarras, algún momento aislado de lucimiento para el bajo, un par de sugerentes intros musicales, ocasionales guitarras dobladas, parones de batería que introducen inesperados cambios de ritmo, blasts esparcidos por aquí y por allá sin abusar nunca de su presencia, voces que en más de la mitad de los temas pasan acertadamente de lo gutural a lo chillón y rasposo, un sorprendente "Dreading The Marrow" que no sale en ningún momento del tempo lento y arrastrado, y como despedida la breve -o no tan larga- "Dead Lights Glare", con la que consiguen llegar al final sin haber caído en la monotonía ni por asomo. Cierto que los materiales con los que trabajan no son espectaculares, e incluso hay algún que otro riff que honestamente podrían haber desechado en el estudio, pero aun con eso el disco alcanza cotas muchísimo más dignas que lo que su posterior trayectoria podría sugerir. Añadimos una producción clara y limpia, pero a la vez orgánica y potente, y tenemos sin duda uno de los discos más disfrutables y a la vez actuales del año '92.

domingo, agosto 24, 2014

CABAL- Midian (1990)

Faltaba todavía 1990 en la serie de años contiguos que por ahora han ido apareciendo en esta sección, concretamente del '87 al '95, y siendo además 1990 el paso de década, cómo no recalar en alguno de los discos que aparecieron ese año y de los que poco más se supo después. Es el caso del único trabajo de CABAL, otro de los proyectos del ubérrimo y ubicuo personaje llamado Killjoy. Aquí se embarcó en una aventura a medio camino entre el Thrash y el Death que perfectamente podría haber tenido continuidad y hasta repercusión, por enlazar el paso de un género a otro y servir de puente entre ambos con su estilo híbrido. Una hibridación perfecta conseguida con toda naturalidad, como habían hecho y siguieron haciendo tantos grupos en torno a 1990, no hay nada que parezca fuera de sitio o que llame la atención y tanto los elementos Death como Thrash, aunque son reconocibles y se pueden delimitar sin problema, están muy bien fusionados. Es como si el "Reign in blood" hubiera ido un paso más allá en cuanto a agresividad y hubiera desembocado en esto. De hecho en la música de SLAYER ha habido siempre muchos elementos Death, al menos desde "Hell awaits", y siempre he pensado que tras ese disco podrían haber tirado por la otra dirección y haber creado el paradigma del Death Metal, pero en su lugar crearon el del Thrash. En "Hell awaits", aparte de la temática lírica, la imagen personal y un ominoso ambiente de oscuridad, los riffs están a veces más próximos al Death que al Thrash, gracias a sus armonías "malévolas" y al uso indiscriminado del 'Diabolus in musica' que luego acabarían adoptando como título para uno de sus discos más controvertidos. CABAL hacen lo contrario, que es presentarse como un grupo Death para luego saltar atrás en el tiempo y recuperar muchas de esas armonías y melodías del Thrash que pueden darse tanto en un género como en otro y que constituyen la savia misma de un álbum como "Reign in blood".

Las líneas vocales guardan también reminiscencias de muchas de las del Araya de ambos trabajos, y además el timbre de Killjoy no es es absoluto ni gutural ni grave, como correspondería a un grupo de Death ortodoxo, pero las ejecuta con un gusto tal por la brutalidad y con una serie de inflexiones Death -no muy descaradas pero sí nítidamente diferenciables-, que logra integrar ambos registros a la perfección, igual que pasa con todos los demás parámetros del disco. Otro elemento que agregan al menú de "Reign in blood" es el de los blastbeats, discretos, ocasionales, pero dotados de una función que cumplen de maravilla y que consiste, por un lado, en afianzar esa naturaleza ambivalente del disco y, por otro, en reforzar momentos de especial violencia en cada tema, como la entrada de la voz en varios de ellos ("God complex", "Midian", "Images in blood"), logrando sorprender al oyente y dinamizar con muchísima eficacia la música. El disco es variado y tremendamente intenso, no muy original, todo sea dicho, y tampoco nada personal, pero intenso, agresivo y cañero lo es de sobra. Incluso se queda algo corto, con sus siete temas de los cuales uno es poco más que un interludio, "Khaos theory", y su poco más de media hora de música. Al menos esos seis temas son, como decía, muy variados y en general su duración tiende a alargarse y les permite recorrer un sinfín de ritmos y tempos, destacando en ello la final "Nocturnal reign", con sus ocho minutos de violencia sonora Thrash-Death. El inventario de recursos musicales se completa con unos solos normalitos pero eficaces y algunos pasajes con arpegios acústicos que crean ambiente, dos elementos más que ayudan a diseñar un disco ameno y cambiante. Ya para acabar, ignoro cómo sería la edición original de 1990, pero la reedición del año 2000 es un simple digipack sin libreto -aunque el sello lo publicite como 'lavish'-, sin fotos ni letras ni nada de nada, solo los títulos en la contraportada y la formación y un par de datos técnicos en la cara interior.

domingo, agosto 17, 2014

CONFESSOR- Condemned (1991)

Este es un disco único en su especie, una 'rara avis', una flor de un día, un fogonazo en medio de la noche y después de nuevo las tinieblas: CONFESSOR llegaron tarde y acabaron pronto. "Condemned" apareció en 1991 (publicado por Relativity en Estados Unidos y por Earache en Europa) y después no se ha vuelto a grabar nada que remotamente se le parezca, ni siquiera con la explosión de géneros '-core' de las últimas dos décadas -Deathcore, Metalcore, Mathcore- ni con su más rabiosa evolución, el Djent. La denominación de Technical Doom para este disco no es cosa de Metal Archives, es unánime en todas las reseñas, revisiones y reivindicaciones de este álbum insólito. Porque las hay, y bastantes, se trata de un disco de culto, poco difundido pero sí bien conocido por ciertos sectores de la audiencia. CONFESSOR tuvieron una corta existencia en un momento en que el Metal se encaminaba hacia su mayor período de letargo en cuanto a relevancia pública -no en cuanto a creatividad-. La extrañeza de su música hizo el resto, y aunque alguno de los temas tuvo cierta difusión en los medios de su país, no llegaron a gozar del favor de los fans y enseguida cayeron en el olvido, lo que les llevó a disolverse poco después.

