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lunes, junio 03, 2013

ONSLAUGHT- The force (1986)


Poca gente descubrirá a estas alturas que 1986 es el año del “Reign in blood” y del “Master of puppets”, dos discos fundamentales que pusieron de manifiesto la madurez del género y que al mismo tiempo apuntaban caminos divergentes en su evolución, en todo caso ya iniciados desde tiempo atrás por sus respectivos autores. Alemania, el otro foco principal del Thrash, estaba terminando de dar forma a su escena, con un estilo personal y una plantilla de grupos hoy consagrados. Y a todo esto en la vieja Inglaterra, un territorio en el que el nuevo género nunca dio frutos de renombre, unos casi desconocidos ONSLAUGHT lo llevaban a su culminación totalmente en solitario. “The force” es un disco inusualmente consistente para ese año, y si no tuvo más repercusión fue sin duda porque la sombra de esas dos bestias sagradas era demasiado grande. Siendo honestos, hay que decir que también influyó que el grupo tuviera poca personalidad y que la deuda con SLAYER era demasiado grande, sobre todo en un momento en que la principal arma de los grupos era ofrecer algo único. Mejores o peores, las nuevas bandas aportaban una propuesta personal, y en eso ONSLAUGHT se quedaron muy atrás. Pero el disco era sólido como pocos en aquel momento, un titán de granito que mostraba un Thrash Metal en estado de plenitud, un trabajo compacto, rocoso, monolítico, con un sonido áspero y crujiente y una impresión general de dureza y oscuridad completamente creíble.

El cambio musical desde su debut “Power from Hell” de 1985 delataba que, a pesar de contar con los otros méritos, ONSLAUGHT no tenían una oferta propia (y así lo confirmaría su tercera entrega, “In search of sanity”, con una nueva orientación que despistó y cabreó a partes iguales: tres discos y tres estilos, si eso no es dar bandazos no sé qué puede serlo). Aquel debut era una mezcla de Punk, Heavy sucio y proto-Thrash elemental, todo empapado de adoración hacia VENOM, pero al cabo de un año no quedaba nada de estas coordenadas, salvo el aspecto lírico. Bajo una repentina devoción por SLAYER y cual conversos súbitamente iluminados, de la noche a la mañana ONSLAUGHT eran un grupo de Thrash Metal al 100%, haciendo una música más ortodoxamente Thrash que nadie, lo cual, visto en perspectiva, no dice mucho de ellos, porque en lugar de sufrir una evolución natural prefirieron seguir patrones ajenos. Eso sí, los imitaron de maravilla, pero ciertamente ONSLAUGHT nunca han destacado por su personalidad, y cuando veinte años después han vuelto a editar discos con material nuevo, se han aferrado a una ortodoxia correcta pero previsible, estereotipada y en el fondo aburrida.

Por aclarar aún más sus inicios, y volviendo al año de su estreno discográfico, 1985, recordemos que para entonces VENOM ya eran una institución y habían publicado tres discos que pondrían patas arriba el devenir de la música metálica, aunque también existían otros compatriotas avezados, como TANK, con cuatro, y WARFARE, que habían editado un EP y un primer y explícito “Pure filth”. El campo era amplio y estaba bien sembrado, ONSLAUGHT no venían de la nada y está claro que transitaban sendas ya abiertas. El título de “Pure filth” vale para calificar a toda la trinidad, empeñados como estaban en dejar el sucio sonido de MOTÖRHEAD a la altura de aficionados: también el debut de TANK, “Filth hounds of Hades”, incluye ese término, y a VENOM ni siquiera les hacía falta usarlo porque todo en ellos era porquería y degeneración. Aparte de la “mierda” había otros conceptos que recorrían los títulos del trío de angelitos, como ese “Hades” que se prolongaba en el también inaugural “Welcome to Hell”, o el “”Black Metal” del segundo álbum de VENOM continuado por el también segundo de WARFARE, “Metal anarchy”, o el propio nombre de estos últimos y sus ecos en “At war with Satan” y “This means war” (tercer disco respectivamente de VENOM y TANK). Mierda, Infierno, Metal y guerra, bonita doctrina. Y en estas llegan ONSLAUGHT y saltan con “Power from Hell”, en una especie de “Power of the hunter” (TANK) + “Welcome to Hell”. O fueron tan ingenuos como para no darse cuenta, o fueron tan descarados como para hacerlo adrede, no sé qué es peor.

