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martes, enero 07, 2014

SCATORGY- Scatorgy (2013)


SCATORGY vienen de la vieja Inglaterra y no tienen ningún vínculo con NEPHRECTOMY más allá de la portada de sus respectivos debuts, ambas realizadas por Nev (artista gráfico y voceras en varios grupos, también conocido como Analator) y en ambas siguiendo un estilo muy marcado, llamativo y reconocible que, sin embargo, no es la línea predominante en su trabajo. Pese a lo que sugieran las portadas, ninguno de estos grupos hace Porno-Grind ni Gore-Grind, sino Brutal Death, y en el caso que nos ocupa concretamente una especie de Deathgrind salvaje y “misilístico” tipo los franceses IMPERIAL SODOMY. Rollo americano en plan GORGASM pero sin su pulcritud de sonido ni la complejidad de unos DISGORGE, sino algo mucho más crudo, inspirado en BRODEQUIN, LITURGY o CINERARY y con reminiscencias de bandas europeas como CEPHALIC, BRUTUS o DESPONDENCY, todas ellas, por cierto, difuntas como los mencionados franceses.

En medio de la avalancha ultrasónica de blasts despiadados meten partes más pesadas, breaks poderosos y bastantes detalles técnicos, pero sin abusar. El contraste entre todo ello es bastante violento, pasan de unas partes a otras sin transiciones y en todas ellas hacen el bestia hasta límites insospechados. Muchos riffs son de gran simpleza, incluso con rasgados continuos y economía de notas, frente a otros más enrevesados donde encajan acentos, cortes y armónicos a velocidad de vértigo y sin despeinarse, y otros en los que dan rienda suelta a su gusto por el caos. Está claro que pueden tocar lo que les dé la gana, pero en general prefieren la vertiente más descarnada y el resultado es devastador, como si te dieran una paliza entre cuarenta luchadores de sumo y luego echaran tus restos a las hienas.

La producción va en la misma línea de ferocidad primaria, la caja de la batería es irritantemente aguda y seca, la voz regala los rugidos cavernosos con ocasionales gorrinillos y la guitarra suena a motosierra recién puesta a punto, pero les falta pegada en los graves y el sonido, pese a ser compacto, tiene poco cuerpo. El disco es toda una experiencia para los sentidos, pero la tosquedad del resultado global no hace justicia a las capacidades del grupo, y este es uno de esos casos en los que hablar de “diamante en bruto” no es un tópico. Podrían haber hecho un disco apocalíptico, pero se conforman con amenazar, con dejar ver la pata bajo la puerta -o el hacha tras la mirilla-. Hay partes demasiado parecidas entre sí, otras bastante convencionales, sobre todo las lentas, una cierta sensación de apresuramiento al elegir los materiales y la impresión general de haberse quedado a las puertas de algo grande. Y por más grupos que haya escatimando duración en sus discos y por más que se ponga de moda, veintiún minutos de música es poco.

sábado, diciembre 07, 2013

ONSLAUGHT- VI (2013)

Este debe estar entre los títulos más cutres de toda la historia del Metal, o de la música en general, mucho peor que llamarlo como el propio grupo. No bastaba con los varios “13” publicados este año, entre SUICIDAL TENDENCIES, BLACK SABBATH o el anunciado “XIII” de nuestros compatriotas BARBARIAN PROPHECIES, el de SIX FEET UNDER bastante anterior, el “Th1rt3en” de Mustain & co. hace un par de años o el “This Is Thirteen” de ANVIL un poco antes, pero al menos el trece tiene una simbología por la cosa de la superstición y demás. ¿Pero el 6? Ya, el número del Anticristo opuesto al 7 como número bíblico, bla bla bla… Pues para eso échale imaginación y al menos invéntate un “Formulas Fatal to the Flesh”, con los tres seises, ante el cual lo de “66fuckin’6” queda hasta bochornoso, o ponle delante un “Chapter”, “Issue”, “Revelation” o “Pestapokalypse”, como se han molestado en hacer otros. Aunque viniendo de títulos como “Killing peace” y “Sounds of violence” tampoco se podía esperar mucho.

Pero en fin, no nos quedemos en la superficie. ONSLAUGHT han dado tumbos toda su carrera y este título puede no ser más que otro pequeño tropiezo, así que vayamos con la música: tras una intro oportuna y ajustada, el primer tema empieza potente, aunque cayendo ya en lo mismo de hace más de un cuarto de siglo, copiar a SLAYER descaradamente. El riff es facilón aunque efectivo, sobre todo para un primer tema, pero la estrofa canta más de la cuenta y luego lo del break a mitad de tema es para sacarle los colores a cualquiera. Habrá que seguir esperando y seguir teniendo fe… El segundo, “Fuel for my fire”, también suena a los maestros de maestros, pero tiene unos estupendos cambios de ritmo y un estribillo directo sencillo e ingenioso. Después dan visos de querer abrir aún más el repertorio estilístico con un sorprendente “Children of the sand”, pero enseguida se ve que fue un espejismo.

