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domingo, julio 20, 2014

LAST DESCENDANTS- One nation under God (1988)

Un solo año puede dar mucho de sí, y sin salir de un estilo, como el Thrash, podemos encontrar enfoques y tendencias muy distintas. Dentro del mismo año, el mismo género y el mismo país -Estados Unidos-, sorprende la variedad de registros y la cantidad de álbumes que no tuvieron demasiada suerte en su día. Hoy es el turno de LAST DESCENDANTS, otro de esos grupos que no llegaron lejos y se separaron tras publicar un solo disco, pero que tenían potencial para poder haber desarrollado una carrera larga y de categoría. Su "One nation under God" lo editó la alemana Aaarrg Records, especializada en grupos europeos y especialmente patrios, como HOLY MOSES, MEKONG DELTA o LIVING DEATH, de modo que LAST DESCENDANTS fueron una excepción en su catálogo, por otra parte escueto. Lo suyo era un Thrash Metal técnico con hondas raíces en el Heavy Metal pero fundamentalmente guitarrero, basado en los riffs y los desarrollos instrumentales, muy bien trabajado en cuanto a las estructuras y con gran sentido de las dinámicas. La evolución de su estilo desde la Demo del 86, "W.W. III", hasta este disco solo dos años posterior es más que notable, y aquí los rasgos más tradicionales han desaparecido casi por completo. La voz es lo único que los delata, aparte de ciertas melodías, algún pasaje tranquilo y, en general, el evidente desinterés por intentar ser más salvajes que nadie. No era esa su pretensión, sino hacer una música compleja y de calidad pero a la vez cercana y potente, e incluso por momentos tender hacia un estilo cercano a lo progresivo, lo que hace aún más inexplicable que no tuvieran continuidad en la década que estaba a punto de empezar.

Son siete temas en tres cuartos de hora, lo cual ya dice mucho. Ninguno baja de los cinco minutos, hay tres que rondan o superan los siete e incluso se permiten el lujo de terminar el disco con una instrumental, que encima es el más largo de todos los temas, y empezarlo con el segundo más largo. Yo no recuerdo muchos discos que terminen con una instrumental, y menos con una de siete minutos y medio, y hay que tener mucha seguridad y mucho orgullo sobre la propia propuesta musical para marcarse semejante puntazo en un debut. Ciertamente el estilo del grupo está totalmente acabado y pulido en este trabajo, es un grupo maduro que se ha desarrollado muy deprisa y que está ya en su primer trabajo oficial al nivel de bandas veteranas, pero con la frescura y el empuje de un grupo nuevo. Los siete temas son todos igual de buenos y es difícil elegir favorito o ensalzar uno más que el resto. Personalmente me quedo con la instrumental, ya que en un disco de Thrash técnico quizá sea ese el ámbito donde dan lo mejor de sí mismos, y aparte porque es un grandísimo tema. Desde el primer riff con el que abren en "Not my world" ya dejan claras sus intenciones: compás compuesto y acentos irregulares para un riff prototípicamente Thrash en su diseño y comedido en la agresividad de su sonido. Pero inmediatamente hacen la rareza de bajar la intensidad mediante una frase acústica que luego dará paso a la estrofa. Es otra manifestación más de esa seguridad que tienen en sí mismos, como una especie de fe ciega en su visión de las cosas, y también es un recurso que utilizan bastante, porque a lo largo del disco hay más cambios de intensidad colocados, como este, en momentos poco convencionales. Tienen personalidad, ese es otro de sus méritos, y son consscientes de su propia valía como músicos y como compositores.

Después de un montón de cambios, pasajes y riffs, siempre fenomenalmente enlazados mediante transiciones con sentido y ritmos relacionados unos con otros, el tema de apertura nos conduce a "Vision", cuyo comienzo repite los rasgos descritos en el principio del anterior: riff de indudable Thrash Metal pero también de marcado sabor progresivo. A partir de ahí se despliega la prodigiosa inventiva guitarrística y la ejecución impecable de todos los músicos, incluidos bajo y batería, y en todo momento una intensidad poderosa que llega al oyente y le sacude. La producción ayuda mucho a que la música de LAST DESCENDANTS respire y tenga la sensación de vitalidad propia del género en aquellos tiempos e incompatible con la mayoría de producciones digitales actuales. "One by one" apuesta más por los ritmos machacones y sube el nivel de agresividad, también gracias a las respuestas de los estribillos. "P.O.W. 13" empieza con otro riff típicamente Thrash pero esta vez regular, al menos hasta alcanzar las últimas notas, al que siguen más cambios de velocidad, más derroche de riffs, más solos inspirados y perfectamente ejecutados. "Malpractice" se da un aire a SLAYER en su comienzo, pero enseguida retoman su propio estilo y entregan siete nuevos minutazos de Thrash técnico, si bien este es el tema peor construido de todos y el único al que le falta verdadera unidad. "Fight the fight" insiste en los estribillos poderosos en medio de ritmos irregulares y riffs siempre originales y complejos, todo con una desbordante intensidad a la que ahora contribuye notablemente el batería. Y por fin llegamos a "P.G. 13", una instrumental redonda y rotunda donde las haya, todo un ejemplo de coherencia estructural, en las antípodas, por ejemplo, del "The ultra-violence" de DEATH ANGEL. Una práctica muy común la de las instrumentales desde los comienzos del HM y que había ido ganando en prestigio a la vez que ganaba en duración, más aún desde que cierta corriente de grupos de Thrash las añadieron a sus repertorios. LAST DESCENDANTS pertenecían claramente a esta corriente, tanto que se puede afirmar que son uno de sus mejores ejemplos, por mucho que también sean uno de sus exponentes menos conocidos.

Por suerte este disco fue reeditado por Stormspell Records en el 2010, sello americano que hace una labor fabulosa con sus reediciones de clásicos, conocidos y no tan conocidos, además de editar grupos nuevos, así que se puede encontrar con relativa facilidad y no hace falta pagar sumas desorbitadas por un original, salvo que uno sea un coleccionista de reliquias. Es una edición limitada y remasterizada que incluye letras, fotos, biografía por el guitarrista Gary Morton -compositor exclusivo del grupo- y una entrevista con el batería William C. Ackerman. Respeta además la portada original del vinilo, salvo por el pequeño cambio de desplazar a la izquierda el nombre del grupo, aumentar su tamaño y recuperar el logo que venía en la contraportada con otro tipo de letra y un dibujito de una espada (la versión en CD de 1988 también retocaba esto, expandiendo el logo de lado a lado de la portada, y cambiaba además la fuente de las letras del título). Pero lo mejor de todo es que incorpora como bonus la citada Demo de 1986 entera, "W.W. III", lo que permite apreciar del todo la evolución creativa del grupo. Una edición de lujo para un disco de lujo que por fortuna vuelve así a la vida.

domingo, julio 13, 2014

HOLOCROSS- Holocross (1988)

Es muy fácil despachar este disco diciendo que es puro salvajismo, que es una patada en la cara, un cañonazo hiperveloz o un misil como el de la portada, o como mucho que está en la línea del Thrash más cafre y canalla de los primeros ochenta. Muy fácil y muy frecuente en las pocas menciones que uno encuentra en páginas especializadas o en blogs. Pero todo eso, aun siendo cierto, no le hace justicia, porque este disco es mucho más, tanto que se trata de un caso insólito dentro la evolución del género y en el propio año 1988, y en la modesta opinión del que escribe, es una maravilla, con todas las letras. Un disco que en principio parece solo eso, un intento por ser más bestias que SLAYER y KREATOR juntos sin aportar nada sustancialmente distinto del estilo inicial de estas bandas, pero que en realidad esconde una sorprendente -y hasta difícil de encajar- variedad de registros e influencias.