El grupo se reformó en el año 2002 e incluso sacó un nuevo disco, "Unraveled", en el 2005, que por ahora no he tenido ocasión de escuchar. En todo caso, y sin querer desmerecer la labor actual de CONFESSOR, su importancia y su prestigio residen en lo que tan arriesgadamente plantearon a principios de los 90. Otros grupos con trayectorias previas ya se habían transformado cuando llegó la nueva década, pero CONFESSOR nacen ya así, no son fruto de una evolución interna ni de una renovación, su propuesta es genuina y había sido la misma desde que empezaron a grabar Demos en 1987 con los mismos temas que luego aparecerían aquí. Su estilo es ciertamente inclasificable y hay que oírlo para hacerse una idea. Se pueden aventurar mezclas entre QUEENSRYCHE y CATHEDRAL, VOIVÖD con TROUBLE, CRIMSON GLORY con SOUNDGARDEN o FATES WARNING con WATCHTOWER, por decir algo, pero en último término se trata de una banda que no guarda parangón con ninguna otra de las que existían entonces y que, sin embargo, tiene una profunda huella rastreable hoy día en todo el espectro musical que va de PERIPHERY a MESHUGGAH, quienes reconocen explícitamente la valía del disco y de sus creadores.

Recuerdo que durante mucho tiempo no me gustó, no es que lo odiase, porque no es de esos discos que se aborrecen o que provocan pasiones enfrentadas (salvo la voz, luego entraremos en esto), te puede aburrir y acabar siéndote indiferente, sin más, pero desde el principio se ve que es un disco serio, sólido y de calidad, que no se puede despreciar alegremente ni desacreditarlo sin más. Hace años me parecía artificial y excesivamente extraño, pero hoy día que hemos oído de todo, lo más brutal, lo más enrevesado, lo más progresivo, adquiere una nueva luz y resulta más fácil valorarlo y llegar a disfrutar de él. Cuesta, pero merece la pena. Puede llevar incluso años, pero en mi caso me alegro sobremanera de haberlo hecho. En el 91 no creo que hubiese oído ni hablar de la etiqueta "Doom", e incluso ahora sigo sin tener claro que le cuadre bien, salvo en temas como "Prepare yourself" y "Defining happiness", o en general la cara B, sobre todo en "Eve of salvation". Pero qué más da, las etiquetas sobran cuando la ambición musical rebosa los límites de lo convencional.

La batería es el principal personaje en este espectáculo de desafío estilístico y musical, guiando los cambios entre sección y sección, las inflexiones rítmicas, los acentos de las frases y los riffs, y en todo momento demostrando una solvencia absoluta por muy enrevesada e irregular que sea la métrica de cada tema. De paso está algo más alta que el resto de instrumentos en la mezcla, así que es difícil no atender a su minuciosa labor. La voz, como ya adelanté, es el gran caballo de batalla para los detractores de "Condemned", una voz limpia, melódica y entonada, pero sobre todo aguda. Muy aguda. No es falsete, como algunos equivocadamente creen, es aguda porque la tesitura de Scott Jeffreys era así de alta, cosa más frecuente en el Speed, el Power Metal y el Metal Sinfónico que en estos derroteros sonoros de guitarras graves, riffs densos, tempos lentos y ritmos inasibles. El timbre en sí de la voz puede ser molesto, pero tampoco es un timbre especialmente histérico ni estridente: el problema es que no pega con la música. No solo porque, como digo, sea más propia de otros géneros, sino porque literalmente no pega con la música, cada una va por su lado, armónica y melódicamente, y por momentos parece mentira que el resultado no sea más disonante, especialmente en la cara A. Guitarras y voz recorren simultáneamente escalas distintas y, sin embargo, hay un vínculo, crean un conjunto, la música tiene sentido.

El disco también tiene algunos puntos flacos, como ciertas líneas vocales que tienden a parecerse mucho (mejoran cuando Scott Jeffreys se pone a chillar por encima de la tesitura habitual, como en "Prepare yourself", o con algo tan simple como que le respondan, aun tímidamente, unos coros en "Uncontrolled", tema en el que de paso aparece un breve solo, otro elemento de distensión interesante). Tampoco sale bien parado el comienzo de los temas, que muchas veces no parecen tener una dirección clara, una presentación acorde con su naturaleza, sino que empiezan 'in media res', tan abruptamente que cuesta saber cuándo hemos pasado de uno a otro. La producción también es algo fría, sin relieves, sin dinámicas, hay momentos en que la música parece no tener vida ni expresividad por culpa de una grabación excesivamente plana, como sin alma, y es una pena, porque los ritmos pesados en los que se recrean continuamente quedan bastante desaprovechados por falta de contraste entre las partes de cada tema.

Por último, las letras introspectivas y depresivas son otro elemento distintivo de CONFESSOR y otro rasgo que los aleja del sometimiento a los dogmas de ninguna corriente. Puede que hoy día les den mil vueltas los delirios del Suicidal Black Metal o los del Funeral Doom, pero en el 91 era excepcional consagrar todo un disco a hablar de desesperación, culpa, dolor, desengaño y sufrimiento, las visiones de un alma aislada y atormentada por la angustia. Ciertamente vivían ya en los 90 y a ella pertenecen en sonido y temática. Veinte años después "Condemned" sigue siendo una pieza oculta pero admirada por muchos, un disco ajeno a tendencias, excluido en un rincón del árbol genealógico y suspendido en el tiempo sin apenas parientes musicales ni antes ni después, pero indudablemente toda una 'delicatessen' musical para quien quiera concederse el tiempo de llegar a paladearlo.

domingo, agosto 03, 2014

PARALYSIS (USA)- Patrons of the dark (1992)

A principios de los 90 el sello Grind Core International editó varios discos a cargo de bandas estadounidenses de Death Metal muy prometedoras pero que se quedaron en la casilla de salida, y de alguna más de ellas seguro que habrá ocasión de hablar aquí en otra ocasión. Hoy es el turno de PARALYSIS, oscura banda con un nombre muy poco distinguible que solo sacó dos Demos y este disco y luego desapareció como si nada, siendo su mayor contribución a la historia de la música extrema el hecho de que su cantante pasó acto seguido a convertirse en el frontman de SOILENT GREEN y poco después también el de GOATWHORE, bandas que en la actualidad sigue encabezando. Solo sacaron un disco, pero menudo disco, qué depuración del género tan completa, pese a no ser ya un año exactamente temprano, qué fiel devoción a las tinieblas y la oscuridad, como muy bien reza el título. Y es que aunque el nombre del grupo fuese muy genérico y de paso muy poco deathmetalero, el resto de su propuesta es como un decálogo del buen Death Metal añejo y lóbrego, empezando por el título y pasando por la portada, los títulos de los temas, por supuesto el sonido, la tesitura de la voz... hasta llegar a los temas como tal, los riffs arrastrados y tétricos en medio de guturales de marcado gusto rítmico. PARALYSIS no tenían intención de ir más allá de todo lo que pueda sugerir una fría tumba en medio de la noche, están apegados a las más lúgubres esencias del estilo y se mueven dentro de parámetros totalmente convencionales, dentro de los más ortodoxos patrones de la oscuridad.