De ahí en adelante vuelven la escasez de identidad y el “homenaje” continuo a los riffs clásicos del difunto Hanneman y a las líneas vocales de Araya (qué decir de un “Enemy of my enemy”, por ejemplo). Al menos lo compensan con una gran variedad rítmica, unas estructuras muy sólidas, estribillos resultones y una ejecución furiosa y trepidante. No serán unos chavales, pero el disco suena como si en verdad lo fueran, y si en el aspecto creativo siguen sin llegar lejos -el sino de su historia-, sí que logran sonar convincentes, ser más directos que en discos recientes y arrollar al respetable a base de fuerza salvaje, aparte de los otros méritos ya citados. Puede que por momentos suene risible en pleno 2013 oír a Sy Keeler vociferando una y otra vez “Killing is my aim in life!”, pero no más que oír a un canoso, lisiado, devoto padre de familia y cristiano confeso Tom Araya hacer lo mismo. Y entre tener que tragarme a oportunistas como ENTRENCH, NEKROMANTHEON o los ANTICHRIST suecos y disfrutar de este último disco de ONSLAUGHT, lo tengo muy claro.

miércoles, octubre 30, 2013

MOTÖRHEAD- Aftershock (2013)


Si hay un grupo de entre los grandes que ha permanecido siempre fiel a sí mismo, esos son MOTÖRHEAD, ni SLAYER ni ninguno de los supuestos grandes del Thrash, nadie lo ha hecho con tal nivel de integridad y quien más quien menos ha tenido algún traspié. Pero MOTÖRHEAD no. El maltrecho Lemmy y su banda de forajidos no han aflojado las riendas en toda su carrera ni se han movido un pelo de sus presupuestos, más allá de pequeños experimentos como alguna pseudo-balada cazallosa o la aparición ocasional de instrumentos como el cello o el piano. Por lo demás, han hecho lo mismo en las cinco décadas por las que han paseado con orgullosa autosuficiencia su estilo único, inimitable e influyente como pocos.

Así que vaya por delante mi admiración incondicional a su figura, su legado y su papel como referentes de toda una cultura y una forma de entender la música. Este es, si no he contado mal, su disco número veintidós, y vista la homogeneidad y el nivel medio de su catálogo, el número en sí podría pasar como un mérito y se podría alabar este formidable “Aftershock” a partir de factores como el desgaste del grupo, su larga trayectoria o la edad de sus miembros, igual que cuando decimos de alguien que “está bien para la edad que tiene”. Pues no: este disco es un clásico, sin más. No sé cómo coño lo han hecho, pero lo que han grabado en “Aftershock” sería bueno ahora y en 1980.

Esto es MOTÖRHEAD de la cabeza a los pies, como si por ellos no pasara el tiempo. Temas que van del Heavy sucio al Rock’n’Roll acelerado y macarra pasando por el Blues arrastrado, tal como a Lemmy le ha gustado explicar siempre su estilo. Algunos podrían estar en “Ace of spades”, otros en el oscuro “Orgasmatron”, otros se acercan a la fiereza de lo que grabaron en “No remorse” para dar la bienvenida a su formación de cuarteto, otros tienen la emotividad melódica de “Another perfect day”, y todos la honestidad que siempre es marca de la casa. Cómo es posible, después de cientos de temas, seguir pariendo riffs elementales y que las ideas fluyan frescas es todo un misterio, o que los temas tengan todos su propia identidad. Cada cual tiene su aire y su velocidad, los hay de ritmo vacilón y festivo, bastantes son abiertamente heavys, alguno hay más pesado y contundente, e incluso tenemos un intimista “Dust and glass”, perfectamente alineado con otro de título explícito, “Lost woman blues”.

Los títulos, ya que lo menciono, van en el mismo plan: “Death machine”, “Heartbreaker”, “End of time”, nombres de lo más genérico y manido, tanto como los propios títulos de sus discos, “Sacrifice”, “Rock’n’Roll”, “Bastards”, “Kiss of death”, “March or die”, o como sus portadas, pero es que son MOTÖRHEAD, toda su carrera es una celebración de las esencias que ellos mismos inventaron y que siguen vigentes hoy día. Y este disco no es distinto, sólo que es más fresco que la mayoría de los más recientes, tanto que hasta los riffs de dos notas cumplen su papel (“Crying shame”, “Keep your powder dry”), a ver quién hace eso sin ser MOTÖRHEAD o los RAMONES. Y el sonido… qué gusto primario, que placer visceral escuchar el principio de “Going to Mexico” -o la propia voz de Lemmy-, toda una satisfacción que encima después se convierte en un tema directo y muy sólido.