Vamos a partir de la interpretación sencilla, la que entiende esto como un ejercicio de brutalidad sin más a través una colección de temas desmadrados y simplones. Pues solo con eso el resultado ya es demoledor y tendríamos uno de esos discos que te recuerdan lo genial que es hacer el animal porque sí, un disco que te devuelve el sentido original del Thrash Metal y que demuestra cómo y por qué surgió el género a partir de la adoración de MOTÖRHEAD y VENOM cruzados con DISCHARGE y G.B.H. Normalmente soy de los que le piden al Thrash riffs elaborados, un buen nivel técnico y cierta complejidad estructural, pero la crudeza de HOLOCROSS es irresistible, y este disco, editado fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de escuela, es un trallazo que no deja títere con cabeza. Digo "fuera" de todas esas cosas porque Estados Unidos, el final de la década y un estilo más propio de la vieja y cafre Europa eran muchas circunstancias adversas como para que causara algún impacto en su día, cuando este enfoque del Thrash no solo era ya conocido, sino que resultaba anacrónico y obsoleto. Un disco que en plena antesala del Thrash Técnico miraba hacia atrás con tal fijación por beber de las fuentes más primarias tenía necesariamente que levantar pocas pasiones.

Sin salirnos de esa primera perspectiva de simpleza y brutalidad, el disco es apabullante y se disfruta como un cerdo en una cochiquera. Y es que de principio a fin es un festival de violencia gratuita, de riffs a cual más básico, de baterías repetitivas, de guitarras sin ninguna sutileza, de voces chillonas... pero engancha y tiene algo especial. Su mayor atractivo es la capacidad de llevarte a un estado de trance por el que te dan ganas de tirarte contra las paredes o de romper cosas a cabezazos, y por más que yo mismo prefiera el rollo "Peace Sells", "South Of Heaven" o "Coma Of Souls", no puedo resistirme a la fuerza primitiva de estos diez temas de salvajismo sonoro en estado puro. Quizá sea su sonido, quizá sea la rabia feroz de la ejecución, quizá la unión de ambas... Aunque la verdad es que los temas son efectivos y tienen verdadera inspiración, esa misma chispa que hizo a VENOM engendrar temas como "Countess Bathory", uno de los más básicos y más versionados de la historia, o a MOTÖRHEAD ser quienes son. A veces un riff de tres notas tiene infinitamente más poder que todo el "Rust In Peace", y en ese sentido HOLOCROSS son como los RAMONES del Thrash Metal ochentero.

Pero si vamos más allá y trascendemos esta visión superficial, nos encontramos con una riqueza asombrosa y una amalgama de estilos, elementos y tendencias por momentos casi incompatibles: para empezar... ¿el cantante es uno, son tres, son ocho? No, no, es uno, pero poseído de personalidad múltiple, ya que tan pronto suena a James Hetfield de METALLICA como a Mille Petrozza de KREATOR, a Tom Araya de SLAYER, a John Connelly de NUCLEAR ASSAULT, a Bobby Ellsworth de OVERKILL o al Dan Beehler de EXCITER en su versión más locaza posible, se atreve con entonaciones limpias, desbarra con hilarantes vibratos o le da por emular los lamentos de Peter Steele o los falsetes de King Diamond, hay que oír el disco entero para creerlo y aun así cuesta. Los solos de guitarra... caóticos, ruidosos y desordenados, incluso cada vez más según avanza el disco, aunque no en el estilo de Hanneman/King. Las influencias musicales... vienen a la mente principalmente grupos como EXCITER, RAZOR, VIO-LENCE, AT WAR, EXECUTIONER, NUCLEAR ASSAULT, S.O.D., aparte de los infalibles padres del género a ambos lados del océano, SLAYER y KREATOR, aunque también MOTÖRHEAD, el primer disco de ANTHRAX, el primero de METALLICA, el primero de FLOTSAM AND JETSAM, todo ello mezclado con un deje de TANK y WARFARE y una innegable deuda con el Punk más agresivo de unos EXPLOITED y el Crossover de unos D.R.I. o CRYPTIC SLAUGHTER. Pero luego aparecen fragmentos acústicos, bajadas repentinas de velocidad, pasajes de genuino Heavy Metal, 'breaks' en mitad de varios temas, duelos virtuosísticos entre bajo y guitarra, tienen temas que no llegan a los dos minutos junto a otros que rozan los cinco, o se marcan rasgados frenéticos sobre una sola nota con la misma naturalidad con la que meten unas armonías propias de la NWOBHM y se quedan tan anchos. La mitad de los temas parece ir en una direccion y la otra mitad en otra distinta, en un caso claro de personalidad escindida, y los van alternando sin que por momentos uno se dé cuenta de la jugada.

Lo cual nos lleva al último de los pilares del estilo y la personalidad de estos tipos ingobernables: la batería. Buena parte de los temas llevan la caja a tiempo y no a contratiempo, reforzando así la sensación más machacona posible: "Wolf Pak", "Bombardment" (que plagia sin reparos el 'break' del tema anterior), "Seizure" y "Battle Stations" representan la gama más violenta y burra de HOLOCROSS dentro de lo que podemos considerar Thrash Metal. Luego están "Warpath", "B. Hive", "Murder Cycle" y "Ptomaine", que son una especie de Heavy Metal macarra y acelerado, con especial reminiscencia de MOTÖRHEAD en el segundo de ellos gracias al doble bombo. Y por último tenemos dos temas clásicos de Thrash primerizo, a toda velocidad y con la batería a contratiempo, un casi festivo "Drill" y lo que sin el menor género de dudas constituye la joya suprema del disco: "Manslaughter". Esto sí que hay oírlo para creerlo, con la voz histérica escupiendo la letra de la estrofa a espasmos -una mezcla del "As The World Burns" de KREATOR, de Dan Beehler pasado de anfetas y de la niña de "El exorcista" vomitando cosas verdes-, el pre-estribillo con voz doble y engoladamente entonado, casi cómico, los arpegios audibles y bien ejecutados en el solo, el homenaje al "Iron Fist" de MOTÖRHEAD, un final apoteósico berreando "Manslaughter! Manslaughter!" hasta dieciséis veces, que deja el final del "Fight Fire With Fire" de METALLICA al nivel de monjitas de la caridad, y, para acabar, casi medio minuto de redoble y rasgado como si estuvieran en directo. Y la letra... "To kill and kill and kill again" ya lo dice todo: somos como SLAYER pero tres veces. Glorioso, insuperable, un tema que debería estar en toda antología del Thrash más desquiciado de los 80. "Drill" tampoco le anda lejos, con similares chillidos agudos que sin duda mucha gente encontrará insufribles mientras que a otros, en cuanto se quiten de encima prejuicios y sentido del ridículo, les parecerán adictivos. Y es que el disco engancha. Cuesta entrar, al margen de que realmente tiene un alto índice de "odiabilidad", pero si se le da su tiempo y te cae en gracia, al final engancha, y mucho. "Seizure", que recuerda a NUCLEAR ASSAULT tanto por el título como por el estilo, es el tercer tema que me parece destacable sobre el resto y que me atrevo a calificar como adictivo, con ese estribillo igualmente estridente, desinhibido, delirante pero terriblemente efectivo y pegadizo, y un final aplastante al grito de "Seizure! Seizure! Seizure! Seizure!".

