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sábado, febrero 04, 2017

KREATOR- Gods of violence (2017)

"We are the antidote to the radicalized". Como si fuera una premonición, ya avisan en ese pedazo de tema arrollador que es "Totalitarian terror" sobre los muchos idiotas que pueblan el planeta, algunos peligrosos y otros simplemente compadecibles. Como los totalitarios que juzgan un disco por su estilo musical y no por su calidad. Dogmáticos que siguen anclados en su vida de hace treinta años y que se creen con derecho a decirle a los artistas lo que deben o no deben hacer o cuál debe ser su identidad en función de lo que dicten sus santos cojonazos. Penoso. Me pregunto qué pensarán esos seres dogmáticos en sus dogmáticas cabecitas acerca de un grupo como Carcass, que en cinco discos pasó por cuatro géneros distintos, de paso inventándolos todos ellos (con la inestimable ayuda de Entombed para el Death'n'Roll). O qué pensarán de los cineastas, los pintores, los escritores, de los artistas en general, porque todos ellos exploran, cambian, buscan, innovan. Hay que ser muy estrecho de mente, muy cerril de mentalidad, muy pobre de espíritu, para esperar que Kreator sigan haciendo otro "Endless pain" treinta y pico años después. Pero allá cada cual. Tontos ha habido y habrá siempre.

El caso es que Petrozza hace lo que le da la gana, faltaría más. Ha hecho mucho de todo en estos catorce discos, ha tenido aciertos, idas de olla, momentos históricos, pero siempre ha buscado su camino, para bien o para mal. A los sordos que se escandalizan por su gusto por la melodía habría que remitirles ya al "Extreme aggression", en particular a temas como "Fatal energy" en los que dan salida al gusto por las guitarras dobladas al estilo NWOBHM. Kreator no han cambiado de la noche a la mañana, por supuesto. Como todos los creadores con inquietud, han cambiado desde el minuto primero de su existencia, empezaron a cambiar en el EP de "Flag of hate" y nunca han dejado de hacerlo, porque eso es lo normal en el arte y también en la vida. Desde entonces y poco a poco, todo lo que tenían dentro en forma germinal ha ido saliendo y tomando cuerpo, condicionado, cómo no, por las circunstancias de cada década, los cambios en los gustos, los desvaríos de la industria y otra serie de factores que su suman a la actividad creativa como tal, hasta llegar a este "Gods of violence" en el que han alcanzado una madurez envidiable, en virtud de la cual amalgaman todos los rasgos que han aparecido a lo largo de una larguísima carrera. Thrash Metal salvaje junto a melodías evocadoras, guitarras curradísimas -sobre todo las solistas, que en este disco no descansan-, estribillos efectivos, riffs elaborados, letras críticas con el asco de mundo en el que vivimos, la voz rasposa del bueno de Petrozza, el duro percutir del fiel escudero Ventor... Velocidad, contundencia y melodía. Mucha variedad, y en general encajada con bastante tino, aunque no siempre.

Esta formación ha sido la misma, si no me equivoco, desde hace dieciséis años, y veintidós hace desde que el puesto de bajista dejase de bailar. Pocos grupos pueden presumir de tal estabilidad, y el resultado se nota en esa madurez que he mencionado, en la cohesión del conjunto, en la interacción entre los músicos, en la confianza para no renunciar a ninguna línea creativa a pesar del malmeter de tontos y sordos. Un disco complejo, acaso un poco sobrecargado de partes y cambios de tempo, pero ambicioso, creativo y pegadizo. Y con muchos momentazos de caña furiosa. Han tenido la habilidad de adelantar como temas promocionales el que da título al disco, el correcto "Satan is real" y el aplastante "Totalitarian terror", pero dejaron para abrir el disco, tras la intro de rigor, un aún mejor y más furioso "World war now" con el que se garantizaban sorprendernos a todos al comenzar la escucha. Que sí, que tiene unas flautas en medio, otro tema tiene un pianito y otro un recitado en alemán, uy qué tragedia. Venga, chicos, superadlo, Mille no tiene dieciocho años y tiene más intereses que volver a regrabar una y otra vez "Tormentor". Por suerte.

