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domingo, octubre 27, 2013

KREATOR- Terrible certainty (1987)

El tercer disco de un grupo suele marcar un momento definitorio en su carrera, y esta máxima se cumplió con pocas desviaciones en el Thrash de los años 80: “Master of puppets”, “Reign in blood”, “Among the living”… “Terrible certainty”, discos que o bien suponían ya la cumbre de una evolución adelantada a todos sus competidores, como los dos primeros ejemplos, ambos del ‘86, o bien terminaban de definir la personalidad del grupo y la senda que recorrerían en años venideros, caso de los dos últimos, editados en 1987. Si en Estados Unidos tenían a METALLICA, SLAYER y ANTHRAX, entre otros muchísimos, en Alemania estaban SODOM, DESTRUCTION y KREATOR, también como parte de una amplísima legión, la más fecunda de toda la vieja Europa. El sacrílego triunvirato germano había empezado su ofensiva engendrando un Thrash mucho más tosco que el americano, crudo, áspero y canalla, de sonido sucio, planteamientos elementales y con una devota preferencia por armar bronca antes que por demostrar habilidades instrumentales o preocuparse por cuestiones de estilo. Pero todo esto habría de cambiar con el tercer disco del escuadrón comandado por Mille Petrozza.

Está claro que “Endless pain” y “Pleasure to kill” son discos importantísimos, clásicos imperecederos, eslabones cruciales en el nacimiento y consolidación del género a este lado del océano y en el planeta entero. Sus fechas de publicación y su compromiso total con la nueva causa no dejan lugar a dudas: KREATOR estaban haciendo en Europa lo mismo que EXODUS en Estados Unidos, sólo un paso por detrás del camino abierto por METALLICA y SLAYER, pero con el mérito extra de estar asentando una variante con identidad propia y elementos diferenciadores del tronco común americano. Estos discos seminales, junto a los de DESTRUCTION en los mismos años, servirían de guía para todo un movimiento orgulloso de sus propios rasgos. Las décadas siguientes confirmaron que, en efecto, había un Thrash distinto a cada orilla del Atlántico, y el revival que el estilo ha vivido ya entrado el siglo XXI también delata una clara filiación por parte de los grupos en uno u otro sentido.


Ahora bien, por paradójico que parezca, habría que tener en consideración la influencia que el “Reign in blood” tuvo sobre el giro estilístico de KREATOR en este tercer álbum, con el que se abría, tras la “época clásica” de los mencionados trabajos iniciales, lo que podríamos llamar su “época dorada”, continuada con un fabuloso “Extreme aggression” y un igualmente espléndido “Coma of souls”. Pasado el cambio de década, los cambios de estilo, las búsquedas, extravíos, aciertos y torpezas del grupo son difícilmente clasificables, al menos hasta el nuevo siglo, pero sus cinco primeros discos son fruto de una racha en continuo ascenso y sin fisuras, y constituyen un legado prodigioso del que pocos grupos pueden presumir. Pero volviendo a 1986 y al también tercer disco de SLAYER: no vamos a ponernos ahora a calibrar su influencia, de sobra conocida por todos, aunque sí es interesante observar que desde entonces caló hondo en Europa el gusto por las producciones nítidas, el sonido acerado y la precisión en la ejecución, todo lo cual acabaría dando origen al Thrash técnico y hasta progresivo representado en Estados Unidos por grupos como REALM, WATCHTOWER, TOXIK, ANACRUSIS o los FORBIDDEN de los 90 (también OBLIVEON en Canadá) y en Alemania por VENDETTA, PYRACANDA, DESPAIR, MEKONG DELTA, DEATHROW en “Deception ignored” o los propios DESTRUCTION en “Cracked brain”.

 KREATOR no llegaron tan lejos, pero marcaron la transición de un estilo a otro y discos como “Terrible certainty” abrieron la puerta y sirvieron de puente para ello. Por primera vez se podían escuchar con claridad todos los riffs y todos los detalles de la batería (el bajo, por desgracia, está casi desaparecido en la mezcla, salvo en el célebre comienzo del tema-título), la producción había despejado toda la maleza sonora anterior, las guitarras ejecutaban cada frase con rabiosa corrección y los temas estaban repletos de filigranas técnicas y rítmicas encajadas cada una en su sitio exacto. Eran prácticamente un grupo nuevo, recién eclosionado del cascarón y en un estado de asombrosa madurez. Aun así, rastreando con cuidado los entresijos del “Pleasure to kill”, se pueden encontrar numerosos avisos de este cambio, si bien camuflados bajo la maraña de guitarrazos y el ciclón de baterías incontroladas. En “Terrible certainty” todo está escrupulosamente controlado, todo parece obedecer a un plan pensado y ejecutado con germana inflexibilidad, y el resultado puede que no sea tan visceral como sus antecesores, pero es igualmente salvaje, y la violencia controlada que despliega es mucho más punzante y obsesiva y por ello más intensa.

Ya desde el título y la portada se anuncia la nueva orientación, nada de guerreros musculosos ni cráneos aplastados, sino una inquietante y misteriosa imagen cargada de sugerencias y dotada de un sentido de lo siniestro mucho más sutil que antes. Las letras serán también un apartado donde quede poco de épocas pasadas, ya que en general tratan asuntos de actualidad basados en preocupaciones sociales, políticas, sanitarias o medioambientales -lo que desde entonces será una constante en su producción-, junto a canciones como “No escape” o “One of us” aún consagradas a la adoración de la violencia física y la locura homicida, o bien la recreación de estos temas bajo temática religiosa e histórica en “Blind faith”. Musicalmente este es el tema encargado de presentar las nuevas directrices, y lo hace sin rodeos: redoble de bombo, riff y a correr. Esta vez reservan la intro acústica para el último tema y eligen saltar al cuello para dejar las cosas claras cuanto antes. El primer riff es complicado en su diseño y rítmicamente difícil de encajar con el veloz repiqueteo de la batería, pero es que así van a ser la mayoría durante sus próximos tres discos. Pocos riffs típicamente Thrash veremos en esta fase del grupo, pocos diseños en plan “Metal militia” o “Angel of death”. En su lugar desarrollan una gigantesca gama de melodías y ritmos entretejidos entre sí cual arabescos llameantes, y ahí es donde reside la novedosa y extraordinaria aportación de este disco.

Técnica y precisión, cambios de ritmo a velocidad endiablada, violencia dominada con firmeza y dosificada a voluntad, una voz que escupe rabia y que grita contra todos… Y así durante ocho temas en los que no hay ni un bajón de intensidad, ni un momento en que aflojen las riendas o descuiden algún detalle. “Blind faith” regala riffs generosamente, a cual más ingenioso, y en todos ellos la batería se integra a la perfección con las guitarras mediante un sinfín de detalles, paradas y redobles, a través de frases y motivos donde cada sección está minuciosamente diseñada. “Storming with menace” no se aleja de estos rasgos y exhibe la misma virulencia combinada con precisión. Tras él llega el primer clásico del álbum, el tema que le da título y que cuenta con uno de los estribillos más infecciosos de toda la carrera del grupo… nunca mejor dicho. Cierra la primera mitad el curioso “As the world burns”, único tema en que aún berrera el batería Ventor y único que baja de los cuatro minutos de duración, un tema muy distinto a los otros siete, más lineal y directo, algo más simple, quizá también más contundente, y una muy buena forma de aliviar la densidad del conjunto.