Por lo que yo sé, esto no se ha reeditado nunca en CD, y casi mejor, porque solo en vinilo suena como debe sonar. Importante: no oír nunca en unos altavoces pequeños, y jamás, bajo ningún concepto, en los del portátil o en un móvil. En caso de hacerlo se te aparecen de noche el espíritu de Cronos, el de Lemmy y el de Dan Beehler, te atan a un poste y te meten el misil de la portada por el culo. Quedáis avisados.

domingo, julio 06, 2014

HOLY TERROR- Mind wars (1988)

Esta vez no es un debut, sino un segundo disco, el que elijo para rescatar del olvido, y además un discazo con todas las letras, un indudable tesoro, que si bien es reivindicado por muchos y alabado unánimemente por todos los que lo han oído, no está ni mucho menos a la altura de visibilidad y reconocimiento que se merece. Es solo un año posterior al álbum que le precede, pero la diferencia entre ellos es tan brutal que no me cabe la menor duda al escogerlo, aparte del inmenso afecto y devoción personal que siempre le he profesado (y ya sin entrar en el hecho de que del debut del 87, "Terror and submission", existen dos mezclas distintas). Es uno de tantos discos a cargo de un grupo de Thrash que, en parte por aparecer a finales de los 80, se quedó solo en una promesa. Pero HOLY TERROR eran un grupazo, hay que decirlo con todo orgullo, tenían una potencia tremenda, estilo propio, buenísimos temas, una identidad reconocible a todos los niveles, una formación muy compacta... Sacaron estos dos discos, giraron por Estados Unidos, aparecieron en revistas y fanzines e incluso vinieron dos veces de gira a Europa, pero desgraciadamente se quedaron por el camino justo tras un momento glorioso de inspiración, ejecución y poderío sonoro como fue este "Mind wars" del 88, debido a problemas internos (económicos, organizativos, de drogas, etc.) que forzaron la salida del segundo guitarra, Mike Alvord, y que derivaron en que al año siguiente Kurt Kilfelt, líder y alma de HOLY TERROR, se trasladase de California a Seattle junto con la sección rítmica del grupo. Pero por mucho que fuese el fundador, guitarra solista, principial compositor, productor, co-mezclador y creador del concepto de la portada de este disco, dejar atrás a Alvord, que también componía, y al cantante Keith Deen, que ayudaba con las letras y sobre todo tenía un enfoque vocal personalísimo, fue una pérdida de la que la banda no se recuperó. De haber continuado juntos -y también si los 90 hubieran ofrecido un campo de batalla más propicio para este tipo de formaciones-, quién sabe si habrían alcanzado un estatus muy superior, porque desde luego méritos tenían de sobra.

En varios sitios consideran a HOLY TERROR y a este disco en concreto como Speed Metal, y ciertamente la velocidad, los elementos melódicos y las líneas vocales se corresponden con esa clasificación, mientras que en otros tantos los describen como Thrash, sin especificar más. No me parece esencial ponernos a discutir qué etiqueta se le ajusta mejor, y de hecho puede que tenga tanto de uno como de otro y que de ahí le venga en parte su condición de disco único y su muy marcada personalidad, uno más de los factores que hacen que sea un trabajo arrollador. Kilfelt había estado en AGENT STEEL hasta el verano de 1985, cuando fundó HOLY TERROR, y ese año había grabado y publicado con ellos su debut "Skeptics apocalypse"; por otro lado el primer batería, Jack Schwartz, había hecho lo propio con DARK ANGEL, tomando parte en su debut "We have arrived", también de 1985. Con estos antecedentes estaba claro cómo iban a sonar HOLY TERROR (a pesar de que Schwartz desapareciera de la formación en el 86 sin llegar a editar nada con ellos): a una mezcla de AGENT STEEL, ABATTOIR, SAVAGE GRACE, FLOTSAM AND JETSAM o HEATHEN, cruzado con la agresividad de KREATOR y la actitud de NUCLEAR ASSAULT y amplificado todo a través de una potencia avasalladora. Si se le suma el personal enfoque de las letras, centradas casi por completo en asuntos religiosos pero sin la menor connotación satánica (basta echar un vistazo a los títulos), y una presencia vocal única a cargo de Keith Deen, con un timbre, un registro y una forma de escupir las letras que le diferencian de casi cualquier otro cantante del género, tenemos la fórmula perfecta para explicar por qué HOLY TERROR ocupan un lugar privilegiado en el Metal de finales de los ochenta.

"Mind wars" consta de ocho temas, uno de ellos con tres partes distintas pero unidas, y es un misil, un cañonazo, una estampida detrás de otra. "Judas reward" abre la veda tras unos segundos de intro, a base de velocidad desmadrada, guitarras furiosas, una batería enloquecida y una voz que rabia, ruge, recita y a veces canta, y así todo el disco. Este primer tema tiene una sección central más lenta, técnica que repiten en casi todos, pero aparte del más comedido y rítmico "The immoral wasteland" y más adelante el tema triple, con un montón de pasajes contrastantes, el resto van básicamente a piñón fijo, a veces tan deprisa que dan una cierta sensación de precipitación, un hipnótico vislumbre del caos, como cuando uno se asoma a un precipicio. Es otro más de sus muchos atractivos y otro rasgo que lo distingue del resto de grabaciones que, ya por aquel año, seguían sin contemplaciones la estela del "Reign in blood" y su producción límpida y digital. La grabación de "Mind wars" como tal les llevó cuatro días, y entre eso y luego regrabar algunas pistas, mezclar el álbum y hacer el máster, no llegaron a tres semanas de trabajo, y se nota, además de que no tenían aparatos digitales, solo pedales y efectos analógicos que usaron en directo en la propia grabación. Todo eso se nota, pero para bien, porque el disco suena crudo y vivo y transpira sudor y energía como si fuese el concierto más anfetamínico y cañero al que uno hubiera ido nunca.