Otros que destacan son “Silence when you speak”, también de aparente simpleza, el principio frenético con “Heartbreaker”, o el cambiante “Knife”. La segunda mitad del álbum me atrevería a decir que es superior a la primera, desde luego es más pegadiza y más enérgica, aunque a su favor juega el no tener ningún tema que baje el nivel de intensidad. Y quizá esto sea de lo poco reprochable que se puede señalar, el orden de los temas, porque, por ejemplo, el paso del primer al segundo tema hace que este parezca flojo, como sin fuerza, cuando en realidad es un buen tema típico de MOTÖRHEAD, sin ser deslumbrante tiene su gracia y cuenta con un buen estribillo, pero la colocación le perjudica. Y poner tras él un Blues, sentido pero convencional, hace que el inicio del disco prosiga por esta cuesta descendente en cuanto a fuerza. Pero sólo es el principio, porque el propio Blues se transforma hacia el final y de ahí en adelante vendrá lo bueno de verdad.

Dejando a un lado la devoción por un tipo que para varias generaciones sigue siendo la viva imagen del músico incorruptible, uno de los pocos por los que merece la pena mantener la fe en la música cañera sin distinción de subgéneros o escuelas, dejando esto aparte y también el temor de que quizá no tengamos muchas más ocasiones de disfrutar de su música, a juzgar por su estado de salud, su cada vez más frecuente cancelación de giras o su deteriorada y débil voz en las entrevistas… al margen de todos estos factores, MOTÖRHEAD están en un estado de forma musical impresionante y “Aftershock” es variado y vigoroso, una gozada, una fiesta continua y un disco que EXIGE ponerlo a todo volumen.

martes, septiembre 24, 2013

CARCASS- Surgical steel (2013)

Vaya dilema… CARCASS en el 2013. ¿Qué opinar, cómo tomárselo, cómo recibir este disco impensable hace sólo un tiempo? De entrada, yo al menos, con recelo. No puedo tomármelo de otra forma viniendo de alguien que abjuró del Metal y que dijo públicamente hace más de una década que ya no le interesaba nada relacionado con este estilo. Naturalmente, me estoy refiriendo a Bill Steer, un tipo que él solito inventó o ayudó a inventar dos géneros extremos, el Grindcore y el Goregrind, en los primeros años de NAPALM DEATH y CARCASS, respectivamente, y después también el Death melódico con “Heartwork” (en el Death’n’Roll se les adelantaron ENTOMBED). Toda una institución, un pionero, un visionario, no exagero lo más mínimo y si alguien lo duda que revise en qué años alcanzó todos esos logros. Pero él mismo mandó después su reputación a paseo con su toma de postura tras la disolución de CARCASS, luego descartó toda posibilidad de reunión del grupo, más tarde, cuando ésta finalmente se produjo, aseguró que no editarían material nuevo, y ahora regresa con intención de reconquistar el trono del Death Metal… difícil, difícil no desconfiar.

Se puede pensar que cinco años de giras de reunión ya no daban para más y que se les ha vuelto necesario sacar un disco con materia nuevo. Esto tiene tres ventajas claras desde el punto de vista comercial: las propias ventas del disco, la reactivación de su fondo de catálogo, y que les permite volver a girar -aunque luego sigan tirando de clásicos, como quiere la mayoría de la gente-. Las ventas de discos puede que no den para comprar una mansión en Beverly Hills, pero no nos engañemos, regresos tan mediáticos como este y con una buena campaña de promoción por parte de un sello grande como Nuclear Blast producen jugosos beneficios, más aún con toda la parafernalia de formatos distintos, temas extra, cajitas, colores y fetichismos varios que desde hace unos años les da por editar (hay que relanzar las ventas de ejemplares físicos, está claro).

Por otra parte, el contexto general de grupos que regresan está tan saturado y es tan abrumador que ha dado lugar a una situación poco creíble. A lo mejor están pasando todos a la vez la crisis de la mediana edad (a otros les da por divorciarse y salir con jovencitas, a los grupos parece que por retomar su juventud musical), o simplemente es que, pese a todos los lloros de la industria, hay mucha pasta en juego. O bien yo soy un malpensado y en realidad todos sienten una auténtica pasión por el estilo, una devoción sin fisuras y una lealtad por encima del paso del tiempo que les hace aparcar sus trabajos para volver a primera línea del Metal, llámense EXUMER, CANCER o DARK ANGEL, y resulta que todos han seguido una trayectoria intachable tipo Lemmy o ANVIL y han estado siempre al pie del cañón. Como Bill Steer, ya. Desde hace tiempo las intenciones de casi todos ellos me parecen poco verosímiles más allá del placer de volver a divertirse, jugar a sentirse chavales de nuevo y todas esas cosas que a la gente de cierta edad nos dan un subidón de adrenalina y nos refrescan el espíritu. ¿Lícito? Desde luego, y además nadie obliga a nadie a comprar lo que editen ni a ir a sus conciertos.