Con “Toxic trace” vuelven la filigrana encajada a la velocidad de la luz, los cambios de ritmo y una batería que no se desvía un milímetro de su partitura. Guitarras dobladas, armonías insólitas, partes inspiradas y pegadizas, coros poderosos y solos cortantes, qué más pedir en un solo tema. “No escape” recuerda por su gracia rítmica y por el floreo del riff al “Epidemic” de SLAYER de un año atrás, otro buen momento para equilibrar las fuerzas a lo largo del disco. “One of us” insiste en las armonías peculiares y la creación de texturas sonoras que por entonces aún eran una novedad, y mantiene la velocidad, la rabia, los cambios de ritmo y los estribillos coreables. Se cierra el disco con “Behind the mirror” tras la mencionada intro acústica, dando lugar a un nuevo tema rápido de riffs intrincados y estribillo simple que se limita a repetir el título, otra de las futuras claves en los discos del grupo y en sus directos. Con él quedaba todo dicho y la nueva identidad del grupo no tenía vuelta atrás. Tiempo después deambularían sin rumbo fijo hasta reencontrarse a sí mismos en “Violent revolution”, pero las esencias de los KREATOR que dieron altura de miras y pusieron en primera fila a todo el Thrash europeo quedaron fijadas con este valiente, innovador y formidable “Terrible certainty”.

lunes, junio 03, 2013

ONSLAUGHT- The force (1986)


Poca gente descubrirá a estas alturas que 1986 es el año del “Reign in blood” y del “Master of puppets”, dos discos fundamentales que pusieron de manifiesto la madurez del género y que al mismo tiempo apuntaban caminos divergentes en su evolución, en todo caso ya iniciados desde tiempo atrás por sus respectivos autores. Alemania, el otro foco principal del Thrash, estaba terminando de dar forma a su escena, con un estilo personal y una plantilla de grupos hoy consagrados. Y a todo esto en la vieja Inglaterra, un territorio en el que el nuevo género nunca dio frutos de renombre, unos casi desconocidos ONSLAUGHT lo llevaban a su culminación totalmente en solitario. “The force” es un disco inusualmente consistente para ese año, y si no tuvo más repercusión fue sin duda porque la sombra de esas dos bestias sagradas era demasiado grande. Siendo honestos, hay que decir que también influyó que el grupo tuviera poca personalidad y que la deuda con SLAYER era demasiado grande, sobre todo en un momento en que la principal arma de los grupos era ofrecer algo único. Mejores o peores, las nuevas bandas aportaban una propuesta personal, y en eso ONSLAUGHT se quedaron muy atrás. Pero el disco era sólido como pocos en aquel momento, un titán de granito que mostraba un Thrash Metal en estado de plenitud, un trabajo compacto, rocoso, monolítico, con un sonido áspero y crujiente y una impresión general de dureza y oscuridad completamente creíble.

El cambio musical desde su debut “Power from Hell” de 1985 delataba que, a pesar de contar con los otros méritos, ONSLAUGHT no tenían una oferta propia (y así lo confirmaría su tercera entrega, “In search of sanity”, con una nueva orientación que despistó y cabreó a partes iguales: tres discos y tres estilos, si eso no es dar bandazos no sé qué puede serlo). Aquel debut era una mezcla de Punk, Heavy sucio y proto-Thrash elemental, todo empapado de adoración hacia VENOM, pero al cabo de un año no quedaba nada de estas coordenadas, salvo el aspecto lírico. Bajo una repentina devoción por SLAYER y cual conversos súbitamente iluminados, de la noche a la mañana ONSLAUGHT eran un grupo de Thrash Metal al 100%, haciendo una música más ortodoxamente Thrash que nadie, lo cual, visto en perspectiva, no dice mucho de ellos, porque en lugar de sufrir una evolución natural prefirieron seguir patrones ajenos. Eso sí, los imitaron de maravilla, pero ciertamente ONSLAUGHT nunca han destacado por su personalidad, y cuando veinte años después han vuelto a editar discos con material nuevo, se han aferrado a una ortodoxia correcta pero previsible, estereotipada y en el fondo aburrida.

Por aclarar aún más sus inicios, y volviendo al año de su estreno discográfico, 1985, recordemos que para entonces VENOM ya eran una institución y habían publicado tres discos que pondrían patas arriba el devenir de la música metálica, aunque también existían otros compatriotas avezados, como TANK, con cuatro, y WARFARE, que habían editado un EP y un primer y explícito “Pure filth”. El campo era amplio y estaba bien sembrado, ONSLAUGHT no venían de la nada y está claro que transitaban sendas ya abiertas. El título de “Pure filth” vale para calificar a toda la trinidad, empeñados como estaban en dejar el sucio sonido de MOTÖRHEAD a la altura de aficionados: también el debut de TANK, “Filth hounds of Hades”, incluye ese término, y a VENOM ni siquiera les hacía falta usarlo porque todo en ellos era porquería y degeneración. Aparte de la “mierda” había otros conceptos que recorrían los títulos del trío de angelitos, como ese “Hades” que se prolongaba en el también inaugural “Welcome to Hell”, o el “”Black Metal” del segundo álbum de VENOM continuado por el también segundo de WARFARE, “Metal anarchy”, o el propio nombre de estos últimos y sus ecos en “At war with Satan” y “This means war” (tercer disco respectivamente de VENOM y TANK). Mierda, Infierno, Metal y guerra, bonita doctrina. Y en estas llegan ONSLAUGHT y saltan con “Power from Hell”, en una especie de “Power of the hunter” (TANK) + “Welcome to Hell”. O fueron tan ingenuos como para no darse cuenta, o fueron tan descarados como para hacerlo adrede, no sé qué es peor.

