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sábado, febrero 04, 2017

KREATOR- Gods of violence (2017)

"We are the antidote to the radicalized". Como si fuera una premonición, ya avisan en ese pedazo de tema arrollador que es "Totalitarian terror" sobre los muchos idiotas que pueblan el planeta, algunos peligrosos y otros simplemente compadecibles. Como los totalitarios que juzgan un disco por su estilo musical y no por su calidad. Dogmáticos que siguen anclados en su vida de hace treinta años y que se creen con derecho a decirle a los artistas lo que deben o no deben hacer o cuál debe ser su identidad en función de lo que dicten sus santos cojonazos. Penoso. Me pregunto qué pensarán esos seres dogmáticos en sus dogmáticas cabecitas acerca de un grupo como Carcass, que en cinco discos pasó por cuatro géneros distintos, de paso inventándolos todos ellos (con la inestimable ayuda de Entombed para el Death'n'Roll). O qué pensarán de los cineastas, los pintores, los escritores, de los artistas en general, porque todos ellos exploran, cambian, buscan, innovan. Hay que ser muy estrecho de mente, muy cerril de mentalidad, muy pobre de espíritu, para esperar que Kreator sigan haciendo otro "Endless pain" treinta y pico años después. Pero allá cada cual. Tontos ha habido y habrá siempre.

El caso es que Petrozza hace lo que le da la gana, faltaría más. Ha hecho mucho de todo en estos catorce discos, ha tenido aciertos, idas de olla, momentos históricos, pero siempre ha buscado su camino, para bien o para mal. A los sordos que se escandalizan por su gusto por la melodía habría que remitirles ya al "Extreme aggression", en particular a temas como "Fatal energy" en los que dan salida al gusto por las guitarras dobladas al estilo NWOBHM. Kreator no han cambiado de la noche a la mañana, por supuesto. Como todos los creadores con inquietud, han cambiado desde el minuto primero de su existencia, empezaron a cambiar en el EP de "Flag of hate" y nunca han dejado de hacerlo, porque eso es lo normal en el arte y también en la vida. Desde entonces y poco a poco, todo lo que tenían dentro en forma germinal ha ido saliendo y tomando cuerpo, condicionado, cómo no, por las circunstancias de cada década, los cambios en los gustos, los desvaríos de la industria y otra serie de factores que su suman a la actividad creativa como tal, hasta llegar a este "Gods of violence" en el que han alcanzado una madurez envidiable, en virtud de la cual amalgaman todos los rasgos que han aparecido a lo largo de una larguísima carrera. Thrash Metal salvaje junto a melodías evocadoras, guitarras curradísimas -sobre todo las solistas, que en este disco no descansan-, estribillos efectivos, riffs elaborados, letras críticas con el asco de mundo en el que vivimos, la voz rasposa del bueno de Petrozza, el duro percutir del fiel escudero Ventor... Velocidad, contundencia y melodía. Mucha variedad, y en general encajada con bastante tino, aunque no siempre.

Esta formación ha sido la misma, si no me equivoco, desde hace dieciséis años, y veintidós hace desde que el puesto de bajista dejase de bailar. Pocos grupos pueden presumir de tal estabilidad, y el resultado se nota en esa madurez que he mencionado, en la cohesión del conjunto, en la interacción entre los músicos, en la confianza para no renunciar a ninguna línea creativa a pesar del malmeter de tontos y sordos. Un disco complejo, acaso un poco sobrecargado de partes y cambios de tempo, pero ambicioso, creativo y pegadizo. Y con muchos momentazos de caña furiosa. Han tenido la habilidad de adelantar como temas promocionales el que da título al disco, el correcto "Satan is real" y el aplastante "Totalitarian terror", pero dejaron para abrir el disco, tras la intro de rigor, un aún mejor y más furioso "World war now" con el que se garantizaban sorprendernos a todos al comenzar la escucha. Que sí, que tiene unas flautas en medio, otro tema tiene un pianito y otro un recitado en alemán, uy qué tragedia. Venga, chicos, superadlo, Mille no tiene dieciocho años y tiene más intereses que volver a regrabar una y otra vez "Tormentor". Por suerte.