De vez en cuando sobresale una línea de bajo con ese sonido redondo y punzante tan característico, como en "Mausoleum" o como en el tema-título, seguida aquí poco después por unas guitarras dobladas y por un cambio en el registro de la voz, estrategia esta última que se convierte en una constante a lo largo del álbum y gracias a la cual consiguen alejar el riesgo de monotonía que por momentos les amenaza. Pero en general lo que hay son riffs básicos con pocas notas, insistente y claustrofóbicamente repetidos, todo muy simple, la mayor parte del tiempo con un tempo lento y usando ritmos pesados pero con gancho. Lo más frecuente es que el grupo ataque en bloque un mismo riff, como se ve con claridad en el principio de "Decomposed", tema en el que se permiten un poco más de recorrido por el mástil y en el que nuevamente recurren con habilidad a la segunda voz. El registro principal de la voz aún no es demasiado subterráneo, como corresponde a la época en que se grabó, y básicamente consiste en los guturales cavernosos y retumbantes tipo Chris Barnes, siempre buscando un extra de pegada en su diseño rítmico y a menudo lográndolo. Con CANNIBAL CORPSE tienen sin duda una cierta deuda en varios apectos -cosa nada rara, por otra parte-, en el enfoque de la voz, en las excursiones melódicas del bajo, en algunos riffs concretos y en el ambiente general, pero también guardan vínculos con los THERION que empezaron haciendo Death Metal en "Of darkness..." -no podría estar mejor traído- y "Beyond sanctorum", y más aún con grupos donde la velocidad no tiene tanto protagonismo, como MORTA SKULD, ROTTREVORE, INCANTATION o AUTOPSY, así como con la rama escandinava del género, dando lugar con todo ello a un disco muy digno que respeta a ultranza los cánones del Death más pútrido y tenebroso.


Tras la larga y algo más elaborada "Gates reflected" nos aproximamos al final sin haber abandonado el espíritu de adoración de las tinieblas que preside todo el disco. Son tres generosos cuartos de hora en los que no se entretienen con intros ni recurren a decorados ambientales, porque su música no necesita de nada externo para transmitir toda su carga emocional y para evocar fuertes sugerencias, es autónoma y habla por sí misma. Lo que sí hacen es empezar el disco con una apertura a modo de banda sonora, una muy oportuna preparación con susurros malignos y melodías del más allá para lo que nos vamos a encontrar, y terminar luego con un tema dedicado íntegramente a cerrar el disco como se merece, mediante unos arpegios acústicos y de nuevo una voz que murmura maldiciones contra el telón de fondo de unas inquietantes notas tenidas.

domingo, julio 20, 2014

LAST DESCENDANTS- One nation under God (1988)

Un solo año puede dar mucho de sí, y sin salir de un estilo, como el Thrash, podemos encontrar enfoques y tendencias muy distintas. Dentro del mismo año, el mismo género y el mismo país -Estados Unidos-, sorprende la variedad de registros y la cantidad de álbumes que no tuvieron demasiada suerte en su día. Hoy es el turno de LAST DESCENDANTS, otro de esos grupos que no llegaron lejos y se separaron tras publicar un solo disco, pero que tenían potencial para poder haber desarrollado una carrera larga y de categoría. Su "One nation under God" lo editó la alemana Aaarrg Records, especializada en grupos europeos y especialmente patrios, como HOLY MOSES, MEKONG DELTA o LIVING DEATH, de modo que LAST DESCENDANTS fueron una excepción en su catálogo, por otra parte escueto. Lo suyo era un Thrash Metal técnico con hondas raíces en el Heavy Metal pero fundamentalmente guitarrero, basado en los riffs y los desarrollos instrumentales, muy bien trabajado en cuanto a las estructuras y con gran sentido de las dinámicas. La evolución de su estilo desde la Demo del 86, "W.W. III", hasta este disco solo dos años posterior es más que notable, y aquí los rasgos más tradicionales han desaparecido casi por completo. La voz es lo único que los delata, aparte de ciertas melodías, algún pasaje tranquilo y, en general, el evidente desinterés por intentar ser más salvajes que nadie. No era esa su pretensión, sino hacer una música compleja y de calidad pero a la vez cercana y potente, e incluso por momentos tender hacia un estilo cercano a lo progresivo, lo que hace aún más inexplicable que no tuvieran continuidad en la década que estaba a punto de empezar.

Son siete temas en tres cuartos de hora, lo cual ya dice mucho. Ninguno baja de los cinco minutos, hay tres que rondan o superan los siete e incluso se permiten el lujo de terminar el disco con una instrumental, que encima es el más largo de todos los temas, y empezarlo con el segundo más largo. Yo no recuerdo muchos discos que terminen con una instrumental, y menos con una de siete minutos y medio, y hay que tener mucha seguridad y mucho orgullo sobre la propia propuesta musical para marcarse semejante puntazo en un debut. Ciertamente el estilo del grupo está totalmente acabado y pulido en este trabajo, es un grupo maduro que se ha desarrollado muy deprisa y que está ya en su primer trabajo oficial al nivel de bandas veteranas, pero con la frescura y el empuje de un grupo nuevo. Los siete temas son todos igual de buenos y es difícil elegir favorito o ensalzar uno más que el resto. Personalmente me quedo con la instrumental, ya que en un disco de Thrash técnico quizá sea ese el ámbito donde dan lo mejor de sí mismos, y aparte porque es un grandísimo tema. Desde el primer riff con el que abren en "Not my world" ya dejan claras sus intenciones: compás compuesto y acentos irregulares para un riff prototípicamente Thrash en su diseño y comedido en la agresividad de su sonido. Pero inmediatamente hacen la rareza de bajar la intensidad mediante una frase acústica que luego dará paso a la estrofa. Es otra manifestación más de esa seguridad que tienen en sí mismos, como una especie de fe ciega en su visión de las cosas, y también es un recurso que utilizan bastante, porque a lo largo del disco hay más cambios de intensidad colocados, como este, en momentos poco convencionales. Tienen personalidad, ese es otro de sus méritos, y son consscientes de su propia valía como músicos y como compositores.

