domingo, noviembre 09, 2014

PYRACANDA- Two sides of a coin (1990)

Seguimos en 1990, un año que he tardado en explorar para esta sección, quizá por estar a caballo entre dos décadas muy distintas y por haber servido de tránsito de grandes cambios, pero que fue rico en creatividad y muy próspero en cantidad de buenos álbumes, seguramente por las mismas razones que acabo de mencionar. No creo que PYRACANDA se puedan considerar propiamente “ocultos” o desconocidos: sin haber sido un grupo ni pionero ni de primera línea, ocupan un discreto puesto en la historia del Thrash de los 90 y aparecen mencionados cuando se citan o se repasan grupos de entonces que, como ellos, tuvieron una prometedora pero corta carrera. Rescatar este disco ahora es, más que el acto de descubrírselo a nadie, el deseo por mi parte de reivindicarlo abiertamente.

Al igual que otros tantos grupos que llegaron tarde, PYRACANDA estaban ya prácticamente fuera de juego en 1990, y en su caso, siendo alemanes, también fuera de lugar, porque su estilo es muy poco continuista de la herencia germana. Pero este debut es una gozada de arriba abajo, desde el ritmo poderoso con el que entra imparable la estrofa de “Top gun” hasta la última nota de “Don’t get infected” y su fidelidad al más tradicional Thrash Metal de manual. Puede que no destacasen por su originalidad (puede y, ciertamente, así fue), pero suenan arrebatadoramente frescos en un momento en que el género se había ido ya por las ramas de la Progresividad desmedida, suenan directos, espontáneos y adictivos. Como siempre, esto dependerá de gustos, pero a un servidor le resultan irresistibles, al margen de si aportaron o no algo sustancial a una escena que, no lo olvidemos, para entonces ya estaba consolidada, desarrollada y -empezándose a dibujar ya su ocaso- casi finiquitada.

Uno de los grandes aciertos y atractivos de “Two sides of a coin” es que dentro del estilo eminentemente Thrash hay una buena proporción de elementos provenientes de otras escuelas, en particular Speed y Heavy Metal -en ocasiones hasta se insinúan sonoridades Power, cosa nada rara en un grupo alemán-. Otro rasgo fundamental es que se trata de un disco de estilo vocal, más que instrumental, y me explicaré: con el paso de los años el Thrash se separó completamente tanto de la rama del Heavy como de la del Punk/Hardcore de las cuales procedía -salvo en los casos gloriosos de álbumes como “Bonded by blood” que nacieron ya completamente acabados y sin rastro alguno de su metamorfosis-, pero en los discos primerizos se aprecian aún restos de ese proceso de transformación, uno de los cuales consiste en que los temas parecen haber sido pensados a partir de un estribillo fácilmente coreable o bien una estrofa con una línea vocal muy definida, a veces hasta melódica, en lugar del enfoque ya maduro del género que consiste en sustentar los temas sobre un riff, metiendo luego la voz donde buenamente quepa, a veces con calzador y con poco o nulo interés. Y en estas estábamos, ya en fecha tan tardía como 1990, cuando PYRACANDA se arrancan con este álbum plagado de estribillos directos y efectivos y de estrofas cantables al más puro estilo de casi una década atrás.

Pero es que si algo dejaron claro con “Two sides of a coin” es que solo les preocupaba pasarlo bien y hacer buenos temas, temas potentes, variados y rabiosamente inspirados, temas que llegasen al oyente para crear una modesta lista de himnos como “Delilrium tremens (Tremendous)”, “Rigor mortis” o la mencionada “Top gun”. Todo indica que a PYRACANDA les da igual la fecha en la que debutan, les da igual el futuro y, sobre todo, les da igual el pasado, algo que harían muy bien en imitar los grupos actuales de Thrash Metal. No se preocupan de cumplir ninguna lista de instrucciones ni de encajar en moldes predefinidos, y esa libertad de miras es una más de sus herramientas para sonar frescos como nadie. Solo en “Welcome to Crablouse City” se ponen un poco más serios, probablemente para cumplir con los requisitos propios de un tema de siete minutos, pero el resto del disco es un festival de disfrute sin pretensiones de nada más. Si le añadimos arpegios, partes melódicas, solos limpios, armonías diatónicas, una semi-balada como “Dreamworld (Goodbye, Mary Anne)” y de remate el Bonus-track “Loser” colocado en octava posición de la edición en CD, la impresión es que los elementos más alejados del registro Thrash se van intensificando hacia el final del disco. “Loser”, en efecto, es un tema que llama la atención -por el diseño de su riff principal y por su ritmo de batería, no tanto por su línea vocal- y que contrasta demasiado con el resto; en el fondo es poco más que Heavy acelerado y tocado con más mala leche de lo habitual, y supongo que por eso lo incluyeron en esa posición del álbum.

