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domingo, mayo 11, 2014

BARBARIAN PROPHECIES- XIII (2013)

A finales del año pasado apareció el segundo álbum de lo que BARBARIAN PROPHECIES gustan de considerar su verdadera trayectoria, la que iniciaron dos años antes con el excelso "Remember The Fallen". Hace alrededor de mes y medio tuvieron la amabilidad de enviarme el disco, en formato físico porque su devoción por la tradición es total, y si la reseña se me ha retrasado ha sido por una buena razón, y es que el disco, como las buenas esencias, lleva su tiempo, un tiempo que merece la pena dedicarle para conocerlo a fondo, pasear por cada uno de sus recovecos, sus ambientes, descubrir un sinfín de detalles... Al principio, qué duda cabe, no es una escucha fácil, y no solo por su duración, de nuevo superando la hora, sino porque todo está hecho con ese mismo sentido de magnificencia, a lo grande, con ambición a todos los niveles. Cada tema es un monumento de feroz Death Metal a la vieja usanza, un monolito poderoso que se impone por su propio peso, y todos juntos conforman un disco sólido, exuberante y sin apenas fisuras.

Los cambios de ritmo, las intros, las partes acústicas, las guitarras dobladas, los solos melódicos pulcramente fraseados con ese sentido clásico tan arraigado en la banda... son solo algunos de los muchos detalles que uno se encuentra a lo largo y ancho de estas nueve composiciones. Trece temas (cómo no, en un disco llamado "XIII" y publicado en el 2013) que recorren las muchas referencias del Death Metal a lo largo de su dilatada historia. Sin salir del primer tema, "The Hidden", tenemos todos los elementos mencionados pero también unos apabullantes blasts, mucha furia y energía, momentos más sosegados que recrean atmósferas evocadoras, y en todo momento esa sensación de que nos encontramos ante un disco atemporal, y es que el grupo es especialista en combinar todos los sabores y aromas del Death clásico con mayúsculas, sin sonar ni especialmente retro ni especialmente moderno. Es Old-School consciente, devoto y orgulloso, pero no en plan añejo ni cavernoso, y aunque derrochen vitalidad y tengan incursiones de brutalidad, no es Brutal Death, y al mismo tiempo podrá gustar tanto a unos como a otros.

Sin desmerecer a ninguno de los otros músicos, hay que destacar la gran labor del batería Julio G. Valladares, por su precisión y su firme pulso que sirven de fuerza motora al conjunto, guiando la música, marcando los cambios, dando el carácter propio a cada sección y distribuyendo las dinámicas. La voz solista en el disco es la de Kike Rodríguez, quien actualmente ya no está en el grupo y ha sido sustituido por Xavier Lobelle, y pese a tener un timbre y un registro muy apropiados para el estilo que practican, su ejecución resulta por momentos algo monótona y desaprovecha una posible diversidad de recursos que se limita a insinuar de vez en cuando. El sonido y producción del álbum buscan, como la propia música, el término medio y no resultan ni muy digitales y modernos ni muy lúgubres y oscuros, es una sabia decisión por su parte. Todos los temas, salvo "Engulfed", del que hablaremos luego, y la intro de "The Hidden", han sido compuestos y arreglados por el grupo al completo, tanto la música como la letra, otro rasgo más de cohesión en este rocoso disco.

Tras un comienzo magnífico con "The Hidden" y "Anger", llega "Towards Nowhere" con sus fugaces armónicos y su riff elemental, un tema algo deslavazado al que sigue un estupendo "Into The Infinite Void", de nuevo un tema pegadizo y de nuevo con blasts tremendos, además de la aportación novedosa de una voz rasgada y áspera que alterna con el registro rugiente. "Twilight Of Mankind" vuelve a ser algo más flojo y menos pegadizo, pero resurgen -en lo que parece una clara alternancia entre temas pares e impares- con "Embrace Of Insanity", muy pegadizo no solo por la breve parte que hace las veces de estribillo, sino todo él, incluida la sección central antes de los solos (largos, muy largos, fomidables). "Dreadful Game" incorpora ese grito de "Hostility dominates us!" que invita a participar de la música a pleno pulmón. "Nameless Shadows" se queda por debajo, no solo en el apartado vocal (con toda probabilidad unos de los pocos puntos flacos del álbum), sino en los propios materiales que pone en juego, es decir, los riffs y las frases melódicas.