Después de un montón de cambios, pasajes y riffs, siempre fenomenalmente enlazados mediante transiciones con sentido y ritmos relacionados unos con otros, el tema de apertura nos conduce a "Vision", cuyo comienzo repite los rasgos descritos en el principio del anterior: riff de indudable Thrash Metal pero también de marcado sabor progresivo. A partir de ahí se despliega la prodigiosa inventiva guitarrística y la ejecución impecable de todos los músicos, incluidos bajo y batería, y en todo momento una intensidad poderosa que llega al oyente y le sacude. La producción ayuda mucho a que la música de LAST DESCENDANTS respire y tenga la sensación de vitalidad propia del género en aquellos tiempos e incompatible con la mayoría de producciones digitales actuales. "One by one" apuesta más por los ritmos machacones y sube el nivel de agresividad, también gracias a las respuestas de los estribillos. "P.O.W. 13" empieza con otro riff típicamente Thrash pero esta vez regular, al menos hasta alcanzar las últimas notas, al que siguen más cambios de velocidad, más derroche de riffs, más solos inspirados y perfectamente ejecutados. "Malpractice" se da un aire a SLAYER en su comienzo, pero enseguida retoman su propio estilo y entregan siete nuevos minutazos de Thrash técnico, si bien este es el tema peor construido de todos y el único al que le falta verdadera unidad. "Fight the fight" insiste en los estribillos poderosos en medio de ritmos irregulares y riffs siempre originales y complejos, todo con una desbordante intensidad a la que ahora contribuye notablemente el batería. Y por fin llegamos a "P.G. 13", una instrumental redonda y rotunda donde las haya, todo un ejemplo de coherencia estructural, en las antípodas, por ejemplo, del "The ultra-violence" de DEATH ANGEL. Una práctica muy común la de las instrumentales desde los comienzos del HM y que había ido ganando en prestigio a la vez que ganaba en duración, más aún desde que cierta corriente de grupos de Thrash las añadieron a sus repertorios. LAST DESCENDANTS pertenecían claramente a esta corriente, tanto que se puede afirmar que son uno de sus mejores ejemplos, por mucho que también sean uno de sus exponentes menos conocidos.

Por suerte este disco fue reeditado por Stormspell Records en el 2010, sello americano que hace una labor fabulosa con sus reediciones de clásicos, conocidos y no tan conocidos, además de editar grupos nuevos, así que se puede encontrar con relativa facilidad y no hace falta pagar sumas desorbitadas por un original, salvo que uno sea un coleccionista de reliquias. Es una edición limitada y remasterizada que incluye letras, fotos, biografía por el guitarrista Gary Morton -compositor exclusivo del grupo- y una entrevista con el batería William C. Ackerman. Respeta además la portada original del vinilo, salvo por el pequeño cambio de desplazar a la izquierda el nombre del grupo, aumentar su tamaño y recuperar el logo que venía en la contraportada con otro tipo de letra y un dibujito de una espada (la versión en CD de 1988 también retocaba esto, expandiendo el logo de lado a lado de la portada, y cambiaba además la fuente de las letras del título). Pero lo mejor de todo es que incorpora como bonus la citada Demo de 1986 entera, "W.W. III", lo que permite apreciar del todo la evolución creativa del grupo. Una edición de lujo para un disco de lujo que por fortuna vuelve así a la vida.

domingo, julio 13, 2014

HOLOCROSS- Holocross (1988)

Es muy fácil despachar este disco diciendo que es puro salvajismo, que es una patada en la cara, un cañonazo hiperveloz o un misil como el de la portada, o como mucho que está en la línea del Thrash más cafre y canalla de los primeros ochenta. Muy fácil y muy frecuente en las pocas menciones que uno encuentra en páginas especializadas o en blogs. Pero todo eso, aun siendo cierto, no le hace justicia, porque este disco es mucho más, tanto que se trata de un caso insólito dentro la evolución del género y en el propio año 1988, y en la modesta opinión del que escribe, es una maravilla, con todas las letras. Un disco que en principio parece solo eso, un intento por ser más bestias que SLAYER y KREATOR juntos sin aportar nada sustancialmente distinto del estilo inicial de estas bandas, pero que en realidad esconde una sorprendente -y hasta difícil de encajar- variedad de registros e influencias.

Vamos a partir de la interpretación sencilla, la que entiende esto como un ejercicio de brutalidad sin más a través una colección de temas desmadrados y simplones. Pues solo con eso el resultado ya es demoledor y tendríamos uno de esos discos que te recuerdan lo genial que es hacer el animal porque sí, un disco que te devuelve el sentido original del Thrash Metal y que demuestra cómo y por qué surgió el género a partir de la adoración de MOTÖRHEAD y VENOM cruzados con DISCHARGE y G.B.H. Normalmente soy de los que le piden al Thrash riffs elaborados, un buen nivel técnico y cierta complejidad estructural, pero la crudeza de HOLOCROSS es irresistible, y este disco, editado fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de escuela, es un trallazo que no deja títere con cabeza. Digo "fuera" de todas esas cosas porque Estados Unidos, el final de la década y un estilo más propio de la vieja y cafre Europa eran muchas circunstancias adversas como para que causara algún impacto en su día, cuando este enfoque del Thrash no solo era ya conocido, sino que resultaba anacrónico y obsoleto. Un disco que en plena antesala del Thrash Técnico miraba hacia atrás con tal fijación por beber de las fuentes más primarias tenía necesariamente que levantar pocas pasiones.

Sin salirnos de esa primera perspectiva de simpleza y brutalidad, el disco es apabullante y se disfruta como un cerdo en una cochiquera. Y es que de principio a fin es un festival de violencia gratuita, de riffs a cual más básico, de baterías repetitivas, de guitarras sin ninguna sutileza, de voces chillonas... pero engancha y tiene algo especial. Su mayor atractivo es la capacidad de llevarte a un estado de trance por el que te dan ganas de tirarte contra las paredes o de romper cosas a cabezazos, y por más que yo mismo prefiera el rollo "Peace Sells", "South Of Heaven" o "Coma Of Souls", no puedo resistirme a la fuerza primitiva de estos diez temas de salvajismo sonoro en estado puro. Quizá sea su sonido, quizá sea la rabia feroz de la ejecución, quizá la unión de ambas... Aunque la verdad es que los temas son efectivos y tienen verdadera inspiración, esa misma chispa que hizo a VENOM engendrar temas como "Countess Bathory", uno de los más básicos y más versionados de la historia, o a MOTÖRHEAD ser quienes son. A veces un riff de tres notas tiene infinitamente más poder que todo el "Rust In Peace", y en ese sentido HOLOCROSS son como los RAMONES del Thrash Metal ochentero.