"World war now" es un misil, un tema veloz con riffs sencillos que funcionan bien, mucha agresividad, un estribillo colérico y una parte central en la que desarrollan varias ideas instrumentales alrededor de un solo que augura el gran nivel que van a tener los leads en todo el álbum. "Satan is real" es pegadizo, como le gusta desde hace años a Petrozza, pero hay que agradecer que en este disco haya dejado de abusar de los estribillos en los que repite sin más el título del tema una y otra vez; otro gran solo, aires épicos en los pasajes más melódicos y unos arreglos solistas discretos pero cuidados rematan el tema. En la primera mitad del disco se aprecia un sentido mayor de la cohesión en la forma que, por desgracia, se pierde paulatinamente cuando intentan meter demasiadas cosas y demasiado distintas en cada tema. Pero estos primeros son tremendamente compactos, a pesar de incluir todos diferentes elementos en las secciones centrales. "Totalitarian terror" sigue este planteamiento y se asemeja mucho a "World war now": energía y velocidad, un grito inicial que rememora el que abría el "Angel of death" hace treinta años para recordarnos que esto es Thrash Metal pero hecho en el año 2017, riffs elaborados, melodía en el pre-estribillo, guitarras dobladas y un muy intenso solo dan forma a una de las joyas de "Gods of violence".

El tema-título mantiene alto el listón a base de los mismos elementos ya descritos, y de paso retoma esos coros tan "sing-along" marca de la casa y que les han hecho habituales en todo festival donde se aspire a una gran comunión de metalheads voceando al unísono estribillos facilones. "Army of hordes" parte con un riff que recuerda vagamente al de "Coma of souls"... vale, se lo perdonamos, porque luego lo abandona y construye un tema con valores propios. De nuevo hay velocidad en la estrofa, aires épicos en el pre-estribillo y un cambio de tempo al llegar al estribillo para corear a pleno pulmón el grito de guerra de turno; las guitarras dobladas vuelven a surcar los aires más meditativos de la sección central antes de retomar los ladridos rabiosos del estribillo. "Hail to the hordes" tiene un ritmo pesado similar al del "Servant in Heaven" de principio del siglo, otro tema contundente y bien trabado. Pero en "Lion with eagle wings" ya comienza a ser evidente que abusan de la fórmula estrofa rápida + cambio de ritmo + estribillo melódico, pese a ser un buen tema con ideas pegadizas; a estas alturas de disco se han ido acumulando demasiados materiales secundarios, demasiadas intros irrelevantes, demasiados fragmentos de unión, tantos que la saturación amenaza ya a la efectividad.

Esta resurge con fuerza en "Fallen brother", otro tema compacto y muy sólido, sin rellenos ni zarandajas, que contrarresta así los excesos anteriores, igual que ha hecho "Hail to the hordes" o igual que hacía "As the world burns" en medio del "Terrible certainty" hace tres décadas. Los dos últimos temas vuelven a pecar de sobrecarga y de formulismo, se agradece la velocidad y la rabia, pero cuando llega el primer cambio de ritmo en "Side by side" ya sabemos hacia dónde va esta nave. Los solos en esta ocasión son menos interesantes y el enésimo parón ya cansa. No sé si "Side by side" es el tema más flojo, pero estar situado donde está no le beneficia. Cierra el disco otro hipertrofiado "Death becomes my life", tema reflexivo y melódico muy del gusto de los alemanes, pero al que también le sobran partes o la falta haber aparecido en un momento del álbum en el que nuestra atención no estuviera tan atiborrada de elementos inconexos. La inmediatez y el gusto por la elaboración no están, en general, bien proporcionados a lo largo de este "Gods of violence" al que le sobran minutos y secciones, pero tomado en pequeñas píldoras es un álbum repleto de grandes momentos y buenas ideas y que mantiene a Kreator en lo más alto del Thrash actual.