"Punishment Of Oblivion", aunque tiene un principio prometedor, no llega a la altura alcanzada unos temas atrás, las guitarras dobladas y los elementos melódicos quedan contrarrestadas por un parón en el que se quedan como estancados y un final demasiado abrupto. "Defeated" sigue sin conseguir remontar el vuelo, al menos en las estrofas, porque en el estribillo logra recuperar pegada gracias a la bajada de velocidad y al "Lie to me" repetido por la voz, luego pasa por varias partes y velocidades, pero difícilmente conectadas entre sí, y al final le ocurre lo contrario que a "Punishment Of Oblivion" en lo que viene a ser un larguísimo fade-out de minuto y medio. "9 Days Of Storm" es sin duda uno de los momentos cumbre del álbum, el tema más largo (en realidad el único verdaderamente "largo", ya que ningún otro llega siquiera a los seis minutos) y también el más lento y atmosférico, de ritmo marcial y poderoso; poco antes de la mitad da paso a varias secciones algo más rápidas y luego regresa al carácter majestuoso del principio, para cerrar con un largo y obsesivo pasaje melódico, y pese a su longitud es claramente el tema de construcción más sólida y austera.

Y ya poco antes del final llegamos a "Engulfed", tema rescatado de la Demo de ABSORBED "Unreal Overflows", de 1992: música de Óscar Ínsua Jumpin', guitarrista y vocalista en aquella grabación, que colabora habitualmente con la banda y que ya aparecía en dos temas de "Remember The Fallen", y letra de Javier Zarco, bajista en dicha Demo. Aunque tiene una orientación por momentos más cercana al Death melódico y su tempo rápido no es el que prevalece en el resto del disco (salvo quizá en "Punishment Of Oblivion"), "Engulfed" se integra perfectamente bien, además de compartir el mismo gusto por los cambios constantes. Óscar contribuye a la ejecución renovada del tema aportando el solo de guitarra (también lo hace en "Embrace Of Insanity") y se encarga también de la voz solista, con un timbre algo más rasgado que el de Kike Rodríguez y unas inflexiones más alargadas que le dan mayor agresividad e incluso un aire lejanamente Black. El disco se cierra, cómo no, con "XIII", el tema número trece, una pieza exclusivamente acústica que pone el broche de oro a esta larga travesía.

En conclusión, pese a que los temas son más cortos que los de "Remember The Fallen", han metido quizá demasiadas cosas en algunos, cosas que además no siempre merecen la pena, cosas a veces poco o nada pegadizas, y además la forma de enlazarlas es en ocasiones demasiado brusca. Un tema como "Embrace Of Insanity" es un ejemplo fantástico de todo lo contrario, de cómo alternar partes, ritmos y cambios sin pasarse, conservando siempre una cierta economía de materiales y también buscando para los cambios unos ritmos y ambientes que no corten de golpe lo que ha sonado justo antes. En el otro extremo está, por ejemplo, "Towards Nowhere". Por otra parte, algunas estrofas son bastante genéricas, y la voz en general se acaba volviendo algo repetitiva (no se entiende que no la cambien más veces como en "Into The Infinite Void" o que no la doblen como en "Nameless Shadows"). Si el disco no alcanza la perfección es por estas pocas razones. Les habría venido bien aligerar ciertas cosas, desbrozar la espesura, ahuecar por aquí y por allá y dejar que el aire soplara con más libertad. Material hay de requetesobra, y la enorme diversidad del álbum no se habría visto comprometida. Al mismo tiempo hay que alabar que con la creatividad y ambición desplegadas en sus dos discos otros habrían hecho tres o hasta cuatro. y aunque la ambición no garantiza que el resultado sea perfecto, discos grandilocuentes y arriesgados como este son, frente a trabajos más conformistas y previsibles, un auténtico placer.

Por último, algunos datos técnicos: el disco se grabó en los estudios Sadman de Madrid en diciembre del 2012 y fue masterizado nada menos que por Mika Jussila en los renombrados estudios Finnvox de Helsinki, Finlandia, en febrero del 2013. Fue producido,sonorizado y mezclado por Carlos Santos, que ha trabajado previamente con grupos como HYBRID, FREQUENCY, HUMAN MINCER, WORMED o DULCAMARA. La edición física es en formato digipack, el más parecido a un disco de los de siempre, esos en los que todo es especial e insustituible: nada de cajitas de plástico clónicas en las que burdamente se mete un libreto de dos hojas y que podemos cambiar por otra si se rompe o sufre el inevitable desgaste del paso del tiempo, sino un disco en el que el propio continente es parte de la obra, dando lugar a una experiencia global en la que todo es importante, porque aquí todo está cuidado al detalle, el recipiente, la portada, las letras, las imágenes, por supuesto la música, la composición, ejecución y grabación, todo es fruto de la pasión y está hecho por y gracias a la devoción hacia esta música, y eso se nota de principio a final.