Pero si vamos más allá y trascendemos esta visión superficial, nos encontramos con una riqueza asombrosa y una amalgama de estilos, elementos y tendencias por momentos casi incompatibles: para empezar... ¿el cantante es uno, son tres, son ocho? No, no, es uno, pero poseído de personalidad múltiple, ya que tan pronto suena a James Hetfield de METALLICA como a Mille Petrozza de KREATOR, a Tom Araya de SLAYER, a John Connelly de NUCLEAR ASSAULT, a Bobby Ellsworth de OVERKILL o al Dan Beehler de EXCITER en su versión más locaza posible, se atreve con entonaciones limpias, desbarra con hilarantes vibratos o le da por emular los lamentos de Peter Steele o los falsetes de King Diamond, hay que oír el disco entero para creerlo y aun así cuesta. Los solos de guitarra... caóticos, ruidosos y desordenados, incluso cada vez más según avanza el disco, aunque no en el estilo de Hanneman/King. Las influencias musicales... vienen a la mente principalmente grupos como EXCITER, RAZOR, VIO-LENCE, AT WAR, EXECUTIONER, NUCLEAR ASSAULT, S.O.D., aparte de los infalibles padres del género a ambos lados del océano, SLAYER y KREATOR, aunque también MOTÖRHEAD, el primer disco de ANTHRAX, el primero de METALLICA, el primero de FLOTSAM AND JETSAM, todo ello mezclado con un deje de TANK y WARFARE y una innegable deuda con el Punk más agresivo de unos EXPLOITED y el Crossover de unos D.R.I. o CRYPTIC SLAUGHTER. Pero luego aparecen fragmentos acústicos, bajadas repentinas de velocidad, pasajes de genuino Heavy Metal, 'breaks' en mitad de varios temas, duelos virtuosísticos entre bajo y guitarra, tienen temas que no llegan a los dos minutos junto a otros que rozan los cinco, o se marcan rasgados frenéticos sobre una sola nota con la misma naturalidad con la que meten unas armonías propias de la NWOBHM y se quedan tan anchos. La mitad de los temas parece ir en una direccion y la otra mitad en otra distinta, en un caso claro de personalidad escindida, y los van alternando sin que por momentos uno se dé cuenta de la jugada.

Lo cual nos lleva al último de los pilares del estilo y la personalidad de estos tipos ingobernables: la batería. Buena parte de los temas llevan la caja a tiempo y no a contratiempo, reforzando así la sensación más machacona posible: "Wolf Pak", "Bombardment" (que plagia sin reparos el 'break' del tema anterior), "Seizure" y "Battle Stations" representan la gama más violenta y burra de HOLOCROSS dentro de lo que podemos considerar Thrash Metal. Luego están "Warpath", "B. Hive", "Murder Cycle" y "Ptomaine", que son una especie de Heavy Metal macarra y acelerado, con especial reminiscencia de MOTÖRHEAD en el segundo de ellos gracias al doble bombo. Y por último tenemos dos temas clásicos de Thrash primerizo, a toda velocidad y con la batería a contratiempo, un casi festivo "Drill" y lo que sin el menor género de dudas constituye la joya suprema del disco: "Manslaughter". Esto sí que hay oírlo para creerlo, con la voz histérica escupiendo la letra de la estrofa a espasmos -una mezcla del "As The World Burns" de KREATOR, de Dan Beehler pasado de anfetas y de la niña de "El exorcista" vomitando cosas verdes-, el pre-estribillo con voz doble y engoladamente entonado, casi cómico, los arpegios audibles y bien ejecutados en el solo, el homenaje al "Iron Fist" de MOTÖRHEAD, un final apoteósico berreando "Manslaughter! Manslaughter!" hasta dieciséis veces, que deja el final del "Fight Fire With Fire" de METALLICA al nivel de monjitas de la caridad, y, para acabar, casi medio minuto de redoble y rasgado como si estuvieran en directo. Y la letra... "To kill and kill and kill again" ya lo dice todo: somos como SLAYER pero tres veces. Glorioso, insuperable, un tema que debería estar en toda antología del Thrash más desquiciado de los 80. "Drill" tampoco le anda lejos, con similares chillidos agudos que sin duda mucha gente encontrará insufribles mientras que a otros, en cuanto se quiten de encima prejuicios y sentido del ridículo, les parecerán adictivos. Y es que el disco engancha. Cuesta entrar, al margen de que realmente tiene un alto índice de "odiabilidad", pero si se le da su tiempo y te cae en gracia, al final engancha, y mucho. "Seizure", que recuerda a NUCLEAR ASSAULT tanto por el título como por el estilo, es el tercer tema que me parece destacable sobre el resto y que me atrevo a calificar como adictivo, con ese estribillo igualmente estridente, desinhibido, delirante pero terriblemente efectivo y pegadizo, y un final aplastante al grito de "Seizure! Seizure! Seizure! Seizure!".

Por lo que yo sé, esto no se ha reeditado nunca en CD, y casi mejor, porque solo en vinilo suena como debe sonar. Importante: no oír nunca en unos altavoces pequeños, y jamás, bajo ningún concepto, en los del portátil o en un móvil. En caso de hacerlo se te aparecen de noche el espíritu de Cronos, el de Lemmy y el de Dan Beehler, te atan a un poste y te meten el misil de la portada por el culo. Quedáis avisados.

domingo, julio 06, 2014

HOLY TERROR- Mind wars (1988)