Pero es inevitable que la opinión al respecto condicione la escucha de sus nuevos trabajos. Si son una mera excusa para seguir de gira, si están concebidos con premeditación para ceñirse a un determinado estilo, si sólo aspiran a satisfacer la demanda del público y poder pasar por caja, si son discos más bien cerebrales o si han dejado que la inspiración marque libremente el camino son todas cuestiones importantes a la hora de valorar lo que suena. Estamos hablando de músicos expertos, curtidos en muchos grupos a lo largo de más de media vida, han vivido de ello, conocen la industria y al público y saben perfectamente qué hacer para lograr un cierto propósito. Musicalmente tienen los recursos para diseñar un disco como les dé la gana, y en el caso de CARCASS quizá más que nadie, porque en cinco discos pasaron casi por cinco identidades, eso por no hablar del recorrido posterior de cada miembro.

Así las cosas, sería ingenuo recibir este disco con los brazos abiertos sin más, tanto como aceptar que la evolución creativa lógica de Steer como músico -desde siempre marcada por la inquietud y el cambio- le lleva ahora a dar este paso… hacia dos décadas atrás. Motivos para el recelo hay de sobra, y CARCASS son una figura demasiado grande como para pasarlos por alto sin comprobar si son o no justificados. Para empezar, la portada: ¿a quién se le ha ocurrido volver a usar la portada del EP “Tools of the trade” solo que sin el chorro de sangre (que además ya era la imagen que aparecía impresa en el CD y el vinilo de color de “Necroticism”)? Mal empezamos. Quizá quien sea que haya tomado la decisión buscaba dejar claro que hay una continuidad entre el hoy y el ayer. Puede estar tranquilo, nos ha quedado claro, quizá hasta demasiado.

Pasemos a los temas: el primero se titula “1985” y procede directamente de 1985, de la grabación de unas sesiones de ensayo de cuando el grupo se llamaba DISATTACK, hacían versiones de grupos como EXODUS y ONSLAUGHT y sólo estaba Bill Steer de los componentes que todos conocemos; al parecer, Jeff Walker encontró la grabación y le propuso a Steer incluirlo como intro, apenas cambiando la versión original pero arreglándola y alargándola. Tras ella tenemos lo que, en mi opinión, es lo mejor de este “Surgical steel”, tres temazos uno detrás de otro, especialmente “Cadaver pouch conveyor system”, rápido, violento a la vez que melódico y con una estructura muy sólida, precedido por el conciso y directo “Thrasher’s abattoir” y seguido del más genuinamente Death “A congealed clot of blood”, con ritmo pesado y un comienzo totalmente era “Necroticism” que desarrollará generosamente en el minuto dos.


A partir de ahí empiezan a notarse los puntos flacos: en general hay demasiado material metido a presión, es como si Steer hubiera ido guardando todo lo que se le ha ocurrido en estos años y luego hubiera querido incluirlo todo, da igual dónde. Como decía, los primeros temas son redondos y compactos, pero después hay demasiadas partes que aparecen en medio sin ningún sentido, dando la sensación de que podrían estar en cualquier otro sitio y no pasaría nada. Las estructuras acaban siendo un tanto disparatadas y difícilmente conforman cada una un todo unitario. También hay secciones bastante genéricas en varias estrofas, abusan de recursos como la línea descendente en el diseño de frases y riffs, y repiten el mismo ritmo rápido de batería en al menos los temas 2, 3, 5, 6, 9 y 10 (aunque luego intenten contrarrestarlo con ritmos, cambios y partes que no tienen mucha relación unos con otros).

La cosa vuelve a mejorar con “The granulating dark satanic mills” -único tema con música de Walker-, por el Groove, el estribillo y los cambios de ritmo, aunque aún se echa de menos algo de sobriedad y sentido en la forma. Estos rasgos regresan en “Unfit for human consumption”, otro de los temas sobresalientes (como anécdota, el minuto tres incluye una recreación del estribillo del “All of the same blood” de KREATOR), y se mantendrán bastante intactos hasta el final con “Mount of execution”, un tema de estilo Heavy tradicional (pese al sonido y la voz de Walker) que al llegar al minuto cuatro y medio se convierte de repente en otro distinto y cuyos dos últimos minutos son directamente una outro, incluso separada por un parón y un silencio. En general los temas -o al menos los que están hacia la mitad- carecen de una clara identidad individual, no se puede decir “este es rápido” o “este es un tema a medio tempo” porque todos tienen de todo, lo que hace que, cuando ha acabado el disco y nos queda una impresión flotando en la cabeza, cueste distinguirlos y uno acabe recordando trozos en lugar de temas.