Pero sigamos adelante: un año después y entregados ya en cuerpo y alma a los cánones de Hanneman & King, ONSLAUGHT engendran este furibundo e imparable “The force”. Puede que tanto el título como la portada parezcan hoy algo simples, pero en aquel momento esa concisión era toda una declaración de intenciones, la expresión más rotunda del espíritu radical, una apuesta decidida por situarse del lado del extremismo. Piénsese que estamos hablando de un mundo sin CANNIBAL CORPSE o AUTOPSY, un mundo pre-IMMOLATION, un mundo donde aún no existían DISMEMBER ni SINISTER. Y musicalmente el disco es un trallazo de principio a final, una patada en la cara a base de Thrash bronco, guitarrazos asesinos y un sonido hiperviolento. Es la cualidad de ser crudo y orgánico lo que hace el sonido de “The force” extraordinario, en línea con los que habían hecho EXODUS en “Bonded by blood”. Enseguida, no obstante, sería el del “Reign in blood” el que triunfaría a nivel planetario y el que impondría el modelo de producción limpia y acerada al que incluso muchos grupos alemanes sucumbieron, incluidos KREATOR, en detrimento de su propia corriente más áspera y macarra. Gustos aparte, es una pena que esta vía perdiera adeptos, al menos si se está convencido de que la variedad siempre es una virtud.

Una de cal y otra de arena: si el disco era brutal, demoledor y apabullante, a la vez que drástico en su forma de abrazar la nueva fe, hay que volver a SLAYER para hablar de los temas. Porque su influencia es más que palpable a lo largo de todos ellos: al margen del sonido, continuador directo del de “Haunting the chapel” y, en menor medida, “Hell awaits” -y admitiendo además que el sonido no es patrimonio exclusivo de ningún grupo-, la huella de SLAYER es demasiado evidente en las composiciones, de entrada en bastantes riffs, pero sobre todo en las líneas vocales, algunas prácticamente calcadas de las del Tom Araya de esos años. Y ya es reprochable que los grupos de hoy en día hagan lo mismo, pero al menos tienen la disculpa matemática, treinta años después, de que las combinaciones posibles de ritmos y notas comienzan a agotarse. En el caso de “The force”, los riffs inspirados en SLAYER imitan tanto el estilo maduro, consciente de sí mismo y plenamente Thrash de su segundo larga-duración, como la aproximación aún a medio hacer y hasta con cierto toque ingenuo del “Show no mercy” (rastreable en temas como “Metal forces”, ya sea en el riff inicial, la parte central, ciertas frases del solo o la armonía de la sección final, o en toda la segunda parte de “Contract in blood”, poco antes del minuto 4, con ese riff ciertamente parecido al de “The Antichrist”). Ejemplos de líneas vocales “prestadas” serían la estrofa de “Flame of the Antichrist”, igualita a la de “Hardening of the arteries” (y que es, por cierto, el patrón que más veces usan); la del break en el minuto 5 de este mismo tema, exportada de la estrofa de “Kill again”; la línea de “Let there be death” en la mitad del minuto 4, que es como la parte central rápida de “Chemical warfare”… Hay más, pero tampoco hace falta insistir y creo que la idea queda clara. En cualquier caso, las líneas vocales de todas las estrofas parecen bastante intercambiables entre sí (o lo son las de “Let there be death”, “Demoniac” y “Flame of the Antichrist”, por un lado, y las de “Metal forces” y “Contract in blood” por otro, como se comprueba fácilmente leyendo las letras y viendo lo bien que encajan unas en otras); los estribillos, sin embargo, son todos bastante más ocurrentes, variados y mejor individualizados.


Otro de los méritos del álbum, y una más de las innovaciones que por aquel entonces se empezaban a extender y a las que enseguida ONSLAUGHT se sumaron, es la larga duración de los temas. Aunque también en esto “Hell awaits” sirve de precedente (y hasta el número de temas es el mismo, siete) y aunque sin duda METALLICA dieron con “Master of puppets” un paso de gigante -que más tarde alcanzaría proporciones descomunales-, es innegable que los británicos se adelantaron a muchos otros grupos en este sentido y en realidad a toda la evolución del género en la década siguiente, cuando los temas comenzarían a alargarse hasta acabar convertidos en armatostes ciclópeos. Ellos no llegaron a tanto, pero esta cualidad titánica, ese carácter imponente de todos y cada uno de los temas de “The force”, es una de sus señas de identidad y en cierta medida un anticipo para su época.