Esta vez no es un debut, sino un segundo disco, el que elijo para rescatar del olvido, y además un discazo con todas las letras, un indudable tesoro, que si bien es reivindicado por muchos y alabado unánimemente por todos los que lo han oído, no está ni mucho menos a la altura de visibilidad y reconocimiento que se merece. Es solo un año posterior al álbum que le precede, pero la diferencia entre ellos es tan brutal que no me cabe la menor duda al escogerlo, aparte del inmenso afecto y devoción personal que siempre le he profesado (y ya sin entrar en el hecho de que del debut del 87, "Terror and submission", existen dos mezclas distintas). Es uno de tantos discos a cargo de un grupo de Thrash que, en parte por aparecer a finales de los 80, se quedó solo en una promesa. Pero HOLY TERROR eran un grupazo, hay que decirlo con todo orgullo, tenían una potencia tremenda, estilo propio, buenísimos temas, una identidad reconocible a todos los niveles, una formación muy compacta... Sacaron estos dos discos, giraron por Estados Unidos, aparecieron en revistas y fanzines e incluso vinieron dos veces de gira a Europa, pero desgraciadamente se quedaron por el camino justo tras un momento glorioso de inspiración, ejecución y poderío sonoro como fue este "Mind wars" del 88, debido a problemas internos (económicos, organizativos, de drogas, etc.) que forzaron la salida del segundo guitarra, Mike Alvord, y que derivaron en que al año siguiente Kurt Kilfelt, líder y alma de HOLY TERROR, se trasladase de California a Seattle junto con la sección rítmica del grupo. Pero por mucho que fuese el fundador, guitarra solista, principial compositor, productor, co-mezclador y creador del concepto de la portada de este disco, dejar atrás a Alvord, que también componía, y al cantante Keith Deen, que ayudaba con las letras y sobre todo tenía un enfoque vocal personalísimo, fue una pérdida de la que la banda no se recuperó. De haber continuado juntos -y también si los 90 hubieran ofrecido un campo de batalla más propicio para este tipo de formaciones-, quién sabe si habrían alcanzado un estatus muy superior, porque desde luego méritos tenían de sobra.

En varios sitios consideran a HOLY TERROR y a este disco en concreto como Speed Metal, y ciertamente la velocidad, los elementos melódicos y las líneas vocales se corresponden con esa clasificación, mientras que en otros tantos los describen como Thrash, sin especificar más. No me parece esencial ponernos a discutir qué etiqueta se le ajusta mejor, y de hecho puede que tenga tanto de uno como de otro y que de ahí le venga en parte su condición de disco único y su muy marcada personalidad, uno más de los factores que hacen que sea un trabajo arrollador. Kilfelt había estado en AGENT STEEL hasta el verano de 1985, cuando fundó HOLY TERROR, y ese año había grabado y publicado con ellos su debut "Skeptics apocalypse"; por otro lado el primer batería, Jack Schwartz, había hecho lo propio con DARK ANGEL, tomando parte en su debut "We have arrived", también de 1985. Con estos antecedentes estaba claro cómo iban a sonar HOLY TERROR (a pesar de que Schwartz desapareciera de la formación en el 86 sin llegar a editar nada con ellos): a una mezcla de AGENT STEEL, ABATTOIR, SAVAGE GRACE, FLOTSAM AND JETSAM o HEATHEN, cruzado con la agresividad de KREATOR y la actitud de NUCLEAR ASSAULT y amplificado todo a través de una potencia avasalladora. Si se le suma el personal enfoque de las letras, centradas casi por completo en asuntos religiosos pero sin la menor connotación satánica (basta echar un vistazo a los títulos), y una presencia vocal única a cargo de Keith Deen, con un timbre, un registro y una forma de escupir las letras que le diferencian de casi cualquier otro cantante del género, tenemos la fórmula perfecta para explicar por qué HOLY TERROR ocupan un lugar privilegiado en el Metal de finales de los ochenta.

"Mind wars" consta de ocho temas, uno de ellos con tres partes distintas pero unidas, y es un misil, un cañonazo, una estampida detrás de otra. "Judas reward" abre la veda tras unos segundos de intro, a base de velocidad desmadrada, guitarras furiosas, una batería enloquecida y una voz que rabia, ruge, recita y a veces canta, y así todo el disco. Este primer tema tiene una sección central más lenta, técnica que repiten en casi todos, pero aparte del más comedido y rítmico "The immoral wasteland" y más adelante el tema triple, con un montón de pasajes contrastantes, el resto van básicamente a piñón fijo, a veces tan deprisa que dan una cierta sensación de precipitación, un hipnótico vislumbre del caos, como cuando uno se asoma a un precipicio. Es otro más de sus muchos atractivos y otro rasgo que lo distingue del resto de grabaciones que, ya por aquel año, seguían sin contemplaciones la estela del "Reign in blood" y su producción límpida y digital. La grabación de "Mind wars" como tal les llevó cuatro días, y entre eso y luego regrabar algunas pistas, mezclar el álbum y hacer el máster, no llegaron a tres semanas de trabajo, y se nota, además de que no tenían aparatos digitales, solo pedales y efectos analógicos que usaron en directo en la propia grabación. Todo eso se nota, pero para bien, porque el disco suena crudo y vivo y transpira sudor y energía como si fuese el concierto más anfetamínico y cañero al que uno hubiera ido nunca.

Tras el arranque con "Judas reward" viene la concisa, veloz, melódica y pegadiza "Debt of pain", personalmente mi favorita y un tema que tiene esa cualidad furibunda y concentrada que encontraremos más adelante en temas como el "Sex, Murder, Art" de SLAYER en 1994. Le sigue la mencionada "The immoral wasteland", con su marcado ritmillo, y cerrando la cara A tenemos esa pieza en la que supuestamente unen tres temas, pero que en realidad viene a ser una especie de suite, una colección ensartada de fragmentos cada cual con sus propias características y entre los que pasan de uno a otro sin ninguna transición. Precisamente por eso, y porque yo lo tengo en vinilo, nunca he sabido bien dónde empieza exactamente cada uno de los tres temas (ignoro si las varias reediciones en CD los separarán en tres pistas o no), pero ni falta qué hace. La cara B, contra todo pronóstico, es aún más directa y más rápida: "Damned by judges" tiene algunas partes más lentas, pero su tempo básico es veloz, "Do unto others" empieza de forma contundente y pesada, pero cuando empieza a correr no hay quien le pare, especialmente la voz, más acelerada que nunca y de nuevo sirviendo de premonición sonora al Araya de "Dittohead" en 1994, "No resurrection" hace otro tanto y "Christian resistance" cierra con un Keith Deen más desquiciado que nunca y ofreciendo más de lo que hemos encontrado a lo largo de todo el disco: frases inspiradas, estribillos pegadizos, rellenos melódicos, solos fulgurantes y una velocidad de crucero que solo se detiene para coger fuerzas y volver a atacar.