Todas las guitarras han sido grabadas por Steer, aspecto nada novedoso ya que hizo lo mismo con las rítmicas durante casi toda la trayectoria pasada del grupo, incluida la fase en la que estaba Michael Amott. Eso sí, los solos son algo flojitos, muy correctos, muy bien fraseados, pero demasiado contenidos para la agresividad que transmite el disco en general. Y del nuevo batería Dan Wilding se puede destacar su energía, su precisión y su intachable técnica, pero no hace nada más aparte de cumplir como si se tratara de una ‘drum-machine’, ritmos básicos y nada de personalidad ni de aportación propia (quizá hay que admitir que en este sentido Ken Owen siempre dejó el listón altísimo, aparte de su considerable papel como compositor en los tres primeros discos). También han grabado cuatro temas extra que no aparecen en la edición normal y que, según el grupo, tienen una orientación más Rock, menos agresiva, y no pegan con el concepto del álbum, por lo que habrían debilitado su desarrollo.

 
Después de escuchar el disco mil y una veces, y habiendo leído varias entrevistas con Jeff Walker y Bill Steer, se puede afirmar sin apenas duda que este es el disco de regreso más honesto, pasional e inspirado que haya hecho ninguno de los grupos grandes en los últimos años, y probablemente el mejor de todos. No vamos a pedirles a estas alturas que sigan inventando un subgénero con cada álbum, aunque esta es la primera vez que un disco de CARCASS no se consagra en su totalidad a un único estilo. Como ellos mismos habían ido avisando, se trata de una mezcla deliberada de sus distintas etapas, lo mismo que han hecho en sus últimos trabajos bandas igualmente grandes e igualmente pioneras -con la diferencia de que nunca se han separado- como NAPALM DEATH, CANNIBAL CORPSE, OVERKILL o VOÏVOD. El disco es muy variado y muy disfrutable, pero no tiene una identidad propia, es un popurrí de cosas sacadas de aquí y de allá (al menos sacadas del repertorio propio) y muy poco cohesionadas. En conjunto se hace difícil construir una imagen mental del álbum, como sí la tenían todos los anteriores (incluso “Swansong”, pese a otras muchas carencias), y sin duda su eclecticismo podrá resultar excesivo para muchos.

Como resumen se podría decir que la primera impresión es muy buena, por contraste con lo que suelen ser los discos de reunión, pero tras sucesivas escuchas tampoco es que sea deslumbrante. Algunas partes son memorables, otras son ciertamente inspiradas, hay varias verdaderamente fulgurantes, y en general tienen buenas ideas que reparten alegremente, pero, no sé por qué, cada vez que termino de oírlo me dan ganas de volver a ponerme el “Necroticism”. Creo que una vez pase el revuelo inicial y cuando ya el disco esté asimilado del todo, será el momento de comprobar cuánta gente pasa más tiempo oyendo este “Surgical steel” que regresando a sus clásicos.


lunes, junio 03, 2013

ONSLAUGHT- The force (1986)


Poca gente descubrirá a estas alturas que 1986 es el año del “Reign in blood” y del “Master of puppets”, dos discos fundamentales que pusieron de manifiesto la madurez del género y que al mismo tiempo apuntaban caminos divergentes en su evolución, en todo caso ya iniciados desde tiempo atrás por sus respectivos autores. Alemania, el otro foco principal del Thrash, estaba terminando de dar forma a su escena, con un estilo personal y una plantilla de grupos hoy consagrados. Y a todo esto en la vieja Inglaterra, un territorio en el que el nuevo género nunca dio frutos de renombre, unos casi desconocidos ONSLAUGHT lo llevaban a su culminación totalmente en solitario. “The force” es un disco inusualmente consistente para ese año, y si no tuvo más repercusión fue sin duda porque la sombra de esas dos bestias sagradas era demasiado grande. Siendo honestos, hay que decir que también influyó que el grupo tuviera poca personalidad y que la deuda con SLAYER era demasiado grande, sobre todo en un momento en que la principal arma de los grupos era ofrecer algo único. Mejores o peores, las nuevas bandas aportaban una propuesta personal, y en eso ONSLAUGHT se quedaron muy atrás. Pero el disco era sólido como pocos en aquel momento, un titán de granito que mostraba un Thrash Metal en estado de plenitud, un trabajo compacto, rocoso, monolítico, con un sonido áspero y crujiente y una impresión general de dureza y oscuridad completamente creíble.

El cambio musical desde su debut “Power from Hell” de 1985 delataba que, a pesar de contar con los otros méritos, ONSLAUGHT no tenían una oferta propia (y así lo confirmaría su tercera entrega, “In search of sanity”, con una nueva orientación que despistó y cabreó a partes iguales: tres discos y tres estilos, si eso no es dar bandazos no sé qué puede serlo). Aquel debut era una mezcla de Punk, Heavy sucio y proto-Thrash elemental, todo empapado de adoración hacia VENOM, pero al cabo de un año no quedaba nada de estas coordenadas, salvo el aspecto lírico. Bajo una repentina devoción por SLAYER y cual conversos súbitamente iluminados, de la noche a la mañana ONSLAUGHT eran un grupo de Thrash Metal al 100%, haciendo una música más ortodoxamente Thrash que nadie, lo cual, visto en perspectiva, no dice mucho de ellos, porque en lugar de sufrir una evolución natural prefirieron seguir patrones ajenos. Eso sí, los imitaron de maravilla, pero ciertamente ONSLAUGHT nunca han destacado por su personalidad, y cuando veinte años después han vuelto a editar discos con material nuevo, se han aferrado a una ortodoxia correcta pero previsible, estereotipada y en el fondo aburrida.