 

domingo, noviembre 09, 2014

PYRACANDA- Two sides of a coin (1990)

Seguimos en 1990, un año que he tardado en explorar para esta sección, quizá por estar a caballo entre dos décadas muy distintas y por haber servido de tránsito de grandes cambios, pero que fue rico en creatividad y muy próspero en cantidad de buenos álbumes, seguramente por las mismas razones que acabo de mencionar. No creo que PYRACANDA se puedan considerar propiamente “ocultos” o desconocidos: sin haber sido un grupo ni pionero ni de primera línea, ocupan un discreto puesto en la historia del Thrash de los 90 y aparecen mencionados cuando se citan o se repasan grupos de entonces que, como ellos, tuvieron una prometedora pero corta carrera. Rescatar este disco ahora es, más que el acto de descubrírselo a nadie, el deseo por mi parte de reivindicarlo abiertamente.

Al igual que otros tantos grupos que llegaron tarde, PYRACANDA estaban ya prácticamente fuera de juego en 1990, y en su caso, siendo alemanes, también fuera de lugar, porque su estilo es muy poco continuista de la herencia germana. Pero este debut es una gozada de arriba abajo, desde el ritmo poderoso con el que entra imparable la estrofa de “Top gun” hasta la última nota de “Don’t get infected” y su fidelidad al más tradicional Thrash Metal de manual. Puede que no destacasen por su originalidad (puede y, ciertamente, así fue), pero suenan arrebatadoramente frescos en un momento en que el género se había ido ya por las ramas de la Progresividad desmedida, suenan directos, espontáneos y adictivos. Como siempre, esto dependerá de gustos, pero a un servidor le resultan irresistibles, al margen de si aportaron o no algo sustancial a una escena que, no lo olvidemos, para entonces ya estaba consolidada, desarrollada y -empezándose a dibujar ya su ocaso- casi finiquitada.

Uno de los grandes aciertos y atractivos de “Two sides of a coin” es que dentro del estilo eminentemente Thrash hay una buena proporción de elementos provenientes de otras escuelas, en particular Speed y Heavy Metal -en ocasiones hasta se insinúan sonoridades Power, cosa nada rara en un grupo alemán-. Otro rasgo fundamental es que se trata de un disco de estilo vocal, más que instrumental, y me explicaré: con el paso de los años el Thrash se separó completamente tanto de la rama del Heavy como de la del Punk/Hardcore de las cuales procedía -salvo en los casos gloriosos de álbumes como “Bonded by blood” que nacieron ya completamente acabados y sin rastro alguno de su metamorfosis-, pero en los discos primerizos se aprecian aún restos de ese proceso de transformación, uno de los cuales consiste en que los temas parecen haber sido pensados a partir de un estribillo fácilmente coreable o bien una estrofa con una línea vocal muy definida, a veces hasta melódica, en lugar del enfoque ya maduro del género que consiste en sustentar los temas sobre un riff, metiendo luego la voz donde buenamente quepa, a veces con calzador y con poco o nulo interés. Y en estas estábamos, ya en fecha tan tardía como 1990, cuando PYRACANDA se arrancan con este álbum plagado de estribillos directos y efectivos y de estrofas cantables al más puro estilo de casi una década atrás.