"World war now" es un misil, un tema veloz con riffs sencillos que funcionan bien, mucha agresividad, un estribillo colérico y una parte central en la que desarrollan varias ideas instrumentales alrededor de un solo que augura el gran nivel que van a tener los leads en todo el álbum. "Satan is real" es pegadizo, como le gusta desde hace años a Petrozza, pero hay que agradecer que en este disco haya dejado de abusar de los estribillos en los que repite sin más el título del tema una y otra vez; otro gran solo, aires épicos en los pasajes más melódicos y unos arreglos solistas discretos pero cuidados rematan el tema. En la primera mitad del disco se aprecia un sentido mayor de la cohesión en la forma que, por desgracia, se pierde paulatinamente cuando intentan meter demasiadas cosas y demasiado distintas en cada tema. Pero estos primeros son tremendamente compactos, a pesar de incluir todos diferentes elementos en las secciones centrales. "Totalitarian terror" sigue este planteamiento y se asemeja mucho a "World war now": energía y velocidad, un grito inicial que rememora el que abría el "Angel of death" hace treinta años para recordarnos que esto es Thrash Metal pero hecho en el año 2017, riffs elaborados, melodía en el pre-estribillo, guitarras dobladas y un muy intenso solo dan forma a una de las joyas de "Gods of violence".

El tema-título mantiene alto el listón a base de los mismos elementos ya descritos, y de paso retoma esos coros tan "sing-along" marca de la casa y que les han hecho habituales en todo festival donde se aspire a una gran comunión de metalheads voceando al unísono estribillos facilones. "Army of hordes" parte con un riff que recuerda vagamente al de "Coma of souls"... vale, se lo perdonamos, porque luego lo abandona y construye un tema con valores propios. De nuevo hay velocidad en la estrofa, aires épicos en el pre-estribillo y un cambio de tempo al llegar al estribillo para corear a pleno pulmón el grito de guerra de turno; las guitarras dobladas vuelven a surcar los aires más meditativos de la sección central antes de retomar los ladridos rabiosos del estribillo. "Hail to the hordes" tiene un ritmo pesado similar al del "Servant in Heaven" de principio del siglo, otro tema contundente y bien trabado. Pero en "Lion with eagle wings" ya comienza a ser evidente que abusan de la fórmula estrofa rápida + cambio de ritmo + estribillo melódico, pese a ser un buen tema con ideas pegadizas; a estas alturas de disco se han ido acumulando demasiados materiales secundarios, demasiadas intros irrelevantes, demasiados fragmentos de unión, tantos que la saturación amenaza ya a la efectividad.

Esta resurge con fuerza en "Fallen brother", otro tema compacto y muy sólido, sin rellenos ni zarandajas, que contrarresta así los excesos anteriores, igual que ha hecho "Hail to the hordes" o igual que hacía "As the world burns" en medio del "Terrible certainty" hace tres décadas. Los dos últimos temas vuelven a pecar de sobrecarga y de formulismo, se agradece la velocidad y la rabia, pero cuando llega el primer cambio de ritmo en "Side by side" ya sabemos hacia dónde va esta nave. Los solos en esta ocasión son menos interesantes y el enésimo parón ya cansa. No sé si "Side by side" es el tema más flojo, pero estar situado donde está no le beneficia. Cierra el disco otro hipertrofiado "Death becomes my life", tema reflexivo y melódico muy del gusto de los alemanes, pero al que también le sobran partes o la falta haber aparecido en un momento del álbum en el que nuestra atención no estuviera tan atiborrada de elementos inconexos. La inmediatez y el gusto por la elaboración no están, en general, bien proporcionados a lo largo de este "Gods of violence" al que le sobran minutos y secciones, pero tomado en pequeñas píldoras es un álbum repleto de grandes momentos y buenas ideas y que mantiene a Kreator en lo más alto del Thrash actual.

 

domingo, octubre 27, 2013

KREATOR- Terrible certainty (1987)

El tercer disco de un grupo suele marcar un momento definitorio en su carrera, y esta máxima se cumplió con pocas desviaciones en el Thrash de los años 80: “Master of puppets”, “Reign in blood”, “Among the living”… “Terrible certainty”, discos que o bien suponían ya la cumbre de una evolución adelantada a todos sus competidores, como los dos primeros ejemplos, ambos del ‘86, o bien terminaban de definir la personalidad del grupo y la senda que recorrerían en años venideros, caso de los dos últimos, editados en 1987. Si en Estados Unidos tenían a METALLICA, SLAYER y ANTHRAX, entre otros muchísimos, en Alemania estaban SODOM, DESTRUCTION y KREATOR, también como parte de una amplísima legión, la más fecunda de toda la vieja Europa. El sacrílego triunvirato germano había empezado su ofensiva engendrando un Thrash mucho más tosco que el americano, crudo, áspero y canalla, de sonido sucio, planteamientos elementales y con una devota preferencia por armar bronca antes que por demostrar habilidades instrumentales o preocuparse por cuestiones de estilo. Pero todo esto habría de cambiar con el tercer disco del escuadrón comandado por Mille Petrozza.