Y pasemos ya a una somera descripción de los temas uno por uno. “Let there be death” abre el disco de la mejor manera posible, con un riff básico que sienta las bases de lo que vamos a encontrar a lo largo del álbum, a continuación entran los demás instrumentos, luego un nuevo riff con el que se dobla el tempo y por fin empieza el tema como tal: rápido, crudo, diabólico, con un estribillo tan directo y efectivo que se permite bajar la velocidad respecto a la estrofa y aun así ser rompedor. Más riffs, solos, partes distintas, un delirio guitarrístico y todo un monumento de Thrash satánico impecable.

“Metal forces” es el primer testimonio de que los temas pares e impares van a ser muy distintos. Serán los pares los que conserven un cierto aire inmaduro, como ya se dijo en párrafos anteriores, frente a la violencia descarnada de los otros. Con todo, el disco avanza de manera formidable y la caña no se detiene ni un instante.

“Fight with the beast” vuelve a ser directo, rápido y furioso, con un rasgado típicamente Thrash ochentero y una impresión general de violencia imparable; el cambio del minuto dos, con su marcada sensación rítmica, da paso a un nuevo riff de clara inspiración SLAYER.

“Demoniac” es el primer tema que presenta una intro, en este caso medio minuto de órgano que crea un ambiente perfecto de misterio y tinieblas. También es un tema compacto, gracias a la simpleza de ese riff que retoma los obsesivos rasgados de guitarra, esta vez sobre un tempo movido pero no demasiado, tras el cual volvemos a llegar a un estribillo al que la bajada de velocidad no le resta fuerza, sino todo lo contrario.


Más ambientación siniestra en la intro de “Flame of the Antichrist”, con sonido de viento, tenebrosas campanas y voces inquietantes. Quizá dos minutos sea una duración excesiva, sobre todo porque lo que viene después no tiene nada que ver con la intro y al final ésta parece más bien un interludio que podría haber aparecido por separado. El tema como tal -el quinto del álbum- corrobora la alternancia de los temas ultrarrápidos colocados en posición impar, y empieza también a revelar que abusan en todos ellos del mismo diseño para el riff principal. Velocidad por un tubo, rasgado salvaje de guitarra, agresividad y contundencia, toda una demostración de fidelidad al recién creado estilo. Al igual que los demás, también atraviesa varias secciones y distintos ritmos, y se confirma como un tema sólidamente construido y perfectamente acabado.

Unos ruidos de cadenas y empieza “Contract in blood”, tema que pertenece al grupo de los que aún delatan huellas del pasado. Son apreciables en el riff principal, de orientación HM camuflada sólo por la violencia del sonido, y, sobre todo, en todo el largo pasaje que se abre cerca del minuto cuarto y que viene a ser uno de los momentos más débiles del disco, no sólo porque el estilo del riff no pegue con lo anterior (aunque explica por qué al poco tiempo acabarían versionando a AC/DC), sino también porque repetirlo hasta la saciedad parece una idea poco afortunada. Y todo esto sin mencionar los grititos de Sy Keeler y confiando en que no estuviera intentando imitar a Tom Araya, porque el resultado es un poco cómico.

Confirmando del todo la citada alternancia, cierran el disco con el brutal y frenético “Thrash till the death”. Aunque su riff principal es ciertamente muy parecido al de los temas 5 y 3, el tema es bestial, colérico, inconmensurable, un paradigma perfecto de Thrash Metal maduro y acabado, en un momento en que muchos otros grupos aún no habían terminado de encontrar su sonido ni definirse por completo. Una pena que un grupo con la clarividencia de ONSLAUGHT, quienes supieron ver los rasgos del nuevo estilo y llevarlos a su culminación al mismo tiempo que los grandes nombres inmortales como METALLICA o SLAYER, no contaran con la personalidad o la individualidad para haber acabado siendo igualmente inmortales. Talento tenían de sobra, ideas no tantas, pero gusto, devoción y convencimiento, muchísimo, y gracias a estas cualidades nos dejaron para la posteridad este rotundo e inolvidable trallazo en forma de disco: “The force”.

sábado, febrero 12, 2011

METALLICA 1984-1988


La música popular se supone que es la que está hecha por el “pueblo”, frente a eso que algunos llaman “música culta”, con una etiqueta en parte mal planteada, en la medida en que no es lo contrario de “popular” sino de “inculto”. Claro, que inculto también significa sin cultivar. Sin formación en una materia, lego, indocto, iletrado. Es decir, popular. El otro término para referirse a su opuesto es el de “música clásica”, pero tampoco termina de precisar la frontera entre lo uno y lo otro, primero porque “clásico” en sentido restringido aludiría sólo a las creaciones del período clásico, es decir, el siglo XVIII, pero sobre todo porque, incluso en su significado más amplio, tendemos a asociarlo con señores de traje y corbata que sólo tocan sinfonías de Beethoven o Mahler, mientras que en realidad existe mucha música producida por personas con una sólida formación académica y con profundos conocimientos específicos de música pero a los que no se incluye bajo ese membrete, principalmente los músicos de Jazz. Por último, de la etiqueta “música seria” mejor ni hablamos, porque, irónicamente, da risa. Pero de la mala.