Por aclarar aún más sus inicios, y volviendo al año de su estreno discográfico, 1985, recordemos que para entonces VENOM ya eran una institución y habían publicado tres discos que pondrían patas arriba el devenir de la música metálica, aunque también existían otros compatriotas avezados, como TANK, con cuatro, y WARFARE, que habían editado un EP y un primer y explícito “Pure filth”. El campo era amplio y estaba bien sembrado, ONSLAUGHT no venían de la nada y está claro que transitaban sendas ya abiertas. El título de “Pure filth” vale para calificar a toda la trinidad, empeñados como estaban en dejar el sucio sonido de MOTÖRHEAD a la altura de aficionados: también el debut de TANK, “Filth hounds of Hades”, incluye ese término, y a VENOM ni siquiera les hacía falta usarlo porque todo en ellos era porquería y degeneración. Aparte de la “mierda” había otros conceptos que recorrían los títulos del trío de angelitos, como ese “Hades” que se prolongaba en el también inaugural “Welcome to Hell”, o el “”Black Metal” del segundo álbum de VENOM continuado por el también segundo de WARFARE, “Metal anarchy”, o el propio nombre de estos últimos y sus ecos en “At war with Satan” y “This means war” (tercer disco respectivamente de VENOM y TANK). Mierda, Infierno, Metal y guerra, bonita doctrina. Y en estas llegan ONSLAUGHT y saltan con “Power from Hell”, en una especie de “Power of the hunter” (TANK) + “Welcome to Hell”. O fueron tan ingenuos como para no darse cuenta, o fueron tan descarados como para hacerlo adrede, no sé qué es peor.

Pero sigamos adelante: un año después y entregados ya en cuerpo y alma a los cánones de Hanneman & King, ONSLAUGHT engendran este furibundo e imparable “The force”. Puede que tanto el título como la portada parezcan hoy algo simples, pero en aquel momento esa concisión era toda una declaración de intenciones, la expresión más rotunda del espíritu radical, una apuesta decidida por situarse del lado del extremismo. Piénsese que estamos hablando de un mundo sin CANNIBAL CORPSE o AUTOPSY, un mundo pre-IMMOLATION, un mundo donde aún no existían DISMEMBER ni SINISTER. Y musicalmente el disco es un trallazo de principio a final, una patada en la cara a base de Thrash bronco, guitarrazos asesinos y un sonido hiperviolento. Es la cualidad de ser crudo y orgánico lo que hace el sonido de “The force” extraordinario, en línea con los que habían hecho EXODUS en “Bonded by blood”. Enseguida, no obstante, sería el del “Reign in blood” el que triunfaría a nivel planetario y el que impondría el modelo de producción limpia y acerada al que incluso muchos grupos alemanes sucumbieron, incluidos KREATOR, en detrimento de su propia corriente más áspera y macarra. Gustos aparte, es una pena que esta vía perdiera adeptos, al menos si se está convencido de que la variedad siempre es una virtud.

Una de cal y otra de arena: si el disco era brutal, demoledor y apabullante, a la vez que drástico en su forma de abrazar la nueva fe, hay que volver a SLAYER para hablar de los temas. Porque su influencia es más que palpable a lo largo de todos ellos: al margen del sonido, continuador directo del de “Haunting the chapel” y, en menor medida, “Hell awaits” -y admitiendo además que el sonido no es patrimonio exclusivo de ningún grupo-, la huella de SLAYER es demasiado evidente en las composiciones, de entrada en bastantes riffs, pero sobre todo en las líneas vocales, algunas prácticamente calcadas de las del Tom Araya de esos años. Y ya es reprochable que los grupos de hoy en día hagan lo mismo, pero al menos tienen la disculpa matemática, treinta años después, de que las combinaciones posibles de ritmos y notas comienzan a agotarse. En el caso de “The force”, los riffs inspirados en SLAYER imitan tanto el estilo maduro, consciente de sí mismo y plenamente Thrash de su segundo larga-duración, como la aproximación aún a medio hacer y hasta con cierto toque ingenuo del “Show no mercy” (rastreable en temas como “Metal forces”, ya sea en el riff inicial, la parte central, ciertas frases del solo o la armonía de la sección final, o en toda la segunda parte de “Contract in blood”, poco antes del minuto 4, con ese riff ciertamente parecido al de “The Antichrist”). Ejemplos de líneas vocales “prestadas” serían la estrofa de “Flame of the Antichrist”, igualita a la de “Hardening of the arteries” (y que es, por cierto, el patrón que más veces usan); la del break en el minuto 5 de este mismo tema, exportada de la estrofa de “Kill again”; la línea de “Let there be death” en la mitad del minuto 4, que es como la parte central rápida de “Chemical warfare”… Hay más, pero tampoco hace falta insistir y creo que la idea queda clara. En cualquier caso, las líneas vocales de todas las estrofas parecen bastante intercambiables entre sí (o lo son las de “Let there be death”, “Demoniac” y “Flame of the Antichrist”, por un lado, y las de “Metal forces” y “Contract in blood” por otro, como se comprueba fácilmente leyendo las letras y viendo lo bien que encajan unas en otras); los estribillos, sin embargo, son todos bastante más ocurrentes, variados y mejor individualizados.