Está claro que “Endless pain” y “Pleasure to kill” son discos importantísimos, clásicos imperecederos, eslabones cruciales en el nacimiento y consolidación del género a este lado del océano y en el planeta entero. Sus fechas de publicación y su compromiso total con la nueva causa no dejan lugar a dudas: KREATOR estaban haciendo en Europa lo mismo que EXODUS en Estados Unidos, sólo un paso por detrás del camino abierto por METALLICA y SLAYER, pero con el mérito extra de estar asentando una variante con identidad propia y elementos diferenciadores del tronco común americano. Estos discos seminales, junto a los de DESTRUCTION en los mismos años, servirían de guía para todo un movimiento orgulloso de sus propios rasgos. Las décadas siguientes confirmaron que, en efecto, había un Thrash distinto a cada orilla del Atlántico, y el revival que el estilo ha vivido ya entrado el siglo XXI también delata una clara filiación por parte de los grupos en uno u otro sentido.


Ahora bien, por paradójico que parezca, habría que tener en consideración la influencia que el “Reign in blood” tuvo sobre el giro estilístico de KREATOR en este tercer álbum, con el que se abría, tras la “época clásica” de los mencionados trabajos iniciales, lo que podríamos llamar su “época dorada”, continuada con un fabuloso “Extreme aggression” y un igualmente espléndido “Coma of souls”. Pasado el cambio de década, los cambios de estilo, las búsquedas, extravíos, aciertos y torpezas del grupo son difícilmente clasificables, al menos hasta el nuevo siglo, pero sus cinco primeros discos son fruto de una racha en continuo ascenso y sin fisuras, y constituyen un legado prodigioso del que pocos grupos pueden presumir. Pero volviendo a 1986 y al también tercer disco de SLAYER: no vamos a ponernos ahora a calibrar su influencia, de sobra conocida por todos, aunque sí es interesante observar que desde entonces caló hondo en Europa el gusto por las producciones nítidas, el sonido acerado y la precisión en la ejecución, todo lo cual acabaría dando origen al Thrash técnico y hasta progresivo representado en Estados Unidos por grupos como REALM, WATCHTOWER, TOXIK, ANACRUSIS o los FORBIDDEN de los 90 (también OBLIVEON en Canadá) y en Alemania por VENDETTA, PYRACANDA, DESPAIR, MEKONG DELTA, DEATHROW en “Deception ignored” o los propios DESTRUCTION en “Cracked brain”.

 KREATOR no llegaron tan lejos, pero marcaron la transición de un estilo a otro y discos como “Terrible certainty” abrieron la puerta y sirvieron de puente para ello. Por primera vez se podían escuchar con claridad todos los riffs y todos los detalles de la batería (el bajo, por desgracia, está casi desaparecido en la mezcla, salvo en el célebre comienzo del tema-título), la producción había despejado toda la maleza sonora anterior, las guitarras ejecutaban cada frase con rabiosa corrección y los temas estaban repletos de filigranas técnicas y rítmicas encajadas cada una en su sitio exacto. Eran prácticamente un grupo nuevo, recién eclosionado del cascarón y en un estado de asombrosa madurez. Aun así, rastreando con cuidado los entresijos del “Pleasure to kill”, se pueden encontrar numerosos avisos de este cambio, si bien camuflados bajo la maraña de guitarrazos y el ciclón de baterías incontroladas. En “Terrible certainty” todo está escrupulosamente controlado, todo parece obedecer a un plan pensado y ejecutado con germana inflexibilidad, y el resultado puede que no sea tan visceral como sus antecesores, pero es igualmente salvaje, y la violencia controlada que despliega es mucho más punzante y obsesiva y por ello más intensa.

Ya desde el título y la portada se anuncia la nueva orientación, nada de guerreros musculosos ni cráneos aplastados, sino una inquietante y misteriosa imagen cargada de sugerencias y dotada de un sentido de lo siniestro mucho más sutil que antes. Las letras serán también un apartado donde quede poco de épocas pasadas, ya que en general tratan asuntos de actualidad basados en preocupaciones sociales, políticas, sanitarias o medioambientales -lo que desde entonces será una constante en su producción-, junto a canciones como “No escape” o “One of us” aún consagradas a la adoración de la violencia física y la locura homicida, o bien la recreación de estos temas bajo temática religiosa e histórica en “Blind faith”. Musicalmente este es el tema encargado de presentar las nuevas directrices, y lo hace sin rodeos: redoble de bombo, riff y a correr. Esta vez reservan la intro acústica para el último tema y eligen saltar al cuello para dejar las cosas claras cuanto antes. El primer riff es complicado en su diseño y rítmicamente difícil de encajar con el veloz repiqueteo de la batería, pero es que así van a ser la mayoría durante sus próximos tres discos. Pocos riffs típicamente Thrash veremos en esta fase del grupo, pocos diseños en plan “Metal militia” o “Angel of death”. En su lugar desarrollan una gigantesca gama de melodías y ritmos entretejidos entre sí cual arabescos llameantes, y ahí es donde reside la novedosa y extraordinaria aportación de este disco.