El disco se cierra con “Don’t get infected”, tema que, tras una anecdótica reminiscencia del “Wasted years” de IRON MAIDEN en su comienzo, ataca sin piedad un riff clásico de Thrash ochentero para ofrecer después una nueva demostración del buen hacer de estos inclasificables teutones, a base de líneas vocales inspiradas, estribillo sencillo y pegadizo, riffs cortantes, oportunos cambios de ritmo, una estructura variada pero sólida, velocidad, frescura y mucha energía. Por cierto, la carátula trasera tanto del vinilo como de la edición en CD contiene errores tipográficos y ciertas omisiones, en concreto en los títulos “Welcome to Crablouse City”, “Delirium tremens (Tremendous)”, “Dreamworld (Goodbye, Mary Anne)” y en la versión en CD “Loser”, nada del otro mundo, en todo caso, aunque son muchas juntas y se podrían haber evitado. Tras “Two sides of a coin” PYRACANDA publicaron un segundo álbum, “Thorns”, que oscila entre volverse por momento más duro y en otros más intrascendente, pero que en general les quedó demasiado serio y bastante más soso que este fenomenal debut del que al menos yo pienso seguir disfrutando por muchos años.

jueves, octubre 30, 2014

ALITOR- Eternal depression (2014)

Pocas veces me sucede que cuando escucho por primera vez un disco actual me deje clavado en el sitio y lo oiga de principio a final sin pararlo. En este caso recuerdo cuándo fue y cómo fue, y tengo la impresión de que esa imagen se quedará en mi cabeza para siempre. Al igual que con las personas, pocos halagos se le pueden dedicar a un disco mayores que decir que uno recuerda fielmente aquella primera escucha. Pues así fue con este "Eternal depression", título que, por cierto, no tiene nada que ver con el estilo de la banda y que no sé a santo de qué le han adjudicado. Esto no es ni Doom ni Drone ni Depressive Black, es Thrash del bueno, Thrash Metal del mejor que se puede uno echar a la cara, y ahí entra en juego otro elemento para que mi admiración por él sea tan rotunda, ya que hace tiempo que pienso que todo el "nuevo" Thrash que se produce no tiene nada de nuevo y me estomaga hasta límites indescriptibles, desde el hecho de que los grupos hagan gala de la etiqueta "sonamos a SLAYER y EXODUS" como algo digno de orgullo hasta la propia música, repetitiva, previsible y clónica, como no podía ser menos con tal de confirmar la mencionada etiqueta. Pero sigo escuchando y escuchando a ver si encuentro algo que me contradiga, y fue gracias a tal empeño por lo que me crucé con esta maravilla, así que solo por eso doy por buena la infinidad de horas malgastadas con grupúsculos de retro-Thrash de tres al cuarto.

No entiendo por qué en ciertos sitios describen a ALITOR como Thrash progresivo, porque si se les compara con el Thrash de los primeros 90, el de los "Distortion" de FORBIDDEN, "Life beyond" de DEATHROW, etc, o con grupos que siempre tuvieron vocación progresiva como MEKONG DELTA, REALM o WATCHTOWER, hay muy poco en común. Lo que ocurre es que ALITOR están por encima de dogmas de estilo y hacen lo que les da la real gana, aparte de que tienen una ejecución impecable y un gusto por los detalles increíble. Si les apetece meter blasts lo hacen, si quieren abordar pasajes de Death melódico, también, si quieren gruñir gruñen, si quieren doblar guitarras solistas las doblan y si quieren exhibir precisión instrumental van sobrados. Pero el estilo es Thrash, Thrash Metal con mayúsculas, Thrash con toda la carga de técnica y de furia inherentes al estilo y a la vez con un grado de libertad absolutamente glorioso. Pero todo este planteamiento no sería por sí mismo efectivo si los temas no acompañaran, y vaya si acompañan... Cuando un grupo está en estado de gracia a nivel compositivo se nota, la inspiración fluye, cada riff es único, cada frase y cada solo son una pequeña obra maestra, y si a tanto talento se le une la habilidad de construir los temas con coherencia, el resultado es perfecto, como aquí sucede. De hecho, la madurez que exhiben al engarzar todos los materiales es sorprendente en un grupo novel que publica su debut, y da pie a soñar con una carrera de primerísimo nivel si las cosas no se les tuercen por el camino.