Por desgracia, Deen murió en diciembre del 2012, víctima de un cáncer que se lo llevó en apenas tres meses. Valga esta reseña como humilde y sentido homenaje a su persona, a su aportación y a lo mucho que hizo y dejó grabado en la breve discografía de HOLY TERROR.

sábado, abril 12, 2014

FLOTSAM AND JETSAM- No place for disgrace (Re-recorded, 2014)

Veintiséis años después de su publicación, FLOTSAM AND JETSAM han decidido regrabar su segundo disco, "No Place For Disgrace". Al parecer, el motivo ha sido no poder hacer una reedición remezclada y remasterizada del original, como sí pudieron hacer con su debut hace unos años. Así lo explican ellos:
“We have had a lot of requests to remix this record. The master tapes have been very difficult to obtain so we decided to re-record the album and use some of today’s technologies to recreate it. The aim was not really to change but to enhance it with the opportunity with the use of new tools. The sound quality is 100% better and more refined!”

Es decir, que el obstáculo que ha propiciado esta regrabación ha sido la dificultad de recuperar las cintas originales, su pimera intención era remezclar el disco, como hicieron con "Doomsday", pero se han visto obligados a tener que regrabarlo entero si querían cumplir el objetivo principal de mejorarle el sonido. Vale, pues veamos si lo han conseguido.

Para empezar, han bajado la velocidad en todos los temas, de forma que el disco dura cinco minutos más que el original, cantidad nada desdeñable. Todos los temas están ralentizados, salvo la versión de Elton John, con aumento de la duración que en alguna ocasión se acerca al minuto y que en "Misguided Fortune" lo sobrepasa. El efecto es evidente desde que, acabada la intro del primer tema, suena el riff principal y tras él entra la batería. Así todo el disco.

Cambian la letra de seis temas y sólo mantienen la original en dos (el tema-título y "I Live You Die"); fuera de esta consideración quedan, cómo no, la instrumental "The Jones" y la versión de Elton John. Las letras hablan de lo mismo, su sentido no ha cambiado, pero en todas las líneas cambian una o varias palabras, y a veces frases enteras. El caso más drástico es "Hard On You", donde sí alteran el sentido: la letra original fustigaba la clasificación "R" de los discos en los años ochenta, mientras que la nueva critica la bajada de ventas de discos por culpa de las descargas ilegales.

También han rehecho los solos de guitarra, hasta el punto de que no queda ni uno de los solos del 88. Pero ni uno. Quizá habría que pararse a valorar si el solo es parte intrínseca de un tema o no, y hoy día puede que haya posturas distintas, pero en los ochenta sin duda lo era, y gracias a ellos se creó toda una corte de guitarristas solistas consagrados. En el Metal extremo en general el solo de guitarra no es algo preceptivo, pero en el primer Thrash sí, y basta con pensar en Hanneman y King, o en Kirk Hammet en sus buenos tiempos, o en Dave Mustaine, o en Alex Skolnick. En 1988 el segundo disco de FLOTSAM participaba plenamente de esa consideración hacia los solos, que ahora han decidido erradicar por completo. Además no les ha bastado con cambiarlos, sino que les han imprimido un aire bastante más propio del Heavy Metal que del Thrash, y en ocasiones hasta se les escapa algún lick y algún bending totalmente hard-rockeros.

Y vamos con el sonido. ¿Qué es "sonar mal"? ¿Sonaban mal los primeros discos de BATHORY, o de DARKTHRONE? ¿Suenan mal SODOM, INCANTATION, los DISGORGE mejicanos? En el caso de "No Place" es cierto que la batería estaba baja y que las guitarras se desparramaban por el espectro sonoro sin que pudieran distinguirse bien las partes más técnicas, aunque el bajo y la voz sí se oían sin problema. Las guitarras en la grabación original crujían, chirriaban, echaban chispas, tanto que no se entendían, y ese sonido no era bueno para el tipo de Thrash que praticaban. Cada grupo suena según su estilo personal y también según el género que tocan, y sin ser por sí solo definitorio, el sonido es parte esencial y diferenciadora de cada género, como se ve en los ejemplos mencionados. A SODOM le sienta bien cierto sonido, mientras que a FLOTSAM no. Pero entonces bastaba con limpiar las guitarras y subir la batería en la nueva grabación: en lugar de eso hacen todo un planteamiento nuevo que abandona el espíritu de la producción original.

Ciertamente el sonido de la regrabación es mucho más limpio y las guitarras ya no se desparraman, pero la producción en su conjunto no es propia de un disco de Thrash, sino de uno de Metal moderno, de Power Metal o de Heavy Metal, o de una mezcla de los tres. La separación de los instrumentos es exageradísima, no están empastados, cada uno se oye aislado del resto, sobre todo la batería y en particular el bombo, con su nítido tiqui-tiqui-tiqui tan Power (el estribillo de "Misguided Fortune" o el principio de "N.E. Terror" son especialmente exasperantes). El bajón de velocidad también se alía a este intento de que los temas suenen más pesados o incluso tengan algo de groove. Y en términos generales la producción peca del sino de tantas producciones modernas: es aséptica, estéril y no tiene dinámicas (el tema que más lo delata es "The Jones", por ser de por sí el más repetitivo).

Y la voz... bueno, veintiséis años son muchos años, y Eric A.K. ya no tiene la misma voz. Pero esto es lo único que el grupo no ha cambiado intencionadamente, sino que es una causa de fuerza mayor y no hay solución. Él hace lo que puede, ya no tiene la misma tesitura y no llega a los agudos, los gritos del 88 y los falsetes han desaparecido y el timbre juvenil de su voz ha dado paso a uno más grave y más denso (también más cálido), de hombre ya metido en años. Aspirar a lo contrario seria absurdo, como esperar que las articulaciones de Michael Jordan le permitieran hoy día seguir jugando al baloncesto como en 1988.

Dichas estas cosas generales que afectan a todos los temas, vamos a revisar algunas en particular de cada uno, a veces casi anecdóticas y otras veces más importantes. En el tema "No Place For Disgrace" la intro empieza bastante convincente, la guitarra suena limpia y a la vez rasgada, la batería y el bajo entran con poder... Pero cuando el primer riff estalla, ese primer riff arquetípicamente Thrash, la cosa ya se desinfla, por la bajada de velocidad y por la llamativa falta de agresividad. Y luego cuando entra la batería con su tu-pa-tutu-pa que parece más propia de DISCHARGE, queda claro del todo que esto no está tocado como en el disco original.