Otro de los méritos del álbum, y una más de las innovaciones que por aquel entonces se empezaban a extender y a las que enseguida ONSLAUGHT se sumaron, es la larga duración de los temas. Aunque también en esto “Hell awaits” sirve de precedente (y hasta el número de temas es el mismo, siete) y aunque sin duda METALLICA dieron con “Master of puppets” un paso de gigante -que más tarde alcanzaría proporciones descomunales-, es innegable que los británicos se adelantaron a muchos otros grupos en este sentido y en realidad a toda la evolución del género en la década siguiente, cuando los temas comenzarían a alargarse hasta acabar convertidos en armatostes ciclópeos. Ellos no llegaron a tanto, pero esta cualidad titánica, ese carácter imponente de todos y cada uno de los temas de “The force”, es una de sus señas de identidad y en cierta medida un anticipo para su época.

Y pasemos ya a una somera descripción de los temas uno por uno. “Let there be death” abre el disco de la mejor manera posible, con un riff básico que sienta las bases de lo que vamos a encontrar a lo largo del álbum, a continuación entran los demás instrumentos, luego un nuevo riff con el que se dobla el tempo y por fin empieza el tema como tal: rápido, crudo, diabólico, con un estribillo tan directo y efectivo que se permite bajar la velocidad respecto a la estrofa y aun así ser rompedor. Más riffs, solos, partes distintas, un delirio guitarrístico y todo un monumento de Thrash satánico impecable.

“Metal forces” es el primer testimonio de que los temas pares e impares van a ser muy distintos. Serán los pares los que conserven un cierto aire inmaduro, como ya se dijo en párrafos anteriores, frente a la violencia descarnada de los otros. Con todo, el disco avanza de manera formidable y la caña no se detiene ni un instante.

“Fight with the beast” vuelve a ser directo, rápido y furioso, con un rasgado típicamente Thrash ochentero y una impresión general de violencia imparable; el cambio del minuto dos, con su marcada sensación rítmica, da paso a un nuevo riff de clara inspiración SLAYER.

“Demoniac” es el primer tema que presenta una intro, en este caso medio minuto de órgano que crea un ambiente perfecto de misterio y tinieblas. También es un tema compacto, gracias a la simpleza de ese riff que retoma los obsesivos rasgados de guitarra, esta vez sobre un tempo movido pero no demasiado, tras el cual volvemos a llegar a un estribillo al que la bajada de velocidad no le resta fuerza, sino todo lo contrario.


Más ambientación siniestra en la intro de “Flame of the Antichrist”, con sonido de viento, tenebrosas campanas y voces inquietantes. Quizá dos minutos sea una duración excesiva, sobre todo porque lo que viene después no tiene nada que ver con la intro y al final ésta parece más bien un interludio que podría haber aparecido por separado. El tema como tal -el quinto del álbum- corrobora la alternancia de los temas ultrarrápidos colocados en posición impar, y empieza también a revelar que abusan en todos ellos del mismo diseño para el riff principal. Velocidad por un tubo, rasgado salvaje de guitarra, agresividad y contundencia, toda una demostración de fidelidad al recién creado estilo. Al igual que los demás, también atraviesa varias secciones y distintos ritmos, y se confirma como un tema sólidamente construido y perfectamente acabado.

Unos ruidos de cadenas y empieza “Contract in blood”, tema que pertenece al grupo de los que aún delatan huellas del pasado. Son apreciables en el riff principal, de orientación HM camuflada sólo por la violencia del sonido, y, sobre todo, en todo el largo pasaje que se abre cerca del minuto cuarto y que viene a ser uno de los momentos más débiles del disco, no sólo porque el estilo del riff no pegue con lo anterior (aunque explica por qué al poco tiempo acabarían versionando a AC/DC), sino también porque repetirlo hasta la saciedad parece una idea poco afortunada. Y todo esto sin mencionar los grititos de Sy Keeler y confiando en que no estuviera intentando imitar a Tom Araya, porque el resultado es un poco cómico.