Y el Rock, por peculiaridades de su naturaleza bastarda, acaba estando muchas veces a medio camino entre lo popular y lo culto. El Pop no, que por algo se llama como se llama, pero el Rock carga con esa maldición, entre otras muchas. O bendición, según se mire. La culpa la tiene su genealogía, que lo hace descender del Blues en paralelo con el Jazz, hermanos de una misma sangre pero por vías diferentes y con aspectos finales completamente distintos. Sin el debido libro de familia ni siquiera parecen parientes. Pero los genes están ahí. Entre los acordes de “Highway to Hell” y las complejidades de DREAM THEATER hay mucho recorrido, pese al origen común y un mismo nombre de pila con distinto apellidos. Lo primero son una panda de chavales tocando cuatro acordes al salir de clase y a quienes las musas han bendecido con su inspiración, y lo segundo son unos tipos con una muy sólida formación musical a nivel técnico, armónico, formal, etc. y a quienes las musas han bendecido también con su inspiración. El Rock ha hecho ese recorrido a veces en el seno de un solo grupo y a veces en el conjunto de todo un movimiento o un género, y algunos grupos han hecho ambas cosas ellos solos, como METALLICA, además sin más ayuda que su propia determinación y una especie de fe ciega en sí mismos.

Los discos de METALLICA del 84 al 88 son gloriosos por algo más que por el brutal y salvaje comienzo de “Fight fire with fire”, comienzo por antonomasia del típico tema de Thrash Metal y tocado con una rabia que aún hoy sobrecoge. Cuando fue engendrado en 1984 todavía faltaba un año para el “Bonded by blood” de EXODUS, el “Killing is my business” de MEGADETH o el “Endless pain” de KREATOR. Prácticamente no existía el Thrash Metal. Y ellos ya tenían el riff prototípico, el comienzo de batería prototípico, el sonido, la temática, la ambientación… ANTHRAX había editado su disco debut en febrero, aún con Neil Turbin a la voz, pero aquello no era Thrash Metal, y tampoco existían el “Hell awaits” de SLAYER ni el primer y homónimo disco de BATHORY, que son respectivamente de septiembre y octubre de ese mismo 1984, mientras que “Ride the lightning” se editó en agosto. No había nada. Si uno lo piensa detenidamente y logra recrear la situación en su cabeza, resulta alucinante. Por supuesto, el ambiente estaba ardiendo y a punto de estallar y METALLICA no eran el único grupo arrastrado por esa incandescencia, pero sí fueron los primeros, incluso antes que SLAYER. Los primeros y los que definieron el estilo y establecieron los moldes que seguirían todos los grupos posteriores. Pero lo más alucinante es que estamos hablando de 1984, cuando en realidad ya habían sacado “Kill ‘em all” en 1983, el verdadero punto seminal. El mundo tardó en reaccionar, y para cuando lo hizo, METALLICA ya había publicado dos discos.

Cada uno de esos cuatro primeros discos de METALLICA marcó un hito y trazó un límite que ellos mismos pulverizarían con el siguiente… salvo el último. El álbum negro es magnífico y es uno de los mejores discos de Metal de la historia, pero no tiene el sentido fundacional de los otros cuatro ni su trascendencia, y tomó una línea tangente frente a su predecesor “…And justice for all”, con el que habían culminado una trayectoria permanente de revolución tras revolución. Y cuando elijo la palabra “revolución” estoy pensando en un cambio drástico, profundo y rápido, que es más o menos lo que significa la palabra. Ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. En sólo cinco años. Todo lo que se ha hecho después en cuestión de Thrash Metal ya lo habían inventado ellos.