Pero sigamos adelante: un año después y entregados ya en cuerpo y alma a los cánones de Hanneman & King, ONSLAUGHT engendran este furibundo e imparable “The force”. Puede que tanto el título como la portada parezcan hoy algo simples, pero en aquel momento esa concisión era toda una declaración de intenciones, la expresión más rotunda del espíritu radical, una apuesta decidida por situarse del lado del extremismo. Piénsese que estamos hablando de un mundo sin CANNIBAL CORPSE o AUTOPSY, un mundo pre-IMMOLATION, un mundo donde aún no existían DISMEMBER ni SINISTER. Y musicalmente el disco es un trallazo de principio a final, una patada en la cara a base de Thrash bronco, guitarrazos asesinos y un sonido hiperviolento. Es la cualidad de ser crudo y orgánico lo que hace el sonido de “The force” extraordinario, en línea con los que habían hecho EXODUS en “Bonded by blood”. Enseguida, no obstante, sería el del “Reign in blood” el que triunfaría a nivel planetario y el que impondría el modelo de producción limpia y acerada al que incluso muchos grupos alemanes sucumbieron, incluidos KREATOR, en detrimento de su propia corriente más áspera y macarra. Gustos aparte, es una pena que esta vía perdiera adeptos, al menos si se está convencido de que la variedad siempre es una virtud.

Una de cal y otra de arena: si el disco era brutal, demoledor y apabullante, a la vez que drástico en su forma de abrazar la nueva fe, hay que volver a SLAYER para hablar de los temas. Porque su influencia es más que palpable a lo largo de todos ellos: al margen del sonido, continuador directo del de “Haunting the chapel” y, en menor medida, “Hell awaits” -y admitiendo además que el sonido no es patrimonio exclusivo de ningún grupo-, la huella de SLAYER es demasiado evidente en las composiciones, de entrada en bastantes riffs, pero sobre todo en las líneas vocales, algunas prácticamente calcadas de las del Tom Araya de esos años. Y ya es reprochable que los grupos de hoy en día hagan lo mismo, pero al menos tienen la disculpa matemática, treinta años después, de que las combinaciones posibles de ritmos y notas comienzan a agotarse. En el caso de “The force”, los riffs inspirados en SLAYER imitan tanto el estilo maduro, consciente de sí mismo y plenamente Thrash de su segundo larga-duración, como la aproximación aún a medio hacer y hasta con cierto toque ingenuo del “Show no mercy” (rastreable en temas como “Metal forces”, ya sea en el riff inicial, la parte central, ciertas frases del solo o la armonía de la sección final, o en toda la segunda parte de “Contract in blood”, poco antes del minuto 4, con ese riff ciertamente parecido al de “The Antichrist”). Ejemplos de líneas vocales “prestadas” serían la estrofa de “Flame of the Antichrist”, igualita a la de “Hardening of the arteries” (y que es, por cierto, el patrón que más veces usan); la del break en el minuto 5 de este mismo tema, exportada de la estrofa de “Kill again”; la línea de “Let there be death” en la mitad del minuto 4, que es como la parte central rápida de “Chemical warfare”… Hay más, pero tampoco hace falta insistir y creo que la idea queda clara. En cualquier caso, las líneas vocales de todas las estrofas parecen bastante intercambiables entre sí (o lo son las de “Let there be death”, “Demoniac” y “Flame of the Antichrist”, por un lado, y las de “Metal forces” y “Contract in blood” por otro, como se comprueba fácilmente leyendo las letras y viendo lo bien que encajan unas en otras); los estribillos, sin embargo, son todos bastante más ocurrentes, variados y mejor individualizados.


Otro de los méritos del álbum, y una más de las innovaciones que por aquel entonces se empezaban a extender y a las que enseguida ONSLAUGHT se sumaron, es la larga duración de los temas. Aunque también en esto “Hell awaits” sirve de precedente (y hasta el número de temas es el mismo, siete) y aunque sin duda METALLICA dieron con “Master of puppets” un paso de gigante -que más tarde alcanzaría proporciones descomunales-, es innegable que los británicos se adelantaron a muchos otros grupos en este sentido y en realidad a toda la evolución del género en la década siguiente, cuando los temas comenzarían a alargarse hasta acabar convertidos en armatostes ciclópeos. Ellos no llegaron a tanto, pero esta cualidad titánica, ese carácter imponente de todos y cada uno de los temas de “The force”, es una de sus señas de identidad y en cierta medida un anticipo para su época.

Y pasemos ya a una somera descripción de los temas uno por uno. “Let there be death” abre el disco de la mejor manera posible, con un riff básico que sienta las bases de lo que vamos a encontrar a lo largo del álbum, a continuación entran los demás instrumentos, luego un nuevo riff con el que se dobla el tempo y por fin empieza el tema como tal: rápido, crudo, diabólico, con un estribillo tan directo y efectivo que se permite bajar la velocidad respecto a la estrofa y aun así ser rompedor. Más riffs, solos, partes distintas, un delirio guitarrístico y todo un monumento de Thrash satánico impecable.

“Metal forces” es el primer testimonio de que los temas pares e impares van a ser muy distintos. Serán los pares los que conserven un cierto aire inmaduro, como ya se dijo en párrafos anteriores, frente a la violencia descarnada de los otros. Con todo, el disco avanza de manera formidable y la caña no se detiene ni un instante.

“Fight with the beast” vuelve a ser directo, rápido y furioso, con un rasgado típicamente Thrash ochentero y una impresión general de violencia imparable; el cambio del minuto dos, con su marcada sensación rítmica, da paso a un nuevo riff de clara inspiración SLAYER.

“Demoniac” es el primer tema que presenta una intro, en este caso medio minuto de órgano que crea un ambiente perfecto de misterio y tinieblas. También es un tema compacto, gracias a la simpleza de ese riff que retoma los obsesivos rasgados de guitarra, esta vez sobre un tempo movido pero no demasiado, tras el cual volvemos a llegar a un estribillo al que la bajada de velocidad no le resta fuerza, sino todo lo contrario.


Más ambientación siniestra en la intro de “Flame of the Antichrist”, con sonido de viento, tenebrosas campanas y voces inquietantes. Quizá dos minutos sea una duración excesiva, sobre todo porque lo que viene después no tiene nada que ver con la intro y al final ésta parece más bien un interludio que podría haber aparecido por separado. El tema como tal -el quinto del álbum- corrobora la alternancia de los temas ultrarrápidos colocados en posición impar, y empieza también a revelar que abusan en todos ellos del mismo diseño para el riff principal. Velocidad por un tubo, rasgado salvaje de guitarra, agresividad y contundencia, toda una demostración de fidelidad al recién creado estilo. Al igual que los demás, también atraviesa varias secciones y distintos ritmos, y se confirma como un tema sólidamente construido y perfectamente acabado.

Unos ruidos de cadenas y empieza “Contract in blood”, tema que pertenece al grupo de los que aún delatan huellas del pasado. Son apreciables en el riff principal, de orientación HM camuflada sólo por la violencia del sonido, y, sobre todo, en todo el largo pasaje que se abre cerca del minuto cuarto y que viene a ser uno de los momentos más débiles del disco, no sólo porque el estilo del riff no pegue con lo anterior (aunque explica por qué al poco tiempo acabarían versionando a AC/DC), sino también porque repetirlo hasta la saciedad parece una idea poco afortunada. Y todo esto sin mencionar los grititos de Sy Keeler y confiando en que no estuviera intentando imitar a Tom Araya, porque el resultado es un poco cómico.