Confirmando del todo la citada alternancia, cierran el disco con el brutal y frenético “Thrash till the death”. Aunque su riff principal es ciertamente muy parecido al de los temas 5 y 3, el tema es bestial, colérico, inconmensurable, un paradigma perfecto de Thrash Metal maduro y acabado, en un momento en que muchos otros grupos aún no habían terminado de encontrar su sonido ni definirse por completo. Una pena que un grupo con la clarividencia de ONSLAUGHT, quienes supieron ver los rasgos del nuevo estilo y llevarlos a su culminación al mismo tiempo que los grandes nombres inmortales como METALLICA o SLAYER, no contaran con la personalidad o la individualidad para haber acabado siendo igualmente inmortales. Talento tenían de sobra, ideas no tantas, pero gusto, devoción y convencimiento, muchísimo, y gracias a estas cualidades nos dejaron para la posteridad este rotundo e inolvidable trallazo en forma de disco: “The force”.

jueves, junio 21, 2012

CRUCIAMENTUM- Engulfed in desolation (EP, 2011)


Death Metal a la vieja usanza, con toda su atmósfera tenebrosa, su sonido pastoso y rugiente y sus tempos arrastrados. Curiosamente el grupo viene de Inglaterra, pero se mueve en la estela de unos INCANTATION, FUNEBRARUM o, por citar algo más reciente, FATHER BEFOULED, o también nombres holandeses ilustres como ASPHYX o los primeros PESTILENCE. Es decir, Death clásico, tinieblas, creación de ambientes y música intensamente evocadora. Con los ingredientes básicos del género se las apañan muy bien en este EP para provocar sugerentes sensaciones en el oyente y poner en pie todo un monumento a la oscuridad.

Es más, se las apañan hasta para lograr que la considerable duración de los temas no les quite gancho. Seis, seis, ocho y cuatro minutos y medio, redondeando, es lo que duran estos cuatro aldabonazos realizados con un evidente nivel de veteranía. Y es que los integrantes de CRUCIAMENTUM provienen de diversas formaciones como GRAVE MIASMA (antes GOAT MOLESTOR), ADORIOR o INDESINENCE, entre otras. Están curtidos y saben lo que hacen, y aunque el álbum suena añejo y retrocede un par de décadas para tomar forma, no resulta retro ni oportunista y tampoco le falta credibilidad.

Los elementos, como decía, son bien conocidos y hasta elementales, riffs clásicos, trémolos de una nota, frases simples y una voz que sale poco de su salmodia siniestra, pero los explotan y combinan con un gran sentido de los contrastes y de la expresividad. Lo primero lo consiguen cambiando de tempo muy a menudo, o haciendo que las dos guitarras se complementen entre sí, o con discretos pero muy efectivos rellenos de batería, y lo segundo es un rasgo presente en todos los temas, en la forma de ejecutarlos y en la forma de haberlos grabado.

El disco ha sido editado en CD y en vinilo por el sello griego Nuclear Winter, el mismo que reeditó en ambos formatos la segunda Demo del grupo, “Convocation of crawling chaos”, dos años después de su publicación original en el 2009 en forma de cassette.

miércoles, abril 04, 2012

INGESTED- The surreption (2011)

Segundo disco para los ingleses INGESTED, aún más decididamente Deathcore que su debut del 2009 “Surpassing the boundaries of human suffering”, pero con mejor producción: un sonido ultrapotente y unas guitarras asesinas que crean un bloque tremendamente compacto. Te pasa por encima y te aplasta sin piedad. Eso sí, siguen empeñados en sacarle a la batería un sonido totalmente disparado, que le quita dinamismo a la música y la vuelve fría y machacona. Quizá su intención es justo conseguir esto último, y en tal caso lo logran a las mil maravillas, pero a costa de que el disco no tenga apenas relieves sonoros.

Eso, unido al género, da un resultado ciertamente machacón, como decía, pero de eso se trata. Ahora bien, cada tema por separado engancha por su potencia y su dureza, todo es contundente y muy agresivo, pero el disco oído todo seguido acaba cayendo en una cierta indefinición. No hay partes que destaquen frente al resto ni temas que sea fácil individualizar. Por lo demás, encontramos lo habitual en el género (aunque aún conservan un pie en el Brutal Death, a diferencia de grupos consagrados en cuerpo y alma al Deathcore más convencional): partes pesadas, riffs de pocas notas, ritmos entrecortados, muchos breaks, voz enfadada con el mundo entero -en su favor hay que decir que varía todo el rato entre este registro grave y otro más chillón-. No son el grupo más inspirado ni personal en este campo y, al igual que pasa con los propios temas, cuesta identificarlos en medio de sus competidores. En todo caso, el disco es una propuesta sólida, suena como un cañón y mantiene una atractiva variedad de rasgos de estilo.