Técnica y precisión, cambios de ritmo a velocidad endiablada, violencia dominada con firmeza y dosificada a voluntad, una voz que escupe rabia y que grita contra todos… Y así durante ocho temas en los que no hay ni un bajón de intensidad, ni un momento en que aflojen las riendas o descuiden algún detalle. “Blind faith” regala riffs generosamente, a cual más ingenioso, y en todos ellos la batería se integra a la perfección con las guitarras mediante un sinfín de detalles, paradas y redobles, a través de frases y motivos donde cada sección está minuciosamente diseñada. “Storming with menace” no se aleja de estos rasgos y exhibe la misma virulencia combinada con precisión. Tras él llega el primer clásico del álbum, el tema que le da título y que cuenta con uno de los estribillos más infecciosos de toda la carrera del grupo… nunca mejor dicho. Cierra la primera mitad el curioso “As the world burns”, único tema en que aún berrera el batería Ventor y único que baja de los cuatro minutos de duración, un tema muy distinto a los otros siete, más lineal y directo, algo más simple, quizá también más contundente, y una muy buena forma de aliviar la densidad del conjunto.

Con “Toxic trace” vuelven la filigrana encajada a la velocidad de la luz, los cambios de ritmo y una batería que no se desvía un milímetro de su partitura. Guitarras dobladas, armonías insólitas, partes inspiradas y pegadizas, coros poderosos y solos cortantes, qué más pedir en un solo tema. “No escape” recuerda por su gracia rítmica y por el floreo del riff al “Epidemic” de SLAYER de un año atrás, otro buen momento para equilibrar las fuerzas a lo largo del disco. “One of us” insiste en las armonías peculiares y la creación de texturas sonoras que por entonces aún eran una novedad, y mantiene la velocidad, la rabia, los cambios de ritmo y los estribillos coreables. Se cierra el disco con “Behind the mirror” tras la mencionada intro acústica, dando lugar a un nuevo tema rápido de riffs intrincados y estribillo simple que se limita a repetir el título, otra de las futuras claves en los discos del grupo y en sus directos. Con él quedaba todo dicho y la nueva identidad del grupo no tenía vuelta atrás. Tiempo después deambularían sin rumbo fijo hasta reencontrarse a sí mismos en “Violent revolution”, pero las esencias de los KREATOR que dieron altura de miras y pusieron en primera fila a todo el Thrash europeo quedaron fijadas con este valiente, innovador y formidable “Terrible certainty”.

sábado, mayo 26, 2012

KREATOR- Phantom Antichrist (2012)


KREATOR vuelven a la carga en un año que por ahora ha dado frutos magníficos por parte de las grandes bandas veteranas de los 80 y 90. Los alemanes mantienen la línea de la etapa que abrieron con “Violent revolution”, pero esta vez su propuesta se bifurca nítidamente entre un Thrash con sonido moderno y una música de elementos claramente melódicos, enfatizando bastante la segunda, en un movimiento que recuerda al de ANTHRAX en su último trabajo. El resultado es algo que muchas veces no es Thrash sino más bien un Heavy muy intenso y agresivo, haciendo de este disco el menos unidimensionalmente thrashero de los últimos cuatro.

Como perros viejos que son, repiten patrones cuya efectividad han comprobado durante más de una década, tanto en los temas como en la organización global del disco: canciones más cañeras al principio y progresivamente mayor presencia de medios tiempos con fragmentos melódicos, rematando esta vez con un final particularmente calmado. Pero ahora la balanza se decanta hacia la segunda tendencia, entonada en plan grandilocuente (qué decir de un estribillo como el de “From flood into fire”), y la caña parece estar colocada al principio para contentar a los acérrimos. Por suerte, el nivel de inspiración vuelve a ser casi el del 2001 y la potencian mediante recursos como estribillos básicos, pequeñas células melódicas en vez de riffs, armonías épicas, abundantes frases solistas de guitarra, solos marcados por la contención técnica en favor de la expresividad… El disco se aparta en buena medida de los dos anteriores y evita su sensación de premeditación, presentando además ideas pegadizas, una ejecución bárbara y una brillante producción.