Tras el arranque con "Judas reward" viene la concisa, veloz, melódica y pegadiza "Debt of pain", personalmente mi favorita y un tema que tiene esa cualidad furibunda y concentrada que encontraremos más adelante en temas como el "Sex, Murder, Art" de SLAYER en 1994. Le sigue la mencionada "The immoral wasteland", con su marcado ritmillo, y cerrando la cara A tenemos esa pieza en la que supuestamente unen tres temas, pero que en realidad viene a ser una especie de suite, una colección ensartada de fragmentos cada cual con sus propias características y entre los que pasan de uno a otro sin ninguna transición. Precisamente por eso, y porque yo lo tengo en vinilo, nunca he sabido bien dónde empieza exactamente cada uno de los tres temas (ignoro si las varias reediciones en CD los separarán en tres pistas o no), pero ni falta qué hace. La cara B, contra todo pronóstico, es aún más directa y más rápida: "Damned by judges" tiene algunas partes más lentas, pero su tempo básico es veloz, "Do unto others" empieza de forma contundente y pesada, pero cuando empieza a correr no hay quien le pare, especialmente la voz, más acelerada que nunca y de nuevo sirviendo de premonición sonora al Araya de "Dittohead" en 1994, "No resurrection" hace otro tanto y "Christian resistance" cierra con un Keith Deen más desquiciado que nunca y ofreciendo más de lo que hemos encontrado a lo largo de todo el disco: frases inspiradas, estribillos pegadizos, rellenos melódicos, solos fulgurantes y una velocidad de crucero que solo se detiene para coger fuerzas y volver a atacar.

Por desgracia, Deen murió en diciembre del 2012, víctima de un cáncer que se lo llevó en apenas tres meses. Valga esta reseña como humilde y sentido homenaje a su persona, a su aportación y a lo mucho que hizo y dejó grabado en la breve discografía de HOLY TERROR.

sábado, abril 26, 2014

BATTLEFIELD- We come to fight (Mini-LP, 1988)

La escena alemana de los 80 fue fecunda en todos los campos, pero quizá destaque en ella, aparte del Thrash inconfundiblemente teutón y separado del americano, la mezcla de géneros que protagonizaron bandas como HELLOWEEN, RAGE, GRAVE DIGGER y RUNNING WILD (todos ellos grupos longevos, constantes, trabajadores y productivos como pocos), ese híbrido de Thrash y Speed cuando aún ninguna de las dos etiquetas estaba clara, que incorporaba elementos de Heavy tradicional y pronto también de Power y que tendría continuación poco después en grupos como GAMMA RAY, SCANNER o BLIND GUARDIAN, y ya en la década siguiente en herederos parciales de su estilo como IRON SAVIOR, PRIMAL FEAR, etc. De ese magma en el que bullían y se fundían géneros, identidades y sonidos salió este desconocido Mini-LP de Speed/Thrash a cargo de un grupo igualmente desconocido llamado BATTLEFIELD. No solo desconocido, sino también efímero en esta primera encarnación, ya que al poco de publicar su debut se transformaron en otra entidad completamente diferente, cambiaron a tres de sus cinco componentes, incluida la cantante, cambiaron de logo, de sello discográfico y sobre todo de orientación musical. Pero esa es otra historia.

En 1988 "We Come To Fight" vio la luz bajo el sello también desconocido y también efímero T.R.C. (siglas de The Record Company, nombre que más bien sugiere una autoedición encubierta bajo el auspicio de BMG Ariola). Que lo clasificaran como Mini-LP no deja de ser curioso: las diferencias entre Mini-LP, EP y Maxi-Single no siempre están claras y tienen que ver con si se reproducen a 33 o a 45 rpm, con la cantidad de temas que incluyen y hasta con el tamaño en pulgadas, pero también, como indican sus nombres, con su naturaleza, es decir, si se trata de un LP más corto de lo normal o de un Single más largo (tanto "Extended Play" como "Maxi-Single" aluden a este concepto, si bien el Maxi-Single incluía en la cara A un tema sacado de un LP y en la B dos o tres en lugar de uno solo como en un Single, pero luego encontramos casos como el "The $5.98 EP - Garage Days Re-Revisited" de METALLICA, que en su propio nombre se presenta como EP cuando en realidad tiene todos los rasgos de un Mini-LP). Al margen de estos líos, "We Come To Fight" dura más que el "Reign In Blood" de SLAYER, pero como tiene cinco temas en lugar de diez le cascaron la etiqueta de Mini-LP y a correr. Debe ser uno de los Mini-LPs más generosos que existan, visto lo visto.

No se trata de una obra maestra ni de un discazo que hubiera podido cambiar el rumbo de la historia, pero es un pequeño tesoro que merece la pena rescatar y que, quizá, si hubiera tenido más repercusión habría llevado al grupo por otros derroteros, de manera que hubieran podido ofrecer trabajos maduros de cierta envergadura dentro de este estilo en lugar de mutarse en algo que no les llevó a ninguna parte. Nunca lo sabremos. Lo que aquí plasmaron tiene un montón de atractivos que llegan a enganchar, junto a ideas poco originales y en general un refrito de elementos ajenos ya plenamente asentados en 1988. No eran unos adelantados, qué duda cabe, pero desbordaban intensidad a raudales, entrega y muchas ganas. Sobre todo intensidad, a un nivel mayúsculo en todos los temas y en la ejecución de todos los músicos, pero más aún en la de su cantante. A esta intensidad contribuyen el sonido, crudo y elemental, y también la propia grabación, hecha con modestia y escasez de medios, de forma que todo suena increíblemente natural y cercano, vivo, real, creíble. No hay retoques ni remezclas, no doblan las guitarras durante los solos y el bajo se queda solo más de una vez, y durante el último minuto de "Possessed Preacher" se marcan un final sostenido propio del más rabioso directo. Genial y emocionante.

Las composiciones están repletas de cambios: cambios de ritmo, cambios de velocidad, cambios entre unas partes y otras dentro de cada tema, riffs diferentes, secciones nuevas, pequeñas transiciones... siempre buscando la amenidad y la sorpresa, pero a la vez construyendo estructuras bastante clásicas con la conocida alternancia estrofa/estribillo. Y ahí reside otro de sus atractivos, los efectivos y pegadizos estribilllos. Cada tema tiene el suyo y todos son ingeniosos y chispeantes, al más puro estilo ochentero. Los riffs puede que sean bastante convencionales, pero los estribillos les dan a los temas la proyección necesaria para tener fuerza perdurable y personalidad propia. Los solos son otra gran baza del álbum, solos rápidos, dinámicos y cortantes, más interesados en la expresividad que en la técnica, a veces compitiendo ambas guitarras en velocidad y otras trabándose en melodías dobladas al estilo maidenesco, y hasta quedándose solas unos instantes en medio de "Grave Of The Unknown". Y por último la voz de Cornelia Ernst... una voz que de puro peculiar será o bien insufrible o bien adictiva, dependiendo del oyente, una de esas voces con un nosequé irritante, como puedan ser las de Bobby Ellsworth o Tim Baker (o en otros contextos las de Brian Johnson, Axl Rose o Justin Hawkins), pero a la que no se le puede negar autenticidad, pasión y furia. Tan fácil es odiarla como lo es cogerle gusto a sus gritos casi histéricos, a su agresividad en las estrofas combinada con estribillos perfectamente cantados, a su timbre femenino traspasado por inflexiones violentas que escupen rabia y que la colocan a la altura de las Debbie Gunn, Dawn Crosby, Nicole Lee y Sabina Classen con las que compartió década. Hoy día su estilo tiene continuidad en la cantante de los suecos TYRANEX, además de que el propio grupo en su conjunto se asemeja mucho a BATTLEFIELD, por la mezcla de corrientes, por sus elementos melódicos y por el peso de los estribillos.