Confirmando del todo la citada alternancia, cierran el disco con el brutal y frenético “Thrash till the death”. Aunque su riff principal es ciertamente muy parecido al de los temas 5 y 3, el tema es bestial, colérico, inconmensurable, un paradigma perfecto de Thrash Metal maduro y acabado, en un momento en que muchos otros grupos aún no habían terminado de encontrar su sonido ni definirse por completo. Una pena que un grupo con la clarividencia de ONSLAUGHT, quienes supieron ver los rasgos del nuevo estilo y llevarlos a su culminación al mismo tiempo que los grandes nombres inmortales como METALLICA o SLAYER, no contaran con la personalidad o la individualidad para haber acabado siendo igualmente inmortales. Talento tenían de sobra, ideas no tantas, pero gusto, devoción y convencimiento, muchísimo, y gracias a estas cualidades nos dejaron para la posteridad este rotundo e inolvidable trallazo en forma de disco: “The force”.

domingo, marzo 24, 2013

EXODUS- Bonded by blood (1985)


Si hablamos de Thrash Metal, de sus comienzos, de los grupos que lo inventaron y de los discos que lo definieron, en lo más alto deberían aparecer 1984, EXODUS y este título fundacional: “Bonded by blood”. Ni siquiera perderé tiempo argumentando por qué fue absurda, históricamente errónea y seguramente hasta mezquina la decisión de excluirles de la lista de “los cuatro grandes”, todos sabemos que se trató de una mera operación comercial y no merece la pena insistir ni dedicarle atención. Para quien no lo sepa, el debut de EXODUS se grabó un año antes de ser editado en la primavera de 1985, pero diversos motivos retrasaron su publicación hasta entonces. Este dato no hace que varíe el momento en que tuvo difusión internacional y masiva influencia, como es lógico, pero sí cambia nuestra percepción del mismo al mirarlo hoy en perspectiva: esto en 1984 era una burrada de disco.

Pero es que también lo era en 1985, y EXODUS se pusieron de un plumazo a la cabeza de un movimiento aún en ciernes y que con ellos adquirió forma, rasgos e identidad completos. “Kill ‘em all” y “Show no mercy”, piedras angulares del género, habían aparecido en 1983, pero pese a podérseles considerar ya como Thrash, aún mantenían una naturaleza híbrida que delataba sus orígenes. Un año después sus autores volvían a la carga con “Ride the lightning” y con un par de EPs, respectivamente; en el primer caso rehusaron depurar la tendencia Thrash -en lo compositivo, no así en el sonido- y en su lugar potenciaron elementos más propios del Heavy (y no me refiero sólo al hecho de incluir una balada, aunque también), lo cual fue ya un primer aviso del drástico viraje que experimentarían a la vuelta de unos años, mientras que en el segundo, SLAYER dieron por fin en el blanco con el inconmensurable “Haunting the chapel”, 100% Thrash, el primer zarpazo brutal de los muchos que darían en discos sucesivos, pero por desgracia sólo un EP de tres temas.

Es decir, el Thrash Metal aún no había consolidado sus características, no existían grupos que compusieran siguiendo sus presupuestos ni discos dotados de un grado absoluto de pureza estilística. En Estados Unidos ANTHRAX, METAL CHURCH, OVERKILL, LÄÄZ ROCKIT, HEXX o ZNÖWHITE, grupos que publican sus debuts ese año, no están haciendo aún Thrash al 100% -y algunos nunca llegarán propiamente a hacerlo-, otro tanto puede decirse de RAZOR y VOÏVOD en Canadá, y en Europa KREATOR y SODOM publican sendos EPs aún primerizos, como lo era también el estreno de LIVING DEATH, pese al innegable carácter de pioneros de todos ellos. Todo estaba en proceso, formándose a gran velocidad, había un magma en ebullición donde las ideas estallaban y en el que las bandas se influían en tiempo real unas a otras. Se estaba creando una escena. Tanto “Ride the lightning” como “Haunting the chapel” aparecieron en agosto de ese año, para entonces EXODUS ya habían acabado de grabar su debut, pero a diferencia de las obras de sus colegas, que sucedían a discos de personalidad aún a medio hacer, “Bonded by blood”, al igual que unos meses después el “We have arrived” de DARK ANGEL, “nació completamente terminado”. Con él lo hacía también la producción discográfica de EXODUS, que de esa forma se convirtieron junto con los aludidos DARK ANGEL en uno de los primeros grupos en haber editado desde sus comienzos discos de auténtico Thrash Metal de principio a fin.

Caso aparte es el de BATHORY, cuyo debut era una colección de temas auténticamente Thrash: el sonido, la voz y la temática van ya en otra dirección, pero la parte compositiva es Thrash sin paliativos, en un estilo que influirá notablemente en la primera corriente europea y con una serie de riffs prototípicos que se verán continuados en discos como el “Endless pain” de KREATOR, a veces con llamativas coincidencias (los pre-estribillos de “In conspiracy with Satan” y “Flag of hate”, por ejemplo). Los grupos alemanes, a diferencia de los americanos, mostraron una adhesión total a los principios del género desde sus inicios, explicable en parte por haber surgido ligeramente después. Pero en Estados Unidos ya estaban METALLICA, SLAYER, DARK ANGEL, EXODUS… esta parece una lista más razonable de cuatro grupos que sí fueron cruciales en el advenimiento del género. Otra cuestión es si después desarrollaron o no carreras largas y fructíferas, o si continuaron siempre practicando el mismo estilo, pero es que en el caso de EXODUS sí se cumplen ambos factores junto al de ser cofundadores del mismo, y son, por tanto, los únicos junto a SLAYER en hacer pleno en todos estos requisitos… Pero en fin, me había prometido no ahondar en el tema ni hurgar en la herida. Creo que queda claro.­­


Aunque pueda parecer una recreación histórica superflua, este largo preámbulo viene bien para apreciar con toda justicia lo que supuso “Bonded by blood” en su momento y para poder admirar su portentosa contribución al Thrash Metal. Que sea bueno o menos bueno desde el punto de vista musical nunca podrá mermar sus méritos inigualables como creador de arquetipos. Pero es que además es bueno. Muy bueno. Tras superar el estado embrionario rastreable en sus Demos, EXODUS emergen aquí con un catálogo de temas impropios de un debut, demostrando una portentosa inventiva, una inspiración en total estado de gracia y una habilidad constructiva verdaderamente ingeniosa. Ferocidad, intensidad, originalidad, ideas propias… qué más se puede pedir. Desde luego, la técnica instrumental no es suprema, pero ni falta que hace, EXODUS no son acróbatas y tampoco aspiran a ello, son una horda de cafres creando un nuevo estilo con el que expresarse, y lo hacen mejor que nadie.