Pero es que si algo dejaron claro con “Two sides of a coin” es que solo les preocupaba pasarlo bien y hacer buenos temas, temas potentes, variados y rabiosamente inspirados, temas que llegasen al oyente para crear una modesta lista de himnos como “Delilrium tremens (Tremendous)”, “Rigor mortis” o la mencionada “Top gun”. Todo indica que a PYRACANDA les da igual la fecha en la que debutan, les da igual el futuro y, sobre todo, les da igual el pasado, algo que harían muy bien en imitar los grupos actuales de Thrash Metal. No se preocupan de cumplir ninguna lista de instrucciones ni de encajar en moldes predefinidos, y esa libertad de miras es una más de sus herramientas para sonar frescos como nadie. Solo en “Welcome to Crablouse City” se ponen un poco más serios, probablemente para cumplir con los requisitos propios de un tema de siete minutos, pero el resto del disco es un festival de disfrute sin pretensiones de nada más. Si le añadimos arpegios, partes melódicas, solos limpios, armonías diatónicas, una semi-balada como “Dreamworld (Goodbye, Mary Anne)” y de remate el Bonus-track “Loser” colocado en octava posición de la edición en CD, la impresión es que los elementos más alejados del registro Thrash se van intensificando hacia el final del disco. “Loser”, en efecto, es un tema que llama la atención -por el diseño de su riff principal y por su ritmo de batería, no tanto por su línea vocal- y que contrasta demasiado con el resto; en el fondo es poco más que Heavy acelerado y tocado con más mala leche de lo habitual, y supongo que por eso lo incluyeron en esa posición del álbum.

El disco se cierra con “Don’t get infected”, tema que, tras una anecdótica reminiscencia del “Wasted years” de IRON MAIDEN en su comienzo, ataca sin piedad un riff clásico de Thrash ochentero para ofrecer después una nueva demostración del buen hacer de estos inclasificables teutones, a base de líneas vocales inspiradas, estribillo sencillo y pegadizo, riffs cortantes, oportunos cambios de ritmo, una estructura variada pero sólida, velocidad, frescura y mucha energía. Por cierto, la carátula trasera tanto del vinilo como de la edición en CD contiene errores tipográficos y ciertas omisiones, en concreto en los títulos “Welcome to Crablouse City”, “Delirium tremens (Tremendous)”, “Dreamworld (Goodbye, Mary Anne)” y en la versión en CD “Loser”, nada del otro mundo, en todo caso, aunque son muchas juntas y se podrían haber evitado. Tras “Two sides of a coin” PYRACANDA publicaron un segundo álbum, “Thorns”, que oscila entre volverse por momento más duro y en otros más intrascendente, pero que en general les quedó demasiado serio y bastante más soso que este fenomenal debut del que al menos yo pienso seguir disfrutando por muchos años.

jueves, octubre 30, 2014

ALITOR- Eternal depression (2014)

Pocas veces me sucede que cuando escucho por primera vez un disco actual me deje clavado en el sitio y lo oiga de principio a final sin pararlo. En este caso recuerdo cuándo fue y cómo fue, y tengo la impresión de que esa imagen se quedará en mi cabeza para siempre. Al igual que con las personas, pocos halagos se le pueden dedicar a un disco mayores que decir que uno recuerda fielmente aquella primera escucha. Pues así fue con este "Eternal depression", título que, por cierto, no tiene nada que ver con el estilo de la banda y que no sé a santo de qué le han adjudicado. Esto no es ni Doom ni Drone ni Depressive Black, es Thrash del bueno, Thrash Metal del mejor que se puede uno echar a la cara, y ahí entra en juego otro elemento para que mi admiración por él sea tan rotunda, ya que hace tiempo que pienso que todo el "nuevo" Thrash que se produce no tiene nada de nuevo y me estomaga hasta límites indescriptibles, desde el hecho de que los grupos hagan gala de la etiqueta "sonamos a SLAYER y EXODUS" como algo digno de orgullo hasta la propia música, repetitiva, previsible y clónica, como no podía ser menos con tal de confirmar la mencionada etiqueta. Pero sigo escuchando y escuchando a ver si encuentro algo que me contradiga, y fue gracias a tal empeño por lo que me crucé con esta maravilla, así que solo por eso doy por buena la infinidad de horas malgastadas con grupúsculos de retro-Thrash de tres al cuarto.