Con "Escape From Within" se ceban sin piedad: eliminan toda la ambientación sonora del principio y del final, las sirenas, ambulancias, voces de los médicos, pitidos del electrocardiógrafo... Y todo esto era importante, porque la historia va de alguien que está postrado en la cama de un hospital y desea que le desconecten y le dejen por fin morir en paz. En lugar de esta ambientación han metido una intro propia de charanga de pueblo, sonido de Casiotone incluido, con unos floreos que son como para que hasta la cabra se avergüence. Aparte, y como mal menor, quitan los coros en el primer estribillo y meten unas curiosas notas entrecortadas ya cerca del final.

En "N.E. Terror" cambian el solo de bajo. En "Saturday Night" transforman el riff inicial haciéndolo más hard-rockero, y lo mismo al final cuando sustituyen el fade-out original por unos coros (también desaparece el toque de piano, pero esto no pasa de anecdótico, como anecdótico era el propio piano). En "Hard On You" aparece un parón en la intro y al final suprimen el grito de "Hard!" enfatizado por los gang-chorus con que acababa el tema original (ambas también cosas mínimas, pero poco a poco estas cosas mínimas van siendo cada vez más). En "I Live You Die" cambian el riff inicial del bajo (poco, pero ahí está) y luego se cargan el tono de voz grave con que el coro respondía "I Live You Die!" en el estribillo.

En "Misguided Fortune" han desaparecido por arte de magia los arpegios de la parte instrumental que se alternaban con los solos de guitarra, y al final añaden un solo que en el tema original no existía. En "P.A.A.B." cambian de sitio las campanas en el principio, la voz repite la última frase de la primera estrofa y luego suena en eco dos veces el final de la tercera estrofa, también poca cosa, pero es todo un suma y sigue... Por último, en "The Jones" no es que cambien el solo de guitarra, es que donde ellos lo meten no había ningún solo, sino una frase melódica repetida, que no es lo mismo, y además el "nuevo" solo es probablemente el más descaradamente HM de todo el disco.

Total, que si el cambio era grande en cuestiones medulares, también lo es en un sinfín de detalles que se suceden a lo largo de todos los temas y que se van acumulando en las cada vez más perplejas orejas y entendederas del oyente. La conclusión es clara: si el objetivo era "regrabar el disco con mejor sonido", no lo han logrado, porque no han regrabado el disco y porque no han mejorado el sonido. En lugar de regrabarlo lo han rehecho, así de sencillo. A no ser que uno se convenza a sí mismo de que cambiar las letras, cambiar los solos y cambiar el sonido no importa porque todo eso no es parte esencial de los temas ni del propio disco, por no hablar ya de la velocidad o de la duración, o hasta de los muchos detalles concretos. Esto no es una regrabación, pero es que como recreación o "auto-versión" sería poco atrevido y también se quedaría a medias. Una regrabación de verdad es el "Butcher The Weak" de DEVOURMENT, o el "Catch 22" de HIPOCRISY, y versiones de discos propios recreados en otros géneros son los de AVULSED o FEAR FACTORY, el "Unarmed" de HELLOWEEN o bien los "Graveyard Classics" de SIX FEET UNDER usando temas ajenos. Esto no es ni lo uno ni lo otro. Y respecto al sonido: sí, suena más limpio y la batería se distingue a la perfección, pero es que eso no equivale necesariamente a "sonar mejor", igual que el sonido del "Reign In Blood" no sería bueno para TANKARD, el de OBSCURA no lo es para INCANTATION o el de STRATOVARIUS para EXODUS.

Hasta aquí los datos. Ahora mi impresión, todo lo personal, subjetiva y especulativa que se quiera y tan sujeta a error como la de cualquiera. Mi impresión es que FLOTSAM AND JETSAM han ido a hacer caja y que lo han hecho con toda la premeditación del mundo y también con un descaro igualmente gigantesco y que difícilmente se puede pasar por alto. ¿Por qué se molestan en cambiar todas las letras, cuando ni siquiera alteran su sentido o la historia que cuentan pero sí cambian todas las líneas de manera que es imposible cantar a la vez sin acabar de los nervios? Estamos hablando de un disco con un cuarto de siglo a sus espaldas, de todo un clásico, de temas que están en la conciencia colectiva de varias generaciones de Thrashers. Y puede que en España u otros países no mucha gente tararee sus letras, pero pensemos que ellos son americanos y que el principal mercado a nivel mundial es anglosajón, y esa irritación al intentar en vano seguir las letras es algo de lo que tienen que haber sido perfectamente conscientes. Eso, y el sonido, y la velocidad, y los solos, y la infinidad de pequeños cambios. No han querido regrabar fielmente el disco porque la controversia vende, pero la indiferencia no. Cualquier cosa menos pasar desapercibidos. FLOTSAM venían de autopublicar un disco como "Ugly Noise", para el que tuvieron que organizar un crowdfunding, que luego tuvo problemas de retraso en su salida, que solo al cabo de un año fue reeditado por Metal Blade y que al final pasó sin pena ni gloria, mientras que con este "No Place 2014" la misma discográfica ha perdido el culo por estar ahí al frente de la edición. Será mi impresión, pero yo lo veo claro.

La historia del Metal extremo -y no tan extremo- tiene una interesante nómina de regrabaciones polémicas, como el "Let There Be Blood" de EXODUS, el "Under The Sign Of Hell" de GORGOROTH o el "Times Before The Light" de COVENANT / THE KOVENANT, junto a otras mejor recibidas como el "Errances Oniriques" de BELENOS, el "Stormblast" de DIMMU BORGIR, el "Under Satanae" de MOONSPELL o el "Maiestrit" de NEGURA BUNGET (parece que los grupos de Black son especialmente adictos a estas prácticas, si bien la palma se la llevan MANOWAR, que ya van por la segunda regrabación de sus propios discos clásicos), y todo eso sin entrar en la innumerable lista de regrabaciones de temas variados sacados de distintos discos, como las de DESTRUCTION, ARCH ENEMY, TESTAMENT, AMORPHIS o VADER, entre otros. Esta "regrabación" espuria del segundo trabajo de FLOTSAM AND JETSAM no llega al nivel de aberración apocalíptica de la de EXODUS, pero no es ni un buen disco ni una estrategia honorable. Si lo que quieren es seguir dando de qué hablar con tal de mantenerse en el candelero mientras se quedan sin ideas ni creatividad, que prueben con los trucos de siempre: disco con orquesta, disco acústico, disco de versiones, el clásico disco en directo o el no menos clásico "Grandes Éxitos". A muchos les sigue funcionando.