El disco se mueve por completo dentro del Thrash Metal más ortodoxo y en realidad establece sus paradigmas principales, como el diseño de los riffs basados en furiosos rasgueos, la batería a toda velocidad, una voz que claramente ya no canta y un sonido áspero y crudo, despojado de todo refinamiento. La impresión general que transmite es de tosquedad, de rudeza, de violencia inconcebible en un contexto en el que aún reinaba la NWOBHM. Aparte de la velocidad, también instaura el Thrash Metal a medio tiempo que después desarrollarán ampliamente MEGADETH a partir del “Peace sells…”.

Pero aparte de ser un fundador del movimiento, el disco brilla por méritos musicales propios, sobre todo en el apartado rítmico y en la construcción de los riffs: si resulta tan dinámico a pesar de su tosquedad es porque nunca cae en el simplismo. Sus materiales son sencillos, pero el uso de éstos nunca es simplón. Al contrario, EXODUS se muestran de lo más ocurrentes al usar pequeños trucos que convierten en práctica habitual, especialmente haciendo que la batería sea parte integral del diseño de los riffs: acentos, pausas, redobles (“Bonded by blood”, “Metal command”, “Piranha”, etc.), tresillos (“A lesson in violence”, “Piranha”), compases irregulares (“No love”)… En lugar de tirar de virtuosismo instrumental, lo que hacen es sacar todo el provecho posible a sus materias primas a base de maña, con recursos tan fáciles como meter un doble bombo al volver al riff principal en el tema-título, llevar un riff del registro agudo al grave, cambiar de tempo cuando repiten una misma frase, etc. Lo que tienen, poco o mucho, lo usan con gracia y con una agudeza admirable.

Otra virtud del disco es que las distintas partes de cada tema no están enganchadas sin más dando lugar a una ristra sin sentido, sino que se pasa de unas a otras con fluidez, las desarrollan hasta que unas se transforman en otras, y los cambios llegan a través de transiciones que casi siempre resultan naturales. “And then there were none”, “Piranha”, “No love”, “Deliver us to Evil”… los ejemplos son continuos, sobre todo en esas largas secciones centrales en las que les gusta recrearse a partir del tercer tema.

Por último, la voz es un prodigio de rabia, furia y salvajismo, plagada de matices que le sirven para dar salida a toda su violenta expresividad. Ni que decir tiene que todo lo que sea entonar a la vieja usanza ha desaparecido del todo. Los solos incorporan también ese gusto por el puro ruido, a base de fragmentos caóticos, rasgados estridentes y vibratos demenciales, un campo en el que SLAYER acabarán siendo verdaderos especialistas. Los gang-chorus hacen en este disco su primera y generosa aparición, un sello más de identidad y que será imitado por otros grupos cercanos.

Y las letras… qué decir de ese festival de violencia y satanismo mezclados sin mucho sentido pero con la mayor espontaneidad y gracia, hasta el punto de que son capaces de darle la vuelta a un holocausto nuclear en “And then there were none” y hacer que acabe siendo obra de Satanás. Violencia, violencia, violencia, es el monotema constante, asesinatos gratuitos, obsesión por el crimen, “Killing is my business”, “Pleasure to kill”… es todo lo mismo. El otro argumento al que recurren es el culto al Metal, siempre unido a la violencia, y que es la base de los temas “Bonded by blood” (aunque la portada no tenga nada que ver) y “Metal command”, algo en lo que insistirán ampliamente con “Toxic waltz” más adelante.


El disco se abre con el homónimo “Bonded by blood”, caña directa que deja claro desde el segundo número uno tras la intro de qué va esto: velocidad, sonido agresivo, rasgueos de guitarra que configuran un riff alejado del HM, una voz demencial que ladra, gruñe y chilla, y toneladas de violencia. El tema baja de velocidad al llegar al estribillo, algo poco habitual, pero en lugar de perder fuerza consigue todo lo contrario, dejando patente desde el comienzo el poderío arrollador del grupo. Con una asombrosa economía de medios (apenas tres riffs en todo el tema) y una estructura convencional de estrofas / estribillo / solo, “Bonded by blood” no se adentra aún en las complejidades estructurales e instrumentales que implantará el nuevo género, pero sí irrumpe de lleno presentando sus riffs, ritmos y sonido característicos.

“Exodus”, un tema rápido, aunque no ultrasónico, es quizá lo más corrientito de todo el álbum, lo más genérico, pero decir esto en un tiempo en que aún no existían convenciones es ponerlo por las nubes. Aun así, no llega quizá al nivel de inspiración de las demás piezas, pero es violento y directo, bien construido, y está colocado en un punto muy apropiado del disco, cuando aún lo mejor no ha llegado y puede lucirse sin que los verdaderos temazos le hagan sombra.

“And then there were none”, tema con un monstruoso riff, simple pero aplastante, después del segundo estribillo (al que enseguida le varían la velocidad de la batería, uno de los recursos habituales del disco y que repiten, sin ir más lejos, en este mismo tema poco antes de que empiecen los solos de guitarra y de nuevo en el momento justo en que empiezan). El tema, además tiene una estructura de lo más peculiar, porque hasta que llega ese riff no se desvía del modelo clásico de estrofa – pre-estribillo – estribillo, cada una de esas partes con un único riff, pero a partir de entonces comienza una larga sección instrumental, con cambios, solos, etc., que después no desemboca en una nueva entrada de la voz, sino que conduce directamente al final. Toda esa sección, especialmente después del parón que hay antes del tercer minuto -explosión nuclear incluida-, es como un tema instrumental separado del anterior y sin ninguna relación con él, aunque las transiciones entre sus partes son tan suaves que no resulta chocante.

“A lesson in violence”, primer trallazo a toda velocidad del disco, Thrash acelerado e imparable tal como se practica desde entonces. Genial de nuevo la potencia que adquiere el post-estribillo al bajar de repente la velocidad, toda una audacia que en este disco da siempre resultados magníficos y que confirma que los cambios de ritmo son uno de sus mayores aciertos. En la parte central repiten algo parecido a lo del tema anterior, ya que al retomar el riff principal tras los solos, la voz no vuelve y el tema termina ahí mismo, haciendo que su último minuto y medio sea completamente instrumental. Un nuevo himno llega con “Metal command”, por lo demás un tema sencillo, esta vez sin complejidades ni largos desarrollos, que tiene las partes propias de una canción convencional de Heavy Metal y se limita a dejarnos bien claro qué quiere el grupo: “bangers take your stand and obey… the Metal command!!”.