De los cinco temas, el más corto ronda los cuatro minutos, otros tres superan ampliamente los cinco minutos y el último, "Possessed Preacher", alcanza los nueve. Claro, que este tiene una primera parte de dos minutos y medio sin relación con el resto del tema, igual que "We Come To Fight" empieza con una intro de minuto y medio que perfectamente podría haber sido un tema separado. "Nuclear Fight" es el único que empieza sin preámbulos de ningún tipo y quizá por eso es el menos largo de todos. "Possessed Preacher" tiene un absurdo parón poco después del 5'30, no por el hecho de parar, sino porque hay un largo silencio que desconecta totalmente las partes entre sí y que se habría arreglado simplemente con adelantar el rasgado furibundo con que retoman el tema (hacen algo parecido, aunque no tan largo, al final de "Nuclear Fight", antes de que el bajo marque el regreso). "Grave Of The Unknown", quizá ligeramente más flojo que los demás, empieza con una recreación casi idéntica del principio de "Necrophiliac" y luego tiene un riff principal también demasiado parecido a SLAYER, pero son defectos ocasionales. En general, pese al gran número de pasajes y riffs puramente Thrash, es evidente que el grupo no pretendía hacer Thrash Metal al uso, los temas no van por ahí y la multitud de melodías así lo confirma, aparte de pequeños detalles como el principio de "Nuclear Fight" o la reanudación de "Possessed Preacher" tras el mencionado parón, dos casos en que la batería marca de forma extraña el comienzo de sendos riffs típicamente Thrash.

Hay otra serie de pequeños o no tan pequeños elementos que se suman para hacer que este disco sea atractivo e interesante, como el principio acústico de los temas "Knock Down The Door" y "Possessed Preacher", ciertas melodías en concreto, sobre todo a cargo de la voz, detalles de naturalidad como el "rallentando" de "We Come To Fight", hoy día casi impensable, o la fabulosa labor del bajo, aparentemente discreto pero de enorme calidad, como se pone de manifiesto cuando pasa al pimer plano en el largo principio de "Possessed Preacher"; en realidad es así durante todo el disco, si bien hay que prestar atención para detectarlo porque el sonido no siempre ayuda (el estribillo de "Grave Of The Unknown" es un buen ejemplo). En general eso es algo que se puede aplicar a todo el álbum, el hecho de que vale la pena prestar atención para llegar a descubrir todos sus encantos, que son muchos, y para apreciar todo su potencial, propio de un disco de primera línea y a la altura de muchos de sus coetáneos, en particular compatriotas, que por razones que no vienen al caso tuvieron más proyección o más visibilidad y acabaron afianzando carreras de largo recorrido, como sin duda habrían merecido BATTELFIELD a juzgar por este intenso, inquieto y sorprendente debut.

domingo, marzo 23, 2014

HOLY ORDER- Demo 1988

A veces algo muy pequeño puede tener gran valor, como esta Demo de 1988 a cargo de HOLY ORDER, en la que el hecho de ofrecer solo dos temas (aunque originalmente tenía más) no impide que merezca ser rescatada del olvido. En 1988 el Thrash ya había dado sus mayores frutos y se dirigía con rapidez hacia el estallido de una nueva década plagada de dificultades para el género. Estaba ya en marcha el giro de muchas bandas hacia terrenos más técnicos y hacia la grabación de discos cada vez más enrevesados, pero no era la única tendencia. En Canadá había cinco chavales anónimos -tampoco después de HOLY ORDER llegarían lejos- con una visión poco usual del Thrash para tratarse de esa fecha, un estilo más propio del comienzo de la década en el cual fusionan -especialmente en el primero de los dos temas- Speed, Thrash, algo de Heavy Metal, elementos técnicos y hasta algún toque de Power con una naturalidad pasmosa, logrando que nada resulte chocante ni brusco. Las influencias de cada género están ahí y son perceptibles, y hasta se pueden aislar si uno se empeña en una disección exhaustiva, pero el gran logro, lo que hace que en solo dos temas el grupo roce la gloria, es precisamente el conseguir fundirlo todo en una única y poderosa superaleación.

En el primer tema, "Born Into Hatred", uno puede escuchar reminiscencias de SLAYER, de SAVAGE GRACE, de METALLICA, de IRON MAIDEN o de SCANNER, por increíble que parezca poder amalgamar a todos esos grupos en una sola entidad. El segundo, "Sorry For The Inconvenience" deja de lado los elementos melódicos y apuesta más claramente por el Thrash a medio tiempo, es decir. ritmos contundentes y riffs cargados de notas, pero sin abandonar del todo el sentido de eclecticismo bien entendido que preside esta Demo; aquí los ecos sonoros remiten a AGENT STEEL, HEATHEN, HOLY TERROR o NASTY SAVAGE, grupos que configuran quizá un universo más homogéneo que los anteriores, pero que ya de por sí son bandas caracterizadas por cultivar la mezcla de géneros, y todas con gran acierto.


Pero el estilo por sí solo no es garantía de calidad, si no, cualquiera que se dedique a la hibridación estaría en el olimpo del Metal. Es necesario, en primer lugar, hacerlo con total naturalidad, sin que nada chirríe, punto en el que ya hemos visto que HOLY ORDER se licencia con honores, pero sobre todo hacen falta buenos temas, y también ahí los canadienses triunfan. Son casi doce minutos de música, repartidos prácticamente por igual entre ambas composiciones. Estrenarse con semejantes duraciones en un debut es síntoma de ambición, pero si además dominan las amplias dimensiones, como es el caso, es prueba de maestría. Talento, ambición y maestría en un grupo tan joven deberían haberles llevado a un destino más ilustre, pero, misterios de la vida -o de la industria-, no fue así. Volvamos con los temas: cada uno de ellos discurre por diferentes pasajes, riffs, frases y secciones, pero todas están ensambladas en una estructura sólida y coherente, y el grupo domina especialmente el difícil arte de las transiciones entre las partes, consiguiendo desenvolverse con éxito en estructuras tan amplias. En "Born Into Hatred", por ejemplo, la segunda sección vocal -lo que sería como una segunda estrofa, tras el cambio de ritmo poco después del minuto y medio- dobla sutilmente el ritmo de batería sin que las guitarras cambien de riff para introducirnos grácilmente en la siguiente sección, en la que al poco tiempo y como por arte de magia reaparece el riff principal de las guitarras armonizadas. Todo fluye de forma espontánea pero a la vez con una lógica aplastante, dando la sensación de que todo está donde debe estar. No contentos con ello, cada vez que aparece la estrofa principal, la de las guitarras armonizadas, el batería se recrea cambiando de ritmo o marcando con los platos los acentos de la voz. Colosal. Luego vienen los solos, donde introducen partes nuevas antes de retomar los elementos ya expuestos, dando lugar finalmente a una estructura que en realidad es de lo más clásica, más propia del HM que del Thrash. Culminan el tema repitiendo la intro del principio, en un gesto de simetría que deja bien claro cómo les gusta hacer las cosas, y así a lo tonto se han ido seis minutos que parecen un suspiro. "Sorry For The Inconvenience" es igual de denso y de bien trabado, aunque aquí los cambios de ritmo ya no son nada sutiles y las transiciones se limitan a un simple parón, pero se trata de un tema más áspero, con un estilo más agresivo y menos directo y en el que la estructura ya no es tan clásica, todo lo cual favorece que experimenten más y que cueste seguir el hilo, pero al mismo tiempo es ese carácter áspero lo que le da cohesión expresiva al conjunto, y estructuralmente al final consiguen poner orden tras los solos y recuperar el sentido de unidad retomando las secciones iniciales y, nuevamente, volviendo a la intro para rematar el tema.