No entiendo por qué en ciertos sitios describen a ALITOR como Thrash progresivo, porque si se les compara con el Thrash de los primeros 90, el de los "Distortion" de FORBIDDEN, "Life beyond" de DEATHROW, etc, o con grupos que siempre tuvieron vocación progresiva como MEKONG DELTA, REALM o WATCHTOWER, hay muy poco en común. Lo que ocurre es que ALITOR están por encima de dogmas de estilo y hacen lo que les da la real gana, aparte de que tienen una ejecución impecable y un gusto por los detalles increíble. Si les apetece meter blasts lo hacen, si quieren abordar pasajes de Death melódico, también, si quieren gruñir gruñen, si quieren doblar guitarras solistas las doblan y si quieren exhibir precisión instrumental van sobrados. Pero el estilo es Thrash, Thrash Metal con mayúsculas, Thrash con toda la carga de técnica y de furia inherentes al estilo y a la vez con un grado de libertad absolutamente glorioso. Pero todo este planteamiento no sería por sí mismo efectivo si los temas no acompañaran, y vaya si acompañan... Cuando un grupo está en estado de gracia a nivel compositivo se nota, la inspiración fluye, cada riff es único, cada frase y cada solo son una pequeña obra maestra, y si a tanto talento se le une la habilidad de construir los temas con coherencia, el resultado es perfecto, como aquí sucede. De hecho, la madurez que exhiben al engarzar todos los materiales es sorprendente en un grupo novel que publica su debut, y da pie a soñar con una carrera de primerísimo nivel si las cosas no se les tuercen por el camino.

Aparte de todo esto, el disco suena de maravilla, la producción es clara y a la vez potente, el sonido es brillante y cortante como acero recién pulido, y la ejecución del grupo tiene la intensidad de un vendaval de energía juvenil. Me río yo del último disco de EXODUS y de sus torpes intentos de recuperar pegada, o en otros tiempos de perderse en construcciones megalíticas y riffs complicados: este "Eternal depression" tiene ambas cosas y multiplicadas por cien, la vitalidad que desprenden ALITOR es arrolladora y a la vez es fresca, y sus composiciones no dan descanso. Velocidad, riffs técnicos, momentos melódicos, detalles de precisión instrumental, partes pegadizas, solos inspirados, entusiasmo y fuerza, estilo personal... no sé qué más pedirle a un disco de Thrash en pleno 2014. Solo uno de los ocho temas baja de los cinco minutos de duración, y solo en uno de ellos -"Nothing lasts forever"- he encontrado una frase que no suene propia y personal, sino en este caso importada del "Hallowed point" de los dioses por antonomasia. Si tuviera que destacar alguno no sabría en cuál fijarme, quizá el propio "Eternal depression", que reúne todos los rasgos de estilo del grupo, aunque no le anda lejos "Contorted existence", que combina como pocos las partes agresivas con las melódicas (estas tienen gran peso durante la primera mitad del álbum y luego se van atenuando en la segunda) y tiene uno de esos microscópicos y maravillosos detalles de poco más de un segundo al acabar el estribillo, tal vez la final "Drained", la más larga de las composiciones y que de nuevo agrupa todo lo mejor de ALITOR, quizá "Horror" por su estribillo tan característico, o bien simplemente "Realm of grief" porque es el primer tema y con él empezó aquel fabuloso encontronazo que me dejó y me sigue teniendo en estado de conmoción y admiración a partes iguales.

jueves, octubre 16, 2014

ASSESOR- Invaze (1990)