“Piranha”, otro tema duro, conciso, áspero. Comienza con un rítmico riff que luego recuperan en el solo, y de nuevo repiten la estrategia de dejar que el último minuto y medio del tema sea todo instrumental. En “No love” ese lapso llega casi hasta los dos minutos y medio y presenta uno de los fragmentos con más desarrollos y cambios de todo el disco, aunque esta vez la voz reaparece poco antes del final. “Deliver us to evil” es aún más largo aunque acaso no tan complejo, pero tiene la sorprendente particularidad de que las tres estrofas cuentan cada una con un riff distinto y están en un tono diferente, pese a dar la impresión de ser iguales (la tercera, además, lleva a un pre-estribillo diferente a los dos anteriores); el estribillo, esta vez, sube de velocidad para enfatizar su carácter, y les funciona igual de bien que cuando hacían lo contrario.

“Strike of the beast”, cuyo estribillo, por cierto, es idéntico al del “Total death” de KREATOR del mismo año (voz, acordes y casi casi la letra), vuelve a la velocidad de “A lesson in violence” y supone el paradigma de tema Thrash a toda pastilla construido a partir de un riff sencillo, el modelo con el que los citados alemanes, por ejemplo, confeccionaron todos los temas de su debut. De paso refuerza la tendencia a situar este tipo de temas en una posición extrema dentro del disco, que habían empezado a establecer los grupos pioneros, bien al final (“Metal militia”) o al principio (“Evil has no boundaries”), que continuarían ellos mismos en sus ediciones del ’84 y a la que se sumarán también grupos como ANTHRAX (“Deathrider”, “Gung-ho”). En “Strike of the beast” EXODUS recurren a otra argucia simple pero efectiva cuando llegan a la última estrofa y transportan el riff principal a la tesitura grave, donde suena más oscuro y potente, otro ejemplo de cómo sacan tajada de trucos de lo más sencillo pero que saben administrar con maestría. Tratándose de un primer disco, esa maestría les venía del ingenio, de la inspiración, no del aleccionamiento propio de los grupos consagrados y acumulado mediante la experiencia. En su caso era talento en estado puro, un filón de inquietud, ideas y genio creador, un diamante que, a diferencia de sus coetáneos, no estaba en estado bruto, sino pulido, terminado y rematado.

sábado, febrero 12, 2011

METALLICA 1984-1988


La música popular se supone que es la que está hecha por el “pueblo”, frente a eso que algunos llaman “música culta”, con una etiqueta en parte mal planteada, en la medida en que no es lo contrario de “popular” sino de “inculto”. Claro, que inculto también significa sin cultivar. Sin formación en una materia, lego, indocto, iletrado. Es decir, popular. El otro término para referirse a su opuesto es el de “música clásica”, pero tampoco termina de precisar la frontera entre lo uno y lo otro, primero porque “clásico” en sentido restringido aludiría sólo a las creaciones del período clásico, es decir, el siglo XVIII, pero sobre todo porque, incluso en su significado más amplio, tendemos a asociarlo con señores de traje y corbata que sólo tocan sinfonías de Beethoven o Mahler, mientras que en realidad existe mucha música producida por personas con una sólida formación académica y con profundos conocimientos específicos de música pero a los que no se incluye bajo ese membrete, principalmente los músicos de Jazz. Por último, de la etiqueta “música seria” mejor ni hablamos, porque, irónicamente, da risa. Pero de la mala.

Y el Rock, por peculiaridades de su naturaleza bastarda, acaba estando muchas veces a medio camino entre lo popular y lo culto. El Pop no, que por algo se llama como se llama, pero el Rock carga con esa maldición, entre otras muchas. O bendición, según se mire. La culpa la tiene su genealogía, que lo hace descender del Blues en paralelo con el Jazz, hermanos de una misma sangre pero por vías diferentes y con aspectos finales completamente distintos. Sin el debido libro de familia ni siquiera parecen parientes. Pero los genes están ahí. Entre los acordes de “Highway to Hell” y las complejidades de DREAM THEATER hay mucho recorrido, pese al origen común y un mismo nombre de pila con distinto apellidos. Lo primero son una panda de chavales tocando cuatro acordes al salir de clase y a quienes las musas han bendecido con su inspiración, y lo segundo son unos tipos con una muy sólida formación musical a nivel técnico, armónico, formal, etc. y a quienes las musas han bendecido también con su inspiración. El Rock ha hecho ese recorrido a veces en el seno de un solo grupo y a veces en el conjunto de todo un movimiento o un género, y algunos grupos han hecho ambas cosas ellos solos, como METALLICA, además sin más ayuda que su propia determinación y una especie de fe ciega en sí mismos.

Los discos de METALLICA del 84 al 88 son gloriosos por algo más que por el brutal y salvaje comienzo de “Fight fire with fire”, comienzo por antonomasia del típico tema de Thrash Metal y tocado con una rabia que aún hoy sobrecoge. Cuando fue engendrado en 1984 todavía faltaba un año para el “Bonded by blood” de EXODUS, el “Killing is my business” de MEGADETH o el “Endless pain” de KREATOR. Prácticamente no existía el Thrash Metal. Y ellos ya tenían el riff prototípico, el comienzo de batería prototípico, el sonido, la temática, la ambientación… ANTHRAX había editado su disco debut en febrero, aún con Neil Turbin a la voz, pero aquello no era Thrash Metal, y tampoco existían el “Hell awaits” de SLAYER ni el primer y homónimo disco de BATHORY, que son respectivamente de septiembre y octubre de ese mismo 1984, mientras que “Ride the lightning” se editó en agosto. No había nada. Si uno lo piensa detenidamente y logra recrear la situación en su cabeza, resulta alucinante. Por supuesto, el ambiente estaba ardiendo y a punto de estallar y METALLICA no eran el único grupo arrastrado por esa incandescencia, pero sí fueron los primeros, incluso antes que SLAYER. Los primeros y los que definieron el estilo y establecieron los moldes que seguirían todos los grupos posteriores. Pero lo más alucinante es que estamos hablando de 1984, cuando en realidad ya habían sacado “Kill ‘em all” en 1983, el verdadero punto seminal. El mundo tardó en reaccionar, y para cuando lo hizo, METALLICA ya había publicado dos discos.

Cada uno de esos cuatro primeros discos de METALLICA marcó un hito y trazó un límite que ellos mismos pulverizarían con el siguiente… salvo el último. El álbum negro es magnífico y es uno de los mejores discos de Metal de la historia, pero no tiene el sentido fundacional de los otros cuatro ni su trascendencia, y tomó una línea tangente frente a su predecesor “…And justice for all”, con el que habían culminado una trayectoria permanente de revolución tras revolución. Y cuando elijo la palabra “revolución” estoy pensando en un cambio drástico, profundo y rápido, que es más o menos lo que significa la palabra. Ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. En sólo cinco años. Todo lo que se ha hecho después en cuestión de Thrash Metal ya lo habían inventado ellos.