La ejecución es todo lo agresiva e intensa que cabe esperar de un grupo que empieza y que se deja la piel en cada nota, todo está tocado con furia, con verdadera energía juvenil, al más puro estilo de lo que pasaba en la década que les vio nacer como banda. Y, por último, el sonido... habrá quien no guste de las producciones caseras como es el caso de esta Demo: gustos aparte, la grabación es buena, todo se oye con claridad y separado y el balance entre los instrumentos es el correcto, pero para quien disfrute del sonido crudo y descarnado, esto será un goce continuo, porque suena como si estuvieran tocando delante de ti, o como si tú estuvieras en el local de ensayo viéndoles tocar en directo, tiene esa fantástica sensación de realidad propia de las Demos y que mucha gente encuentra insustituible.

Quien quiera satisfacer su curiosidad y escuchar la Demo puede ir a la página Tim Gorman, uno de los guitarristas del grupo (timgorman.net), y en la sección Holy Order encontrará los dos temas para descargarlos (también los de su siguente Demo, posteriormente editada como EP, tan fabulosa como la primera y de la que también algún día merecería la pena hablar). Ahí además se hace un repaso de la breve historia del grupo y de sus comienzos, y se cuenta que esta primera Demo en realidad constaba de cinco temas. Una pena que solo sea posible acceder a estos dos. Digo yo que alguien en Canadá tendrá una copia de la Demo original en cassete y no alcanzo a comprender cómo es que aún no se la han hecho llegar al tal Gorman, pero al menos nos queda la esperanza de que algún día aparezca y podamos escuchar completo el debut de esta talentosa banda tan poco aprovechada.

sábado, febrero 12, 2011

METALLICA 1984-1988


La música popular se supone que es la que está hecha por el “pueblo”, frente a eso que algunos llaman “música culta”, con una etiqueta en parte mal planteada, en la medida en que no es lo contrario de “popular” sino de “inculto”. Claro, que inculto también significa sin cultivar. Sin formación en una materia, lego, indocto, iletrado. Es decir, popular. El otro término para referirse a su opuesto es el de “música clásica”, pero tampoco termina de precisar la frontera entre lo uno y lo otro, primero porque “clásico” en sentido restringido aludiría sólo a las creaciones del período clásico, es decir, el siglo XVIII, pero sobre todo porque, incluso en su significado más amplio, tendemos a asociarlo con señores de traje y corbata que sólo tocan sinfonías de Beethoven o Mahler, mientras que en realidad existe mucha música producida por personas con una sólida formación académica y con profundos conocimientos específicos de música pero a los que no se incluye bajo ese membrete, principalmente los músicos de Jazz. Por último, de la etiqueta “música seria” mejor ni hablamos, porque, irónicamente, da risa. Pero de la mala.

Y el Rock, por peculiaridades de su naturaleza bastarda, acaba estando muchas veces a medio camino entre lo popular y lo culto. El Pop no, que por algo se llama como se llama, pero el Rock carga con esa maldición, entre otras muchas. O bendición, según se mire. La culpa la tiene su genealogía, que lo hace descender del Blues en paralelo con el Jazz, hermanos de una misma sangre pero por vías diferentes y con aspectos finales completamente distintos. Sin el debido libro de familia ni siquiera parecen parientes. Pero los genes están ahí. Entre los acordes de “Highway to Hell” y las complejidades de DREAM THEATER hay mucho recorrido, pese al origen común y un mismo nombre de pila con distinto apellidos. Lo primero son una panda de chavales tocando cuatro acordes al salir de clase y a quienes las musas han bendecido con su inspiración, y lo segundo son unos tipos con una muy sólida formación musical a nivel técnico, armónico, formal, etc. y a quienes las musas han bendecido también con su inspiración. El Rock ha hecho ese recorrido a veces en el seno de un solo grupo y a veces en el conjunto de todo un movimiento o un género, y algunos grupos han hecho ambas cosas ellos solos, como METALLICA, además sin más ayuda que su propia determinación y una especie de fe ciega en sí mismos.

Los discos de METALLICA del 84 al 88 son gloriosos por algo más que por el brutal y salvaje comienzo de “Fight fire with fire”, comienzo por antonomasia del típico tema de Thrash Metal y tocado con una rabia que aún hoy sobrecoge. Cuando fue engendrado en 1984 todavía faltaba un año para el “Bonded by blood” de EXODUS, el “Killing is my business” de MEGADETH o el “Endless pain” de KREATOR. Prácticamente no existía el Thrash Metal. Y ellos ya tenían el riff prototípico, el comienzo de batería prototípico, el sonido, la temática, la ambientación… ANTHRAX había editado su disco debut en febrero, aún con Neil Turbin a la voz, pero aquello no era Thrash Metal, y tampoco existían el “Hell awaits” de SLAYER ni el primer y homónimo disco de BATHORY, que son respectivamente de septiembre y octubre de ese mismo 1984, mientras que “Ride the lightning” se editó en agosto. No había nada. Si uno lo piensa detenidamente y logra recrear la situación en su cabeza, resulta alucinante. Por supuesto, el ambiente estaba ardiendo y a punto de estallar y METALLICA no eran el único grupo arrastrado por esa incandescencia, pero sí fueron los primeros, incluso antes que SLAYER. Los primeros y los que definieron el estilo y establecieron los moldes que seguirían todos los grupos posteriores. Pero lo más alucinante es que estamos hablando de 1984, cuando en realidad ya habían sacado “Kill ‘em all” en 1983, el verdadero punto seminal. El mundo tardó en reaccionar, y para cuando lo hizo, METALLICA ya había publicado dos discos.

Cada uno de esos cuatro primeros discos de METALLICA marcó un hito y trazó un límite que ellos mismos pulverizarían con el siguiente… salvo el último. El álbum negro es magnífico y es uno de los mejores discos de Metal de la historia, pero no tiene el sentido fundacional de los otros cuatro ni su trascendencia, y tomó una línea tangente frente a su predecesor “…And justice for all”, con el que habían culminado una trayectoria permanente de revolución tras revolución. Y cuando elijo la palabra “revolución” estoy pensando en un cambio drástico, profundo y rápido, que es más o menos lo que significa la palabra. Ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. En sólo cinco años. Todo lo que se ha hecho después en cuestión de Thrash Metal ya lo habían inventado ellos.