Recuerdo haber leído a KISS contar cómo los cogió… ya no recuerdo qué productor, quizá Bob Ezrin, en la época de… ¿“Destroyer”? Al final va a resultar que no recuerdo ni quién ni cuándo, pero no importa, lo esencial es que KISS no salían de sus tres acordes y se empezaron a notar algo limitados a la hora de componer, pero tras pasar un tiempo en el estudio con este productor decían cosas como que “al entrar aquí no hacíamos más que perder tiempo en los ensayos porque apenas sabíamos tocar tres acordes, y al poco tiempo ya sabíamos lo que era un tresillo o un contratiempo y sabíamos tocar en compases irregulares”. Y eran KISS. Quiero decir que no usaron esos conocimientos para expandir su estilo, sino sólo para refrescar sus resultados. Hay multitud de detalles en su música a partir de entonces que reflejan este cambio y que dan a los temas un gancho irresistible, y todo eso se percibe incluso aunque uno no sepa cuáles son esos elementos. Es un claro ejemplo de conocimientos puestos al servicio de la música y no al revés, y, como digo, el oyente lo percibe. Aunque sea de forma intuitiva, pero esas cosas se notan: a veces un oyente no encuentra argumentos para decir por qué un tema no vale gran cosa pero lo está notando, sabe que las notas de tal o cual frase son vulgares aunque no sepa a qué escala pertenecen, sabe cuándo los músicos están luciéndose con un sentido artístico y no por puro malabarismo instrumental aunque no sepa precisar por qué o aunque no pueda analizar las estructuras, la armonía, los ritmos o las texturas. Cuando el conjunto tiene una verdadera coherencia interna, eso se nota. Y METALLICA lo hicieron cada vez mejor hasta el año 88.

Uno de los primeros ejemplos lo dieron en el tema “Ride the lightning”, e intentaré explicarlo sin excesivas complejidades. Es difícil hacer un tema de seis minutos y medio y que tenga entidad propia. Es decir, es muy fácil empalmar trozos sin ton ni son, pero eso no constituye un tema. Si unimos “Let it be” y “Yesterday” no sale un tema de siete minutos, eso está claro. Pero el porqué no es tan fácil de explicar. Básicamente un tema es una unidad orgánica y cerrada sobre sí misma, posee un determinado carácter y es reconocible de forma individual. Lo más básico para eso es recurrir a la repetición de ciertas partes: las estrofas, con el cambio de letra en cada una de ellas, y el estribillo, que normalmente expone un motivo más corto y pegadizo y cuya letra además no cambia en las sucesivas repeticiones. Pero el Rock se aviene mal a estas limitaciones y tiende permanentemente a salirse de ellas o bien a amplificarlas todas simultáneamente. No todo el Rock, claro, pero sí bastantes de sus subgéneros en distintos momentos. El Thrash Metal había sido en principio el resultado de cruzar la velocidad y agresividad de bandas Punk o Hardcore con el sonido acerado y la técnica instrumental del Heavy Metal, y sus primeros exponentes en forma de disco completo seguramente son “Kill ‘em all” y el “Show no mercy” de SLAYER, ambos del 83, y los dos daban ya muestras de una mayor elaboración musical que la de sus fuentes de inspiración. Enseguida la complejidad se volvió rasgo habitual del nuevo género, y poco después definitivo dentro de cierta corriente, y temas como “Ride the lightning” sirvieron para asentar sus pilares.

Maravillas del mp3 para alguien que descubrió, compró y devoró este disco en vinilo: se puede ir parando cada poco tiempo, repetir y hasta precisar el tiempo en que suena cada trozo. Intentaré no abusar de estos dones de la tecnología al hablar del tema “Ride the lightning”, pero necesito explicar por qué supuso un primer gran cambio en su música y por qué sentó las bases para lo que acabaría siendo poco después el glorioso “…And justice for all”. Para empezar, su estructura perfectamente simétrica no puede ser fruto del azar: empieza y termina con la misma intro, sí, pero no me refiero a algo tan obvio, sino al conjunto del tema y muy especialmente a su sección central. Ésta se abre poco antes del minuto dos, más o menos en el 01:56. Hasta ese momento tenemos un tema convencional con su estrofa, pre-estribillo y estribillo, además de la mencionada intro de doce segundos. Carajo… necesito contradecirme y “abusar” del play/stop y el cronómetro, porque si no, no va a haber dios que entienda de qué estoy hablando. Pues a ello. El tema tiene estas partes:

(00:00) Intro
(00:12) Riff 1
(00:32) Riff 2 (puente)
(00:39) Riff 1 (estrofa)
(00:52) Riff 3 (pre-chorus)
(00:58) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / riff 2 (puente)

(01:21) Riff 1 (estrofa)
(01:34) Riff 3 (pre-chorus)
(01:40) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus)