Sobre cómo los riffs propiamente Thrash ceden su lugar a los pequeños motivos melódicos, basta escuchar el principio de “The few, the proud, the broken” o “Victory will come”. En otros hay que esperar a que pase la intro, ya sea acústica o de batería, como en “Until our paths cross again” o “From flood into fire”, o dejar que lo que parece ser la melodía principal dé paso a la que de verdad lo es, como en “Your Heaven, my Hell” (por cierto, calcada del tema “Scenery” de ANVIL). En “United in hate”, sin embargo, tras la intro acústica lo que emerge es un tema con auténticos riffs thrasheros, uno de los casos que hay en el disco junto a “Death to the world”, “Civilisation collapse” o el tema-título, y en menor medida “Victory will come”.

Pero incluso en estos temas Thrash vuelven también a incluir partes decididamente melódicas y, cómo no, los estribillos facilones que se limitan a repetir el título (antecedentes no les faltan en la discografía reciente: “Impossible brutality”, “Escalation”, “Hordes of chaos” “World anarchy”, “Ghetto war”…), además aplicando varias veces el mismo esquema de responder rítmicamente a las guitarras en la segunda mitad de las frases. Si el truco funciona para qué cambiarlo, habrán pensado.

En mi opinión el estilo gana mucho cuando funden en una la orientación agresiva y la melódica, como en “The few, the proud, the broken”, pero en general el disco se polariza demasiado entre las secciones de un tipo y las del otro, como pasaba de manera extrema en el último de MORBID ANGEL, sólo que aquí llevado a las distintas partes de los temas y no a estos enteros, aunque con el mismo efecto de confusión.

Tal como decía, la estela de “Violent revolution” está más presente que la de los dos siguientes discos, y si “Hordes of chaos” era una especie de “Enemy of God 2”, este parece retomar aquel otro a la vez que expande sus rasgos menos salvajes. Hay momentos en que uno de repente espera oír el estribillo de “Servant in Heaven, king in Hell” (en “From flood into fire”) o el del propio “Violent revolution” (en “Your Heaven, my Hell”), pero en general no se les puede acusar de copiarse a sí mismos, ya que son casos aislados y en gran medida han superado la tendencia tan repetitiva de sus últimos dos trabajos, sobre todo en las partes menos Thrash, que a veces hasta recuperan aires de la era “Outcast”.

La complejidad estructural es otro rasgo muy marcado de este “Phantom Antichrist”. Todos los temas tienen un montón de partes distintas, tanto en ritmo como en velocidad y carácter. Pero normalmente tienen tan poco que ver unas con otras, o presentan cambios de carácter tan bruscos que resultan cargantes. No sabemos si será una herramienta para despistar al oyente, pero está claro que los temas habrían sido mucho más compactos si no los hubieran planteado así. No veo qué pintan de repente ciertas partes agresivas y rápidas en medio de los temas más evocadores, o ciertas partes líricas en los temas cañeros, ni en general qué necesidad hay de meter tantas y tantas cosas en una sola canción. Acaba dando la impresión de que pretenden, como en la publicidad o en esos videoclips en los que las imágenes van tan deprisa que ni atiendes a la música, confundir al espectador con la avalancha de estímulos simultáneos. Es una estrategia clásica, poco honrada pero efectiva. Entre esto, los estribillos, la soberbia producción –sonido, mezcla, arreglos, coros, guitarras dobladas- o la fuerza de la ejecución (sin olvidar la megacampaña publicitaria que llevan meses desplegando), el disco da el pego, resulta apabullante, prácticamente deslumbra, pero no hay que exagerar, y ni es un clásico ni creo que resista el paso del tiempo con suficiente entereza.

El paradigma de por dónde van aquí los tiros son los estribillos incendiarios y fáciles de corear en directo, que podrán rentabilizar sin problema en los conciertos, en medio de estructuras tipo batiburrillo y demasiado saturadas. KREATOR han grabado un disco que en su conjunto los mantiene frescos y en primera línea, sin haber hecho nada del otro mundo. Quizá no se renuevan drásticamente –tampoco tendría mucho sentido-, pero se revitalizan y además alejándose de fórmulas seguras y buscando caminos distintos aunque ya presentes en su discografía. La habilidad para crear frases convencionales y estribillos sencillos empaquetándolo todo en un recipiente bastante correcto es lo ideal para que puedan pasearlo por los escenarios y que la gente desee oír los temas nuevos. Al fin y al cabo el grupo vive de sus giras –como todos hoy día-, y este disco es un buen balón de oxígeno para seguir adelante en esa interminable campaña.