jueves, marzo 20, 2014

TROCOTOMBIX - Psicopompos (2013)

¡Los valencianos atacan de nuevo! Así es, poco antes de que acabara el pasado año sacaron este segundo trabajo completo, para mayor gloria de su esquizofrenia musical y su particular odisea psicotrópica, plasmadas ambas de nuevo en títulos delirantes y, sobre todo, en una propuesta compositiva sin rivales en el ámbito nacional. Esta vez su estilo se inclina más decididamente en la dirección del Grindcore convencional, el de siempre, el de toda la vida, en el sentido de que es menor la presencia de elementos que no sean los propios del género, frente a las partes acústicas, melódicas y técnicas que se paseaban libremente por su debut. Aun así la diversidad de ritmos y de riffs que ponen sobre el tapete es igual de alucinante, incluso tiene más mérito, porque lograr esa sorprendente variedad sin recurrir a usar un montón de elementos ajenos es aún más difícil. Básicamente cogen los presupuestos del Grindcore y los estiran hasta sus límites. Se sacan de la manga un catálogo de ideas a cual más imaginativa pero limitando siempre el nivel de extravagancia, todo gracias a una inspiración en estado de gracia. Encima la brutalidad es la propia de cualquiera de los exponentes más cafres del género, ¿qué más se le puede pedir?

La batería vuelve a ser la gran protagonista en la sombra, la responsable de dar las puntadas que mantienen unido el tejido. Todo está encajado con precisión ultrasónica y cada cambio de ritmo (y son incontables) entra donde debe y siempre conducido por la sabia mano de Daniel Ayala. Redobles, fill-ins, blasts, contratiempos, acentos en los platos, cada cual cumple su función, sin llamar la atención, sin alardear de virtuosismo, pero basta prestar un poco de atención para valorar su contribución como se merecen. Las cuerdas, por su parte, se llevan lo más vistoso del espectro compositivo, como es de esperar. Yo no sé qué se meten estos tipos, de qué se alimentan o a qué dios invocan, pero es una proeza cómo consiguen hacer temas Grindcore con frases y riffs tan distintos entre sí, tan ocurrentes sin resultar forzados, tan poco comunes en el género, pero que a la vez te patean la cara de principio a fin. Es perfecto para los amantes de la brutalidad directa y también es perfecto para los que se quieran parar a apreciar los detalles y a admirar su desbordante creatividad. De nuevo, ¿qué más se puede pedir?

Las letras también siguen en su línea: cortas y concisas, a caballo entre lo social y lo surrealista, combinando imágenes oníricas y elementos sacados de la realidad más inmediata. Violencia y rabia destiladas en perlas de extraña naturaleza, como todo lo que crean. Por ir terminando, lo que han hecho TROCOTOMBIX es ir un paso más allá que en su anterior trabajo, buscar el "más difícil todavía" y conseguirlo pero no a base de añadir recargamiento o querer ir de raritos por la vida, sino todo lo contrario. Eso sí que es difícil. Sacar del Grindcore lo que ni el propio Grindcore sabía que tenía es digno de alabanza. Fuerzan un poquito las cosas a veces, sí, también es cierto, y algún momento aislado puede chirriar, pero es ocasional. Creo que no solo a nivel nacional, sino más allá de nuestras fronteras no hay mucho más de media docena de grupos con esta prolífica inventiva y con una aproximación tan indomable y fresca a un género a menudo asfixiado en su propio reduccionismo.

El disco ha sido coeditado por Noma Records, Hecatombe Records, Nooirax Producciones, Discos Macarras y el propio grupo, por ahora en formato vinilo (la edición en CD quizá se la planteen más adelante), incluyendo las letras y un interesante artwork, y limitado a quinientas copias. ¿A qué esperas para hacerte con una?

lunes, enero 20, 2014

OPHIDIUS- The throat of the world (EP, 2013)


OPHIDIUS son una banda de New Jersey formada en el 2012, aunque llevan tocando juntos desde hace tiempo, entre el 2005 y el 2008 como TOTAL RUINATION y del 2008 al 2012 como HADEAN REIGN, o al menos todos excepto el segundo guitarra. En cada grupo anterior habían tenido un cantante distinto, pero en ese año lo que hicieron fue seguir juntos el batería, bajo y guitarra y añadir a la segunda guitarra a Peter Brown de DYSTROPHY, también de New Jersey, y pasar a ser un grupo instrumental. De Death Metal instrumental, pues el estilo también cambió del Thrash Metal original a un Death Técnico de primer orden, y, como digo, sin cantante ni letras.