Recuerdo haber leído a KISS contar cómo los cogió… ya no recuerdo qué productor, quizá Bob Ezrin, en la época de… ¿“Destroyer”? Al final va a resultar que no recuerdo ni quién ni cuándo, pero no importa, lo esencial es que KISS no salían de sus tres acordes y se empezaron a notar algo limitados a la hora de componer, pero tras pasar un tiempo en el estudio con este productor decían cosas como que “al entrar aquí no hacíamos más que perder tiempo en los ensayos porque apenas sabíamos tocar tres acordes, y al poco tiempo ya sabíamos lo que era un tresillo o un contratiempo y sabíamos tocar en compases irregulares”. Y eran KISS. Quiero decir que no usaron esos conocimientos para expandir su estilo, sino sólo para refrescar sus resultados. Hay multitud de detalles en su música a partir de entonces que reflejan este cambio y que dan a los temas un gancho irresistible, y todo eso se percibe incluso aunque uno no sepa cuáles son esos elementos. Es un claro ejemplo de conocimientos puestos al servicio de la música y no al revés, y, como digo, el oyente lo percibe. Aunque sea de forma intuitiva, pero esas cosas se notan: a veces un oyente no encuentra argumentos para decir por qué un tema no vale gran cosa pero lo está notando, sabe que las notas de tal o cual frase son vulgares aunque no sepa a qué escala pertenecen, sabe cuándo los músicos están luciéndose con un sentido artístico y no por puro malabarismo instrumental aunque no sepa precisar por qué o aunque no pueda analizar las estructuras, la armonía, los ritmos o las texturas. Cuando el conjunto tiene una verdadera coherencia interna, eso se nota. Y METALLICA lo hicieron cada vez mejor hasta el año 88.

Uno de los primeros ejemplos lo dieron en el tema “Ride the lightning”, e intentaré explicarlo sin excesivas complejidades. Es difícil hacer un tema de seis minutos y medio y que tenga entidad propia. Es decir, es muy fácil empalmar trozos sin ton ni son, pero eso no constituye un tema. Si unimos “Let it be” y “Yesterday” no sale un tema de siete minutos, eso está claro. Pero el porqué no es tan fácil de explicar. Básicamente un tema es una unidad orgánica y cerrada sobre sí misma, posee un determinado carácter y es reconocible de forma individual. Lo más básico para eso es recurrir a la repetición de ciertas partes: las estrofas, con el cambio de letra en cada una de ellas, y el estribillo, que normalmente expone un motivo más corto y pegadizo y cuya letra además no cambia en las sucesivas repeticiones. Pero el Rock se aviene mal a estas limitaciones y tiende permanentemente a salirse de ellas o bien a amplificarlas todas simultáneamente. No todo el Rock, claro, pero sí bastantes de sus subgéneros en distintos momentos. El Thrash Metal había sido en principio el resultado de cruzar la velocidad y agresividad de bandas Punk o Hardcore con el sonido acerado y la técnica instrumental del Heavy Metal, y sus primeros exponentes en forma de disco completo seguramente son “Kill ‘em all” y el “Show no mercy” de SLAYER, ambos del 83, y los dos daban ya muestras de una mayor elaboración musical que la de sus fuentes de inspiración. Enseguida la complejidad se volvió rasgo habitual del nuevo género, y poco después definitivo dentro de cierta corriente, y temas como “Ride the lightning” sirvieron para asentar sus pilares.

Maravillas del mp3 para alguien que descubrió, compró y devoró este disco en vinilo: se puede ir parando cada poco tiempo, repetir y hasta precisar el tiempo en que suena cada trozo. Intentaré no abusar de estos dones de la tecnología al hablar del tema “Ride the lightning”, pero necesito explicar por qué supuso un primer gran cambio en su música y por qué sentó las bases para lo que acabaría siendo poco después el glorioso “…And justice for all”. Para empezar, su estructura perfectamente simétrica no puede ser fruto del azar: empieza y termina con la misma intro, sí, pero no me refiero a algo tan obvio, sino al conjunto del tema y muy especialmente a su sección central. Ésta se abre poco antes del minuto dos, más o menos en el 01:56. Hasta ese momento tenemos un tema convencional con su estrofa, pre-estribillo y estribillo, además de la mencionada intro de doce segundos. Carajo… necesito contradecirme y “abusar” del play/stop y el cronómetro, porque si no, no va a haber dios que entienda de qué estoy hablando. Pues a ello. El tema tiene estas partes:

(00:00) Intro
(00:12) Riff 1
(00:32) Riff 2 (puente)
(00:39) Riff 1 (estrofa)
(00:52) Riff 3 (pre-chorus)
(00:58) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / riff 2 (puente)

(01:21) Riff 1 (estrofa)
(01:34) Riff 3 (pre-chorus)
(01:40) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus)

(01:56) Riff 6
(02:09) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(02:19) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)
(02:29) Pausa
(02:35) Riff 9 (+ solo)
(03:13) Riff 9 transportado (solo)
(03:37) Pausa
(03:43) Riff 10
(03:56) Riff 7 (2x) (arpegios)
(04:09) Riff 8 (arpegios)
(04:12) Riff 7 (1x) (arpegios)
(04:18) Riff 8 (arpegios)

(04:22) Riff 6
(04:35) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(04:44) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)

(04:55) Pausa
(05:01) Riff 1 (+ estrofa)
(05:35) Riff 3 (pre-chorus)
(05:41) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / (05:57) riff 2 (puente)

(06:04) Riff 2- variación 1
(06:17) Riff 2- variación 2
(06:30) Intro

Punto primero: esto no es una frikada, aunque lo parezca. Cualquier guitarrista novato, por ejemplo, se tiene que parar a identificar cada uno de los riffs y luego memorizar en qué orden aparecen y cuántas veces. Y estos temas de METALLICA están entre el repertorio básico de cualquier aprendiz, no es nada del otro mundo ni nada propio de cerebritos de Harvard. Punto dos: perdón por la mezcla de inglés y español sin ningún rigor, aunque tampoco pasa nada y la cuestión terminológica no es lo más importante. Y tres: la “x” significa “veces”, y el “+” indica que esa parte se añade al cabo de un rato al riff que la precede.

Dicho lo cual, admiremos la maravilla: para empezar, llama la atención su sorprendente economía de medios, ya que el tema utiliza en total solamente diez riffs (más la pequeña célula melódica de la intro), lo cual es muy poco considerando su larga duración. Hoy día casi cualquier tema de Death enlaza sin problema el doble de riffs en la mitad de tiempo, y eso sin meternos en terrenos de Death o Thrash técnico, todo lo cual le resta identidad al tema y despista al oyente. Pero METALLICA lo hacen con esta pasmosa sobriedad y el conjunto logra una solidez que apabulla, sin que exista el menor riesgo de que suene repetitivo. La otra gran virtud, como decía, es la simetría total del conjunto, a modo de templo griego de dimensiones perfectas: basta ver los números de los riffs y comprobar su secuencia, cómo una vez que alcanzan el 10 comienzan a retroceder sobre sus pasos, no punto por punto pero sí en claro movimiento retrógrado hasta volver a la primera sección y por último a la intro; el resultado se sustenta sobre dos partes extremas iguales (la sección de estrofa-estribillo) con el remate de la intro a modo de adorno, y en medio se desarrolla una larga parte central que, a su vez, también es simétrica, ya que se entra y se sale de ella a través del riff 6. Y aquí viene otra de las maravillas de este tema y otra de sus radicales novedades: las transiciones. Es alucinante la maestría con que pasan de una sección a otra, concretamente cómo repiten el riff 6 sobre una batería que va aminorando su tempo a la mitad y luego a la cuarta parte para así desembocar en el fragmento más lento del tema, el del riff 9.