(01:56) Riff 6
(02:09) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(02:19) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)
(02:29) Pausa
(02:35) Riff 9 (+ solo)
(03:13) Riff 9 transportado (solo)
(03:37) Pausa
(03:43) Riff 10
(03:56) Riff 7 (2x) (arpegios)
(04:09) Riff 8 (arpegios)
(04:12) Riff 7 (1x) (arpegios)
(04:18) Riff 8 (arpegios)

(04:22) Riff 6
(04:35) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(04:44) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)

(04:55) Pausa
(05:01) Riff 1 (+ estrofa)
(05:35) Riff 3 (pre-chorus)
(05:41) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / (05:57) riff 2 (puente)

(06:04) Riff 2- variación 1
(06:17) Riff 2- variación 2
(06:30) Intro

Punto primero: esto no es una frikada, aunque lo parezca. Cualquier guitarrista novato, por ejemplo, se tiene que parar a identificar cada uno de los riffs y luego memorizar en qué orden aparecen y cuántas veces. Y estos temas de METALLICA están entre el repertorio básico de cualquier aprendiz, no es nada del otro mundo ni nada propio de cerebritos de Harvard. Punto dos: perdón por la mezcla de inglés y español sin ningún rigor, aunque tampoco pasa nada y la cuestión terminológica no es lo más importante. Y tres: la “x” significa “veces”, y el “+” indica que esa parte se añade al cabo de un rato al riff que la precede.

Dicho lo cual, admiremos la maravilla: para empezar, llama la atención su sorprendente economía de medios, ya que el tema utiliza en total solamente diez riffs (más la pequeña célula melódica de la intro), lo cual es muy poco considerando su larga duración. Hoy día casi cualquier tema de Death enlaza sin problema el doble de riffs en la mitad de tiempo, y eso sin meternos en terrenos de Death o Thrash técnico, todo lo cual le resta identidad al tema y despista al oyente. Pero METALLICA lo hacen con esta pasmosa sobriedad y el conjunto logra una solidez que apabulla, sin que exista el menor riesgo de que suene repetitivo. La otra gran virtud, como decía, es la simetría total del conjunto, a modo de templo griego de dimensiones perfectas: basta ver los números de los riffs y comprobar su secuencia, cómo una vez que alcanzan el 10 comienzan a retroceder sobre sus pasos, no punto por punto pero sí en claro movimiento retrógrado hasta volver a la primera sección y por último a la intro; el resultado se sustenta sobre dos partes extremas iguales (la sección de estrofa-estribillo) con el remate de la intro a modo de adorno, y en medio se desarrolla una larga parte central que, a su vez, también es simétrica, ya que se entra y se sale de ella a través del riff 6. Y aquí viene otra de las maravillas de este tema y otra de sus radicales novedades: las transiciones. Es alucinante la maestría con que pasan de una sección a otra, concretamente cómo repiten el riff 6 sobre una batería que va aminorando su tempo a la mitad y luego a la cuarta parte para así desembocar en el fragmento más lento del tema, el del riff 9.

La suavidad rítmica de esta transición es un indicio más del cambio de METALLICA como compositores, y quizá su primer acercamiento a fórmulas que exceden lo que se suele entender por música “popular”. Pero el tema presenta varios ejemplos más de estas técnicas compositivas: el uso de motivos similares (como el riff 3, que tiene el mismo diseño que el riff 1, o como las dos pausas del 02:29 y del 03:37, que tienen la misma línea melódica descendente y ésta, a su vez, es la misma que la del riff 7), la repetición de materiales anteriores (como los riffs 7 y 8 en el solo, con los arpegios marca de la casa, que aparecían antes como base de la voz cuando dice eso de “Someone help me, oh please God help me”), la transposición (en el riff 9) y la variación (en el riff 2 al llegar al sexto minuto). METALLICA eran entonces unos chavales y no sé si alguien les aleccionó como a KISS o si simplemente fueron haciendo estos descubrimientos por sí solos, pero este tema, con su portentosa consistencia y su armazón perfectamente trabada como un todo orgánico, fue sólo el primer paso. A partir de entonces continuaron profundizando cada vez más en el uso de estas y otras técnicas compositivas hasta dar lugar al descomunal “…And justice for all”, impulsando el estilo que les vio nacer hasta sus máximas dimensiones y llevándolo a terrenos completamente alejados de la música “popular”.