De nuevo viajamos hasta 1990, para encontrarnos con la que tal vez sea la primera banda checa (por aquel entonces checoeslovaca) de Death Metal, o de Thrash/Death. Una banda, además, con un estilo peculiar y muy personal, incluso un poco "rara" en el mejor sentido, que difícilmente recordará a nadie en concreto y que en este debut logró crear su propio paradigma musical. En momentos aislados se pueden apreciar ecos de otros grupos, pero tan variopintos que irían desde KREATOR y CORONER (probablemente su mayor influencia y con quienes comparten motivo icónico para esta portada) a VOÏVOD pasando por POSSESSED o CELTIC FROST. En fin, un mejunje bastante insólito y una más de tantas piezas valiosas que se fueron quedando enterradas en el olvido con el paso de las décadas. En su caso influyen también la procedencia geográfica y el hecho de no haber estado en un sello grande, así que doble razón para darle al único disco que editaron en su día algo de la difusión pública que se merece.

El género que practican se mueve en la frontera entre el Thrash técnico y un Death Metal primerizo. Ni en uno ni en otro apartado presentan riffs típicos, previsibles o que suenen familiares, sino que tienen siempre su propio enfoque, como hacían la inmensa mayoría de grupos por aquel entonces. Partiendo de una clara inclinación por lo técnico, sus temas presentan riffs precisos e inquietos por igual a cargo de un concienzudo Jarda Pracna a la guitarra, que incluso se intensifican hacia el final (en "Volaní bitvy" y "Svedomi"), intrincados ritmos de batería llenos de pequeños detalles, un bajista a la misma altura que sus compañeros, extraños desarrollos melódicos, ocasionales disonancias y en todo momento un impecable trabajo al conjuntar los tres instrumentistas sus respectivas partes.

En general no es un disco fácil, no entra a la primera y no tiene el atractivo de la música más apegada a lo convencional, pero por eso mismo su disfrute supone un reto estimulante, tanto para el oído como para la mente, al que hay que añadir el punto de exotismo que tiene oír las letras en checo, y tiene la ventaja de que cuando le coges gusto y se te mete en la cabeza ya no sale de ahí. La producción es de lo más modesta que se pueda imaginar, sin remezclas y con un sonido casi maquetero o propio de un local de ensayo, pero muy diferenciado al separar instrumentos, con lo cual todo se oye a la perfección, y por otra parte la falta de medios supone el encanto de lo sencillo, de lo auténtico y real, y le da a la ejecución una cercanía que compensa la falta de inmediatez de las composiciones.

Los primeros temas pecan quizá de ser algo parecidos, particularmente en la estrofa (al menos los temas 1 y 3, "Setkání" y "Nárky Zapomenutých"), pero rápidamente superan este pequeño escollo y a partir de ahí cada uno crea su propio microuniverso y tiene identidad propia. En la instrumental "Apokalypsa" despliegan todas sus cualidades y hacen gala de sus mejores rasgos de estilo (no ocurrirá así al cerrar el disco con la también instrumental "Destrukce", bastante elemental y poco acorde con el resto del álbum), y en el tema-título incluso ganan pegada gracias a un estribillo simple pero efectista. Al año de la edición original apareció la versión en CD, con portada ligeramente distinta y dos temas más que van intercalados entre el 6 y el 7 originales, de manera que el 7 pasa a ser ahora el 9 y así sucesivamente. El añadido es todo un acierto, porque se trata de dos de los mejores temas, en especial "Prijmi svuj osud", el más largo del disco, con su ritmo de depredador al acecho, sus llamativas dobles cuerdas disonantes en el bajo y su curioso desarrollo intermedio.


El grupo se separó al poco de editar este trabajo, se reunieron en el 2005 y al parecer sacaron un nuevo disco en el 2012 con una formación distinta, el cual no he tenido ocasión de escuchar. Aun concediéndoles el beneficio de la duda, es su solitario "Invaze" de 1990 (mismo título que usarían unos años después para un disco sus compatriotas MANIAC BUTCHER) lo que les hace destacar en el panorama internacional de aquel momento, al menos mirando hacia atrás desde el presente, y lo que les hace acreedores de un puesto de honor que merece la pena reivindicar.

domingo, agosto 24, 2014

CABAL- Midian (1990)