Aparte de todo esto, el disco suena de maravilla, la producción es clara y a la vez potente, el sonido es brillante y cortante como acero recién pulido, y la ejecución del grupo tiene la intensidad de un vendaval de energía juvenil. Me río yo del último disco de EXODUS y de sus torpes intentos de recuperar pegada, o en otros tiempos de perderse en construcciones megalíticas y riffs complicados: este "Eternal depression" tiene ambas cosas y multiplicadas por cien, la vitalidad que desprenden ALITOR es arrolladora y a la vez es fresca, y sus composiciones no dan descanso. Velocidad, riffs técnicos, momentos melódicos, detalles de precisión instrumental, partes pegadizas, solos inspirados, entusiasmo y fuerza, estilo personal... no sé qué más pedirle a un disco de Thrash en pleno 2014. Solo uno de los ocho temas baja de los cinco minutos de duración, y solo en uno de ellos -"Nothing lasts forever"- he encontrado una frase que no suene propia y personal, sino en este caso importada del "Hallowed point" de los dioses por antonomasia. Si tuviera que destacar alguno no sabría en cuál fijarme, quizá el propio "Eternal depression", que reúne todos los rasgos de estilo del grupo, aunque no le anda lejos "Contorted existence", que combina como pocos las partes agresivas con las melódicas (estas tienen gran peso durante la primera mitad del álbum y luego se van atenuando en la segunda) y tiene uno de esos microscópicos y maravillosos detalles de poco más de un segundo al acabar el estribillo, tal vez la final "Drained", la más larga de las composiciones y que de nuevo agrupa todo lo mejor de ALITOR, quizá "Horror" por su estribillo tan característico, o bien simplemente "Realm of grief" porque es el primer tema y con él empezó aquel fabuloso encontronazo que me dejó y me sigue teniendo en estado de conmoción y admiración a partes iguales.

jueves, octubre 16, 2014

ASSESOR- Invaze (1990)

De nuevo viajamos hasta 1990, para encontrarnos con la que tal vez sea la primera banda checa (por aquel entonces checoeslovaca) de Death Metal, o de Thrash/Death. Una banda, además, con un estilo peculiar y muy personal, incluso un poco "rara" en el mejor sentido, que difícilmente recordará a nadie en concreto y que en este debut logró crear su propio paradigma musical. En momentos aislados se pueden apreciar ecos de otros grupos, pero tan variopintos que irían desde KREATOR y CORONER (probablemente su mayor influencia y con quienes comparten motivo icónico para esta portada) a VOÏVOD pasando por POSSESSED o CELTIC FROST. En fin, un mejunje bastante insólito y una más de tantas piezas valiosas que se fueron quedando enterradas en el olvido con el paso de las décadas. En su caso influyen también la procedencia geográfica y el hecho de no haber estado en un sello grande, así que doble razón para darle al único disco que editaron en su día algo de la difusión pública que se merece.

El género que practican se mueve en la frontera entre el Thrash técnico y un Death Metal primerizo. Ni en uno ni en otro apartado presentan riffs típicos, previsibles o que suenen familiares, sino que tienen siempre su propio enfoque, como hacían la inmensa mayoría de grupos por aquel entonces. Partiendo de una clara inclinación por lo técnico, sus temas presentan riffs precisos e inquietos por igual a cargo de un concienzudo Jarda Pracna a la guitarra, que incluso se intensifican hacia el final (en "Volaní bitvy" y "Svedomi"), intrincados ritmos de batería llenos de pequeños detalles, un bajista a la misma altura que sus compañeros, extraños desarrollos melódicos, ocasionales disonancias y en todo momento un impecable trabajo al conjuntar los tres instrumentistas sus respectivas partes.

En general no es un disco fácil, no entra a la primera y no tiene el atractivo de la música más apegada a lo convencional, pero por eso mismo su disfrute supone un reto estimulante, tanto para el oído como para la mente, al que hay que añadir el punto de exotismo que tiene oír las letras en checo, y tiene la ventaja de que cuando le coges gusto y se te mete en la cabeza ya no sale de ahí. La producción es de lo más modesta que se pueda imaginar, sin remezclas y con un sonido casi maquetero o propio de un local de ensayo, pero muy diferenciado al separar instrumentos, con lo cual todo se oye a la perfección, y por otra parte la falta de medios supone el encanto de lo sencillo, de lo auténtico y real, y le da a la ejecución una cercanía que compensa la falta de inmediatez de las composiciones.

Los primeros temas pecan quizá de ser algo parecidos, particularmente en la estrofa (al menos los temas 1 y 3, "Setkání" y "Nárky Zapomenutých"), pero rápidamente superan este pequeño escollo y a partir de ahí cada uno crea su propio microuniverso y tiene identidad propia. En la instrumental "Apokalypsa" despliegan todas sus cualidades y hacen gala de sus mejores rasgos de estilo (no ocurrirá así al cerrar el disco con la también instrumental "Destrukce", bastante elemental y poco acorde con el resto del álbum), y en el tema-título incluso ganan pegada gracias a un estribillo simple pero efectista. Al año de la edición original apareció la versión en CD, con portada ligeramente distinta y dos temas más que van intercalados entre el 6 y el 7 originales, de manera que el 7 pasa a ser ahora el 9 y así sucesivamente. El añadido es todo un acierto, porque se trata de dos de los mejores temas, en especial "Prijmi svuj osud", el más largo del disco, con su ritmo de depredador al acecho, sus llamativas dobles cuerdas disonantes en el bajo y su curioso desarrollo intermedio.