Podría pararme a hacer esto con cada uno de los temas del “Master of puppets” (“Disposable heroes” da también para mucho, por ejemplo) o incluso del “…And justice”, pero le he cogido gusto a que la gente lea mis bobadas y tampoco es plan quedarme sin lectores tan pronto. Desde luego, no lo haré con los temas de “…And justice” porque eso ya son palabras mayores y quiero hacer otras cosas con mi tiempo y mi vida, y es que aquí todos los temas son una mole titánica y un prodigio de diseño, salvo “One”, que en realidad viene a ser como dos temas “pegados”, uno de cuatro minutos y medio y el siguiente los tres restantes, sin ninguna relación entre sí (que su escucha sea, en efecto, apasionante es otro asunto). Sólo diré que METALLICA sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda la intención del mundo: en cada uno de los discos siguientes a “Kill ‘em all” el segundo tema sigue los mismos patrones, casi calcados, pero en cada ocasión las dimensiones del conjunto superan a la anterior y los procedimientos compositivos son ampliados notablemente y explotados con mayor exhaustividad. No hay más que echar un vistazo a la duración de esos temas: “Ride the lightning” 06:38, “Master of puppets” 08:35, “And justice” 09:48. No hay la menor duda de que estaban resueltos a superarse a sí mismos con cada nuevo disco y dejar atrás a todos los imitadores que de pronto empezaron a salir hasta debajo de las piedras. Aparte de algo tan obvio como que el segundo tema era siempre el tema-título del álbum, la organización global de los tres discos es exactamente la misma: intro melódica precediendo a un primer tema ultra-rápido, un mastodonte compositivo como segundo tema, el tercero con un tempo mucho más lento y pesado, la balada en cuarta posición… lo único que variaron fue la colocación de la instrumental de turno, que pasó de la última posición en el 84 a la penúltima en los dos siguientes discos. Como dije antes, ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. No podían ir más allá, habían tocado la cúspide a todos los niveles y no quedaba más por inventar ni por transformar. Al margen de gustos personales, queda claro que hubo unos METALLICA hasta el año 88 y otros a partir de entonces.

Y voy terminando, prometido. Pero no quiero dejarme una cuestión importante sin mencionar: acerca de los discos hipertécnicos no sirve para nada alabar sus virtudes diciendo cosas como “es un disco muy complejo, con canciones largas, riffs retorcidos y solos virtuosos”. ¿Qué aporta una frase así? ¿Las canciones largas son buenas porque sí? E incluso, ¿qué significa una frase así? Quiero decir, qué significa exactamente que un tema sea complejo o un riff “retorcido”. Porque METALLICA, que es a quien se refería la frase, tienen riffs relativamente simples. Riffs complejos son los de la mayoría de discos de Thrash publicados a finales de los 80 o principios de los 90 por grupos que llevaban en activo desde el principio del movimiento y que para entonces rizaron el rizo hasta niveles insospechados (como DEATHROW en “Deception ignored”), o bien grupos que siempre tuvieron esa orientación en su música, caso paradigmático el del los suizos CORONER. En las décadas siguientes la cosa se sale completamente de madre y tenemos grupos como los australianos PSYCROPTIC o riffs como el del principio del tema “Dread and memory” de los canadienses TORN WITHIN, con sus 14 segundos de duración. Y sin llegar a excesos tan recientes, en los ochenta había muchos grupos inventando riffs mucho más “retorcidos” que los de METALLICA, sin lugar a dudas. Pero el problema principal, insisto, es que tampoco el mero factor de la complejidad es una virtud en sí misma, y un disco no es mejor por tener “una batería compleja, rebuscada, con cambios de ritmo constantes y cortes que hacen juegos con las guitarras”. Eso es sólo una descripción, un análisis de sus rasgos, pero presentarlo como un mérito en sí mismo es tanto como pensar que dar muchas notas es siempre mejor que dar pocas.

Me tomo la molestia de indagar en las virguerías compositivas de METALLICA porque el hacerlo demuestra que en parte no hace falta hacerlo… Me explico: hay millones de personas que admiran estos tres discos sin necesidad de ningún ejercicio de disección intelectual, y tienen buenas razones para disfrutarlos sin más, como se comprueba precisamente al inspeccionarlos con lupa. La cuestión es que esos oyentes perciben esto intuitivamente porque en realidad esas virtudes están ahí, existen, y eso es lo que les permite valorar positivamente el disco incluso sin saber explicarlo. Y, sin embargo, viene bien explicarlo y poder desentrañar los entresijos de estas virtudes para confirmarlas, aparte de que el placer intelectual también es un placer –quien conozca a un matemático vocacional y devoto sabrá de qué hablo- pero que no anula en absoluto el otro, sino que se le superpone. Y os aseguro que a mí me exalta tanto la brutalidad primaria de un guitarrazo salvaje –estoy pensando en el principio de “Fight fire with fire”- como el sorprendente descubrimiento de las filigranas estructurales de “...And justice for all”.