Faltaba todavía 1990 en la serie de años contiguos que por ahora han ido apareciendo en esta sección, concretamente del '87 al '95, y siendo además 1990 el paso de década, cómo no recalar en alguno de los discos que aparecieron ese año y de los que poco más se supo después. Es el caso del único trabajo de CABAL, otro de los proyectos del ubérrimo y ubicuo personaje llamado Killjoy. Aquí se embarcó en una aventura a medio camino entre el Thrash y el Death que perfectamente podría haber tenido continuidad y hasta repercusión, por enlazar el paso de un género a otro y servir de puente entre ambos con su estilo híbrido. Una hibridación perfecta conseguida con toda naturalidad, como habían hecho y siguieron haciendo tantos grupos en torno a 1990, no hay nada que parezca fuera de sitio o que llame la atención y tanto los elementos Death como Thrash, aunque son reconocibles y se pueden delimitar sin problema, están muy bien fusionados. Es como si el "Reign in blood" hubiera ido un paso más allá en cuanto a agresividad y hubiera desembocado en esto. De hecho en la música de SLAYER ha habido siempre muchos elementos Death, al menos desde "Hell awaits", y siempre he pensado que tras ese disco podrían haber tirado por la otra dirección y haber creado el paradigma del Death Metal, pero en su lugar crearon el del Thrash. En "Hell awaits", aparte de la temática lírica, la imagen personal y un ominoso ambiente de oscuridad, los riffs están a veces más próximos al Death que al Thrash, gracias a sus armonías "malévolas" y al uso indiscriminado del 'Diabolus in musica' que luego acabarían adoptando como título para uno de sus discos más controvertidos. CABAL hacen lo contrario, que es presentarse como un grupo Death para luego saltar atrás en el tiempo y recuperar muchas de esas armonías y melodías del Thrash que pueden darse tanto en un género como en otro y que constituyen la savia misma de un álbum como "Reign in blood".

Las líneas vocales guardan también reminiscencias de muchas de las del Araya de ambos trabajos, y además el timbre de Killjoy no es es absoluto ni gutural ni grave, como correspondería a un grupo de Death ortodoxo, pero las ejecuta con un gusto tal por la brutalidad y con una serie de inflexiones Death -no muy descaradas pero sí nítidamente diferenciables-, que logra integrar ambos registros a la perfección, igual que pasa con todos los demás parámetros del disco. Otro elemento que agregan al menú de "Reign in blood" es el de los blastbeats, discretos, ocasionales, pero dotados de una función que cumplen de maravilla y que consiste, por un lado, en afianzar esa naturaleza ambivalente del disco y, por otro, en reforzar momentos de especial violencia en cada tema, como la entrada de la voz en varios de ellos ("God complex", "Midian", "Images in blood"), logrando sorprender al oyente y dinamizar con muchísima eficacia la música. El disco es variado y tremendamente intenso, no muy original, todo sea dicho, y tampoco nada personal, pero intenso, agresivo y cañero lo es de sobra. Incluso se queda algo corto, con sus siete temas de los cuales uno es poco más que un interludio, "Khaos theory", y su poco más de media hora de música. Al menos esos seis temas son, como decía, muy variados y en general su duración tiende a alargarse y les permite recorrer un sinfín de ritmos y tempos, destacando en ello la final "Nocturnal reign", con sus ocho minutos de violencia sonora Thrash-Death. El inventario de recursos musicales se completa con unos solos normalitos pero eficaces y algunos pasajes con arpegios acústicos que crean ambiente, dos elementos más que ayudan a diseñar un disco ameno y cambiante. Ya para acabar, ignoro cómo sería la edición original de 1990, pero la reedición del año 2000 es un simple digipack sin libreto -aunque el sello lo publicite como 'lavish'-, sin fotos ni letras ni nada de nada, solo los títulos en la contraportada y la formación y un par de datos técnicos en la cara interior.