La suavidad rítmica de esta transición es un indicio más del cambio de METALLICA como compositores, y quizá su primer acercamiento a fórmulas que exceden lo que se suele entender por música “popular”. Pero el tema presenta varios ejemplos más de estas técnicas compositivas: el uso de motivos similares (como el riff 3, que tiene el mismo diseño que el riff 1, o como las dos pausas del 02:29 y del 03:37, que tienen la misma línea melódica descendente y ésta, a su vez, es la misma que la del riff 7), la repetición de materiales anteriores (como los riffs 7 y 8 en el solo, con los arpegios marca de la casa, que aparecían antes como base de la voz cuando dice eso de “Someone help me, oh please God help me”), la transposición (en el riff 9) y la variación (en el riff 2 al llegar al sexto minuto). METALLICA eran entonces unos chavales y no sé si alguien les aleccionó como a KISS o si simplemente fueron haciendo estos descubrimientos por sí solos, pero este tema, con su portentosa consistencia y su armazón perfectamente trabada como un todo orgánico, fue sólo el primer paso. A partir de entonces continuaron profundizando cada vez más en el uso de estas y otras técnicas compositivas hasta dar lugar al descomunal “…And justice for all”, impulsando el estilo que les vio nacer hasta sus máximas dimensiones y llevándolo a terrenos completamente alejados de la música “popular”.

Podría pararme a hacer esto con cada uno de los temas del “Master of puppets” (“Disposable heroes” da también para mucho, por ejemplo) o incluso del “…And justice”, pero le he cogido gusto a que la gente lea mis bobadas y tampoco es plan quedarme sin lectores tan pronto. Desde luego, no lo haré con los temas de “…And justice” porque eso ya son palabras mayores y quiero hacer otras cosas con mi tiempo y mi vida, y es que aquí todos los temas son una mole titánica y un prodigio de diseño, salvo “One”, que en realidad viene a ser como dos temas “pegados”, uno de cuatro minutos y medio y el siguiente los tres restantes, sin ninguna relación entre sí (que su escucha sea, en efecto, apasionante es otro asunto). Sólo diré que METALLICA sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda la intención del mundo: en cada uno de los discos siguientes a “Kill ‘em all” el segundo tema sigue los mismos patrones, casi calcados, pero en cada ocasión las dimensiones del conjunto superan a la anterior y los procedimientos compositivos son ampliados notablemente y explotados con mayor exhaustividad. No hay más que echar un vistazo a la duración de esos temas: “Ride the lightning” 06:38, “Master of puppets” 08:35, “And justice” 09:48. No hay la menor duda de que estaban resueltos a superarse a sí mismos con cada nuevo disco y dejar atrás a todos los imitadores que de pronto empezaron a salir hasta debajo de las piedras. Aparte de algo tan obvio como que el segundo tema era siempre el tema-título del álbum, la organización global de los tres discos es exactamente la misma: intro melódica precediendo a un primer tema ultra-rápido, un mastodonte compositivo como segundo tema, el tercero con un tempo mucho más lento y pesado, la balada en cuarta posición… lo único que variaron fue la colocación de la instrumental de turno, que pasó de la última posición en el 84 a la penúltima en los dos siguientes discos. Como dije antes, ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. No podían ir más allá, habían tocado la cúspide a todos los niveles y no quedaba más por inventar ni por transformar. Al margen de gustos personales, queda claro que hubo unos METALLICA hasta el año 88 y otros a partir de entonces.

Y voy terminando, prometido. Pero no quiero dejarme una cuestión importante sin mencionar: acerca de los discos hipertécnicos no sirve para nada alabar sus virtudes diciendo cosas como “es un disco muy complejo, con canciones largas, riffs retorcidos y solos virtuosos”. ¿Qué aporta una frase así? ¿Las canciones largas son buenas porque sí? E incluso, ¿qué significa una frase así? Quiero decir, qué significa exactamente que un tema sea complejo o un riff “retorcido”. Porque METALLICA, que es a quien se refería la frase, tienen riffs relativamente simples. Riffs complejos son los de la mayoría de discos de Thrash publicados a finales de los 80 o principios de los 90 por grupos que llevaban en activo desde el principio del movimiento y que para entonces rizaron el rizo hasta niveles insospechados (como DEATHROW en “Deception ignored”), o bien grupos que siempre tuvieron esa orientación en su música, caso paradigmático el del los suizos CORONER. En las décadas siguientes la cosa se sale completamente de madre y tenemos grupos como los australianos PSYCROPTIC o riffs como el del principio del tema “Dread and memory” de los canadienses TORN WITHIN, con sus 14 segundos de duración. Y sin llegar a excesos tan recientes, en los ochenta había muchos grupos inventando riffs mucho más “retorcidos” que los de METALLICA, sin lugar a dudas. Pero el problema principal, insisto, es que tampoco el mero factor de la complejidad es una virtud en sí misma, y un disco no es mejor por tener “una batería compleja, rebuscada, con cambios de ritmo constantes y cortes que hacen juegos con las guitarras”. Eso es sólo una descripción, un análisis de sus rasgos, pero presentarlo como un mérito en sí mismo es tanto como pensar que dar muchas notas es siempre mejor que dar pocas.

Me tomo la molestia de indagar en las virguerías compositivas de METALLICA porque el hacerlo demuestra que en parte no hace falta hacerlo… Me explico: hay millones de personas que admiran estos tres discos sin necesidad de ningún ejercicio de disección intelectual, y tienen buenas razones para disfrutarlos sin más, como se comprueba precisamente al inspeccionarlos con lupa. La cuestión es que esos oyentes perciben esto intuitivamente porque en realidad esas virtudes están ahí, existen, y eso es lo que les permite valorar positivamente el disco incluso sin saber explicarlo. Y, sin embargo, viene bien explicarlo y poder desentrañar los entresijos de estas virtudes para confirmarlas, aparte de que el placer intelectual también es un placer –quien conozca a un matemático vocacional y devoto sabrá de qué hablo- pero que no anula en absoluto el otro, sino que se le superpone. Y os aseguro que a mí me exalta tanto la brutalidad primaria de un guitarrazo salvaje –estoy pensando en el principio de “Fight fire with fire”- como el sorprendente descubrimiento de las filigranas estructurales de “...And justice for all”.