domingo, febrero 06, 2011

VOÏVOD- RRRÖÖÖAAARRR (1986)

Este disco apareció en marzo de 1986: el “Master of puppets” se había publicado sólo tres semanas antes, el “Reign in blood” no saldría hasta octubre y el “Pleasure to kill” hasta noviembre. Evidentemente, existían ya un montón de grupos dando mucha caña aparte de los mencionados, estaban EXODUS, OVERKILL, ANTHRAX, MEGADETH, y en Europa ONSLAUGHT, BATHORY y, sobre todo, VENOM. Los que hoy se consideran leyendas y pilares del Thrash, salvo BATHORY, que siguieron otra línea de influencia, y VENOM, que son algo así como los padres espirituales de todo el metal extremo. Pero el estilo aún no había alcanzado su último estadio de desarrollo, y en estas andábamos cuando estos trogloditas musicales publicaron su segundo atentado en forma de disco. Porque esto no había por donde cogerlo. La portada era espantosa pero no tenía nada que ver con el estilo de las portadas de los grupos Thrash del momento, y además salía una especie de monstruo luciendo una cresta de pinchos en una época en la que aún las tribus urbanas de los punks y los heavys no habían dejado de ser poco menos que enemigos. Para colmo tenía un título delirante, un disparate que dejaba pequeño el tema “Aaaaaaarrghh” de VENOM de un par de años atrás. Qué demonios era aquello...

En aquellos años los discos de los florecientes géneros extremos llegaban a España sólo de importación y lo más frecuente era tener que comprarlos por correo a tiendas situadas en las grandes ciudades. Casi siempre la única guía para llevar a cabo la difícil elección era la portada de los discos. Difícil o a veces muy fácil, si brillaba un relámpago de intución. Aunque también esto último era difícil, a su manera, en medio de la marea de sangre, hachas, zombis, pentágonos con demonios, cristos decapitados y monstruos inverosímiles que conformaban un material radiactivo y radicalmente nuevo.

El segundo vinilo de los dioses canadienses tuvo en su día unas críticas horribles, y el apelativo anterior de “trogloditas” musicales está sacado de una de las reseñas de las revistas del momento. La verdad es que el disco sonaba bastante mal, la producción era muy sucia y en parte costaba distinguir qué estaba pasando. Las reediciones en CD han aclarado notablemente este aspecto, pero también le han quitado fuerza y parte de su identidad y hasta de su encanto. Porque en aquel momento VOÏVOD eran caos, eran ataque sin distinción de enemigo, eran confusión, barullo y una prolífica indefinición en todos los aspectos. Igual que le habían puesto este título desquiciado al álbum, tenían un tema llamado “Fuck off and die”, los miembros del grupo se hacían llamar “Snake”, “Piggy”, “Away” y “Blacky”, y éste último llevaba rapada la mitad derecha de la cabeza y la otra mitad con melena. Tenían tachuelas y cuero pero parecían unos punkis camorristas y ni la música ni la voz eran Thrash Metal, y, por supuesto, estaban lejos aún de la psicodelia espacial y fantasiosa que les hizo célebres tiempo después. Ciertamente, eran unos trogloditas.

Sin embargo, si uno se tomaba la molestia de desbrozar toda aquella espesa mole sónica y escuchaba atentamente, encontraba una música intensa, variada, ingeniosa, un torrente de energía y una interminable ristra de ideas y más ideas, riffs, ritmos, líneas insólitas, toques, rellenos, cambios. Sí, el disco era una macarrada y ellos estaban totalmente sin pulir, pero eran irresistibles. El grupo era un volcán de tosca agresividad y de furia mal encauzada, pero también de libertad creativa. Eran impresionantemente innovadores en un momento en que las innovaciones aún no habían culminado, en un contexto en que la innovación era aún el magma fundamental de todos los grupos y la competencia en ese aspecto estaba, lógicamente, por las nubes. Pero VOÏVOD volaban ya a años luz de todos ellos y seguían su propia senda. Y luego estaba todo el aspecto gráfico del disco, obra del batería "Away”, desde la portada hasta la peculiar tipografía con que estaban escritos tanto los títulos en la contraportada como las letras en el interior, pasando por el logo y las diversas imágenes de calaveras extrañas diseminadas por aquí y por allá. Si había un grupo con personalidad extraterrestre, convicción arrolladora, ideas y camino propios y además dispuestos a decirle al resto del universo “Fuck off and die”, esos eran sin duda VOÏVOD.