El grupo se separó al poco de editar este trabajo, se reunieron en el 2005 y al parecer sacaron un nuevo disco en el 2012 con una formación distinta, el cual no he tenido ocasión de escuchar. Aun concediéndoles el beneficio de la duda, es su solitario "Invaze" de 1990 (mismo título que usarían unos años después para un disco sus compatriotas MANIAC BUTCHER) lo que les hace destacar en el panorama internacional de aquel momento, al menos mirando hacia atrás desde el presente, y lo que les hace acreedores de un puesto de honor que merece la pena reivindicar.

domingo, septiembre 14, 2014

AFTERLIFE- Surreality (1992)

Este es otro álbum de los varios que publicó el sello americano Grind Core a principios de los 90, dando lugar a una pequeña lista de discos a cargo de grupos que desaparecieron tras publicar su debut. Tal es el caso de AFTERLIFE (una de las varias bandas que existen bajo ese nombre, no solo en su país natal, EEUU): sacaron una Demo en el 91, al año siguiente este LP y se acabó, y luego sus miembros tampoco siguieron carreras en grupos de renombre. Al menos dejaron este trabajo de buen Death Metal clásico en el que si hay que destacar un rasgo, es el de la variedad. Pero sin rarezas y sin mezclas imposibles de cuajar. Simplemente es Death Metal en una onda CANNIBAL CORPSE, MORGUE, MONSTROSITY, etc, pero que continuamente se niega a repetir ritmos, estructuras, frases o registros vocales, de modo que sin partir de unas ideas deslumbrantes ni una inspiración fuera de serie, logran crear uno de esos discos que han quedado postergados a lo largo de las décadas sin que su olvido sea achacable a su calidad. Aquí la hay, y sin brillar quizá a la altura de los padres del género, sí alcanza un nivel por el que merece la pena echarle un tiento y redescubrirlo casi un cuarto de siglo después.

El disco se hace corto, posiblemente demasiado, son siete temas en poco más de media hora, si bien todos salvo el último rondan los cinco minutos, pero la sensación que deja al terminar es la de que podrían haberlo estirado un poco más y no habría pasado nada, gracias a ese rasgo de variedad que ya mencioné y que hace que todos los temas sean amenos y no parezcan durar cinco minutos. Curiosamente no reutilizan ninguno de los cuatro de la Demo del 91, pudiendo haberlo hecho y manteniendo aquellos, además, un estilo casi idéntico a los incluidos en el debut oficial. Es decir, un estilo que recurre a los cambios continuos, muchas partes contrastantes en cada tema, junto a riffs clásicos y un gusto general por los ambientes oscuros. En lo que sí ganaron claramente al grabar el larga duración es en la variedad vocal, ya que en la Demo se ceñían exclusivamente a un único timbre, lo que, unido a la escasa calidad del sonido, daba como resultado una sensación de monotonía que aquí afortunadamente desapareció por completo, afortudamente.

Los riffs flirtean con lo melódico tanto como con lo técnico, es decir, lo justo y siempre dentro del diseño básico y clásico de riff típico de Death Metal. Pero su mayor logro es ese, no caer en la repetición, no autoplagiarse, no ser nunca previsibles (recordemos, era 1992). Luego aparecen un buen montón de solos de guitarras, algún momento aislado de lucimiento para el bajo, un par de sugerentes intros musicales, ocasionales guitarras dobladas, parones de batería que introducen inesperados cambios de ritmo, blasts esparcidos por aquí y por allá sin abusar nunca de su presencia, voces que en más de la mitad de los temas pasan acertadamente de lo gutural a lo chillón y rasposo, un sorprendente "Dreading The Marrow" que no sale en ningún momento del tempo lento y arrastrado, y como despedida la breve -o no tan larga- "Dead Lights Glare", con la que consiguen llegar al final sin haber caído en la monotonía ni por asomo. Cierto que los materiales con los que trabajan no son espectaculares, e incluso hay algún que otro riff que honestamente podrían haber desechado en el estudio, pero aun con eso el disco alcanza cotas muchísimo más dignas que lo que su posterior trayectoria podría sugerir. Añadimos una producción clara y limpia, pero a la vez orgánica y potente, y tenemos sin duda uno de los discos más disfrutables y a la vez actuales del año '92.