Recuerdo haber leído a KISS contar cómo los cogió… ya no recuerdo qué productor, quizá Bob Ezrin, en la época de… ¿“Destroyer”? Al final va a resultar que no recuerdo ni quién ni cuándo, pero no importa, lo esencial es que KISS no salían de sus tres acordes y se empezaron a notar algo limitados a la hora de componer, pero tras pasar un tiempo en el estudio con este productor decían cosas como que “al entrar aquí no hacíamos más que perder tiempo en los ensayos porque apenas sabíamos tocar tres acordes, y al poco tiempo ya sabíamos lo que era un tresillo o un contratiempo y sabíamos tocar en compases irregulares”. Y eran KISS. Quiero decir que no usaron esos conocimientos para expandir su estilo, sino sólo para refrescar sus resultados. Hay multitud de detalles en su música a partir de entonces que reflejan este cambio y que dan a los temas un gancho irresistible, y todo eso se percibe incluso aunque uno no sepa cuáles son esos elementos. Es un claro ejemplo de conocimientos puestos al servicio de la música y no al revés, y, como digo, el oyente lo percibe. Aunque sea de forma intuitiva, pero esas cosas se notan: a veces un oyente no encuentra argumentos para decir por qué un tema no vale gran cosa pero lo está notando, sabe que las notas de tal o cual frase son vulgares aunque no sepa a qué escala pertenecen, sabe cuándo los músicos están luciéndose con un sentido artístico y no por puro malabarismo instrumental aunque no sepa precisar por qué o aunque no pueda analizar las estructuras, la armonía, los ritmos o las texturas. Cuando el conjunto tiene una verdadera coherencia interna, eso se nota. Y METALLICA lo hicieron cada vez mejor hasta el año 88.

Uno de los primeros ejemplos lo dieron en el tema “Ride the lightning”, e intentaré explicarlo sin excesivas complejidades. Es difícil hacer un tema de seis minutos y medio y que tenga entidad propia. Es decir, es muy fácil empalmar trozos sin ton ni son, pero eso no constituye un tema. Si unimos “Let it be” y “Yesterday” no sale un tema de siete minutos, eso está claro. Pero el porqué no es tan fácil de explicar. Básicamente un tema es una unidad orgánica y cerrada sobre sí misma, posee un determinado carácter y es reconocible de forma individual. Lo más básico para eso es recurrir a la repetición de ciertas partes: las estrofas, con el cambio de letra en cada una de ellas, y el estribillo, que normalmente expone un motivo más corto y pegadizo y cuya letra además no cambia en las sucesivas repeticiones. Pero el Rock se aviene mal a estas limitaciones y tiende permanentemente a salirse de ellas o bien a amplificarlas todas simultáneamente. No todo el Rock, claro, pero sí bastantes de sus subgéneros en distintos momentos. El Thrash Metal había sido en principio el resultado de cruzar la velocidad y agresividad de bandas Punk o Hardcore con el sonido acerado y la técnica instrumental del Heavy Metal, y sus primeros exponentes en forma de disco completo seguramente son “Kill ‘em all” y el “Show no mercy” de SLAYER, ambos del 83, y los dos daban ya muestras de una mayor elaboración musical que la de sus fuentes de inspiración. Enseguida la complejidad se volvió rasgo habitual del nuevo género, y poco después definitivo dentro de cierta corriente, y temas como “Ride the lightning” sirvieron para asentar sus pilares.

Maravillas del mp3 para alguien que descubrió, compró y devoró este disco en vinilo: se puede ir parando cada poco tiempo, repetir y hasta precisar el tiempo en que suena cada trozo. Intentaré no abusar de estos dones de la tecnología al hablar del tema “Ride the lightning”, pero necesito explicar por qué supuso un primer gran cambio en su música y por qué sentó las bases para lo que acabaría siendo poco después el glorioso “…And justice for all”. Para empezar, su estructura perfectamente simétrica no puede ser fruto del azar: empieza y termina con la misma intro, sí, pero no me refiero a algo tan obvio, sino al conjunto del tema y muy especialmente a su sección central. Ésta se abre poco antes del minuto dos, más o menos en el 01:56. Hasta ese momento tenemos un tema convencional con su estrofa, pre-estribillo y estribillo, además de la mencionada intro de doce segundos. Carajo… necesito contradecirme y “abusar” del play/stop y el cronómetro, porque si no, no va a haber dios que entienda de qué estoy hablando. Pues a ello. El tema tiene estas partes:

(00:00) Intro
(00:12) Riff 1
(00:32) Riff 2 (puente)
(00:39) Riff 1 (estrofa)
(00:52) Riff 3 (pre-chorus)
(00:58) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / riff 2 (puente)

(01:21) Riff 1 (estrofa)
(01:34) Riff 3 (pre-chorus)
(01:40) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus)

(01:56) Riff 6
(02:09) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(02:19) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)
(02:29) Pausa
(02:35) Riff 9 (+ solo)
(03:13) Riff 9 transportado (solo)
(03:37) Pausa
(03:43) Riff 10
(03:56) Riff 7 (2x) (arpegios)
(04:09) Riff 8 (arpegios)
(04:12) Riff 7 (1x) (arpegios)
(04:18) Riff 8 (arpegios)

(04:22) Riff 6
(04:35) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(04:44) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)

(04:55) Pausa
(05:01) Riff 1 (+ estrofa)
(05:35) Riff 3 (pre-chorus)
(05:41) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / (05:57) riff 2 (puente)

(06:04) Riff 2- variación 1
(06:17) Riff 2- variación 2
(06:30) Intro

Punto primero: esto no es una frikada, aunque lo parezca. Cualquier guitarrista novato, por ejemplo, se tiene que parar a identificar cada uno de los riffs y luego memorizar en qué orden aparecen y cuántas veces. Y estos temas de METALLICA están entre el repertorio básico de cualquier aprendiz, no es nada del otro mundo ni nada propio de cerebritos de Harvard. Punto dos: perdón por la mezcla de inglés y español sin ningún rigor, aunque tampoco pasa nada y la cuestión terminológica no es lo más importante. Y tres: la “x” significa “veces”, y el “+” indica que esa parte se añade al cabo de un rato al riff que la precede.

Dicho lo cual, admiremos la maravilla: para empezar, llama la atención su sorprendente economía de medios, ya que el tema utiliza en total solamente diez riffs (más la pequeña célula melódica de la intro), lo cual es muy poco considerando su larga duración. Hoy día casi cualquier tema de Death enlaza sin problema el doble de riffs en la mitad de tiempo, y eso sin meternos en terrenos de Death o Thrash técnico, todo lo cual le resta identidad al tema y despista al oyente. Pero METALLICA lo hacen con esta pasmosa sobriedad y el conjunto logra una solidez que apabulla, sin que exista el menor riesgo de que suene repetitivo. La otra gran virtud, como decía, es la simetría total del conjunto, a modo de templo griego de dimensiones perfectas: basta ver los números de los riffs y comprobar su secuencia, cómo una vez que alcanzan el 10 comienzan a retroceder sobre sus pasos, no punto por punto pero sí en claro movimiento retrógrado hasta volver a la primera sección y por último a la intro; el resultado se sustenta sobre dos partes extremas iguales (la sección de estrofa-estribillo) con el remate de la intro a modo de adorno, y en medio se desarrolla una larga parte central que, a su vez, también es simétrica, ya que se entra y se sale de ella a través del riff 6. Y aquí viene otra de las maravillas de este tema y otra de sus radicales novedades: las transiciones. Es alucinante la maestría con que pasan de una sección a otra, concretamente cómo repiten el riff 6 sobre una batería que va aminorando su tempo a la mitad y luego a la cuarta parte para así desembocar en el fragmento más lento del tema, el del riff 9.

La suavidad rítmica de esta transición es un indicio más del cambio de METALLICA como compositores, y quizá su primer acercamiento a fórmulas que exceden lo que se suele entender por música “popular”. Pero el tema presenta varios ejemplos más de estas técnicas compositivas: el uso de motivos similares (como el riff 3, que tiene el mismo diseño que el riff 1, o como las dos pausas del 02:29 y del 03:37, que tienen la misma línea melódica descendente y ésta, a su vez, es la misma que la del riff 7), la repetición de materiales anteriores (como los riffs 7 y 8 en el solo, con los arpegios marca de la casa, que aparecían antes como base de la voz cuando dice eso de “Someone help me, oh please God help me”), la transposición (en el riff 9) y la variación (en el riff 2 al llegar al sexto minuto). METALLICA eran entonces unos chavales y no sé si alguien les aleccionó como a KISS o si simplemente fueron haciendo estos descubrimientos por sí solos, pero este tema, con su portentosa consistencia y su armazón perfectamente trabada como un todo orgánico, fue sólo el primer paso. A partir de entonces continuaron profundizando cada vez más en el uso de estas y otras técnicas compositivas hasta dar lugar al descomunal “…And justice for all”, impulsando el estilo que les vio nacer hasta sus máximas dimensiones y llevándolo a terrenos completamente alejados de la música “popular”.

Podría pararme a hacer esto con cada uno de los temas del “Master of puppets” (“Disposable heroes” da también para mucho, por ejemplo) o incluso del “…And justice”, pero le he cogido gusto a que la gente lea mis bobadas y tampoco es plan quedarme sin lectores tan pronto. Desde luego, no lo haré con los temas de “…And justice” porque eso ya son palabras mayores y quiero hacer otras cosas con mi tiempo y mi vida, y es que aquí todos los temas son una mole titánica y un prodigio de diseño, salvo “One”, que en realidad viene a ser como dos temas “pegados”, uno de cuatro minutos y medio y el siguiente los tres restantes, sin ninguna relación entre sí (que su escucha sea, en efecto, apasionante es otro asunto). Sólo diré que METALLICA sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda la intención del mundo: en cada uno de los discos siguientes a “Kill ‘em all” el segundo tema sigue los mismos patrones, casi calcados, pero en cada ocasión las dimensiones del conjunto superan a la anterior y los procedimientos compositivos son ampliados notablemente y explotados con mayor exhaustividad. No hay más que echar un vistazo a la duración de esos temas: “Ride the lightning” 06:38, “Master of puppets” 08:35, “And justice” 09:48. No hay la menor duda de que estaban resueltos a superarse a sí mismos con cada nuevo disco y dejar atrás a todos los imitadores que de pronto empezaron a salir hasta debajo de las piedras. Aparte de algo tan obvio como que el segundo tema era siempre el tema-título del álbum, la organización global de los tres discos es exactamente la misma: intro melódica precediendo a un primer tema ultra-rápido, un mastodonte compositivo como segundo tema, el tercero con un tempo mucho más lento y pesado, la balada en cuarta posición… lo único que variaron fue la colocación de la instrumental de turno, que pasó de la última posición en el 84 a la penúltima en los dos siguientes discos. Como dije antes, ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. No podían ir más allá, habían tocado la cúspide a todos los niveles y no quedaba más por inventar ni por transformar. Al margen de gustos personales, queda claro que hubo unos METALLICA hasta el año 88 y otros a partir de entonces.

Y voy terminando, prometido. Pero no quiero dejarme una cuestión importante sin mencionar: acerca de los discos hipertécnicos no sirve para nada alabar sus virtudes diciendo cosas como “es un disco muy complejo, con canciones largas, riffs retorcidos y solos virtuosos”. ¿Qué aporta una frase así? ¿Las canciones largas son buenas porque sí? E incluso, ¿qué significa una frase así? Quiero decir, qué significa exactamente que un tema sea complejo o un riff “retorcido”. Porque METALLICA, que es a quien se refería la frase, tienen riffs relativamente simples. Riffs complejos son los de la mayoría de discos de Thrash publicados a finales de los 80 o principios de los 90 por grupos que llevaban en activo desde el principio del movimiento y que para entonces rizaron el rizo hasta niveles insospechados (como DEATHROW en “Deception ignored”), o bien grupos que siempre tuvieron esa orientación en su música, caso paradigmático el del los suizos CORONER. En las décadas siguientes la cosa se sale completamente de madre y tenemos grupos como los australianos PSYCROPTIC o riffs como el del principio del tema “Dread and memory” de los canadienses TORN WITHIN, con sus 14 segundos de duración. Y sin llegar a excesos tan recientes, en los ochenta había muchos grupos inventando riffs mucho más “retorcidos” que los de METALLICA, sin lugar a dudas. Pero el problema principal, insisto, es que tampoco el mero factor de la complejidad es una virtud en sí misma, y un disco no es mejor por tener “una batería compleja, rebuscada, con cambios de ritmo constantes y cortes que hacen juegos con las guitarras”. Eso es sólo una descripción, un análisis de sus rasgos, pero presentarlo como un mérito en sí mismo es tanto como pensar que dar muchas notas es siempre mejor que dar pocas.

Me tomo la molestia de indagar en las virguerías compositivas de METALLICA porque el hacerlo demuestra que en parte no hace falta hacerlo… Me explico: hay millones de personas que admiran estos tres discos sin necesidad de ningún ejercicio de disección intelectual, y tienen buenas razones para disfrutarlos sin más, como se comprueba precisamente al inspeccionarlos con lupa. La cuestión es que esos oyentes perciben esto intuitivamente porque en realidad esas virtudes están ahí, existen, y eso es lo que les permite valorar positivamente el disco incluso sin saber explicarlo. Y, sin embargo, viene bien explicarlo y poder desentrañar los entresijos de estas virtudes para confirmarlas, aparte de que el placer intelectual también es un placer –quien conozca a un matemático vocacional y devoto sabrá de qué hablo- pero que no anula en absoluto el otro, sino que se le superpone. Y os aseguro que a mí me exalta tanto la brutalidad primaria de un guitarrazo salvaje –estoy pensando en el principio de “Fight fire with fire”- como el sorprendente descubrimiento de las filigranas estructurales de “...And justice for all”.