Hace poco más de un mes colgaron en su Bandcamp como descarga gratuita este fabuloso EP de debut con cuatro temas a lo largo de veintitrés minutos de música cañera, técnica, variada y muy inspirada. Pocas veces se oye Death técnico con semejante sentido de la cohesión, que se vuelve mucho más meritorio al tener que prescindir de líneas vocales. Si ya es difícil que en el Tech-Death veamos temas sólidos en lugar de una petulante ristra de exhibiciones instrumentales, más difícil aún es hacerlo sin la ayuda estructural de las estrofas o los estribillos. Pues estos tipos lo logran. Desconozco el trabajo desarrollado en su trayectoria anterior, pero aquí se presentan como un grupo perfectamente maduro, consolidado y pulido.

No renuncian a dar a su estilo la grandeza de miras propia de los grupos progresivos, pero no hacen Death progresivo como tal, sólo instrumental, en el cual incluyen por igual momentos melódicos, blastbeats, filigranas por parte del bajo, solos fulgurantes o guitarras dobladas. Son cuatro instrumentos trabajando a la vez en pos de una música que respira y se mueve como un organismo vivo. Aunque el nivel técnico es sobrado por parte de todos, está claro que su afán es crear música, temas coherentes, por complicados que sean. Según ellos mismos explican, el EP está inspirado por el videojuego de rol The Elders Scrolls, concretamente por “The Elder Scrolls V: Skryim”, del 2011. Pues nada, que sigan inspirándose en lo que les dé la gana, pero que sigan publicando álbumes tan fascinantes como este o más, que seguro que pueden.

viernes, enero 17, 2014

TENSION PROPHECY- World of phobia (2013)

Segundo disco de este interesante grupo iraní que ha dado un notable giro a su estilo y ha dejado atrás el Death convencional de su debut del 2010. Y no porque hayan incorporado elementos de su tradición o su folclore musical, pese a que la intro del álbum parece anunciarlo, sino porque han abierto su sonido a influencias más modernas y han ampliado el catálogo de recursos compositivos. No queda claro si es una mirada hacia dentro, en busca de un legítimo y necesario estilo propio, o si es una huida hacia el exterior y hacia referencias con solera, pero lo cierto es que el resultado, aun siendo variado y atractivo, tiene ciertas estridencias que despistan, y es que tan pronto parecen IMMOLATION como NEURAXIS o GOJIRA. Eso sí, entretenido e imprevisible no se puede negar que lo es, y, si se piensa bien, tiene su mérito encontrar y exponer el vínculo entre esas bandas, que ciertamente existe, sobre todo desde el punto de vista rítmico.

También aparecen numerosos pasajes técnicos donde las guitarras solistas se exhiben impúdicamente al estilo de los renovados SEVERED SAVIOR o DECREPIT BIRTH, es decir, a base de arpegios, frases agudas, pequeños leads, solos en toda regla, siempre con una fuerte dosis de virtuosismo instrumental. Junto a estos devaneos, en general un tanto bruscos, hay otras varias “interrupciones”, fundamentalmente parones repentinos y cambios de ritmo, e incluso algún momento jazzístico u orquestal, aunque aislados ambos. La batería suena artificial, demasiado robótica, y en cuanto a ejecución tampoco puede decirse que haga nada especial o siquiera que esté a la altura de los demás instrumentos. Y la voz, por su parte, se convierte en la encargada de mantener el espíritu del Death Metal esencial y de no dejar que la identidad sonora se pierda del todo: es la voz tenebrosa clásica, sin guturales infrahumanos, sólo alternada con ocasionales gruñidos más ásperos, y mientras que en otros discos una inflexión tan poco variada peca de monótona, aquí cumple la función de equilibrar el eclecticismo de la música y de dotar al conjunto de cierta unidad.

La producción es superior a la del debut “Riot of sacrificers”, salvo por el mencionado sonido de batería, en general es más rica, más potente y todo tiene más cuerpo y más presencia. Aquel debut, por cierto, vio la luz a través del sello ruso Coyote Records, y ahora han mirado nada menos que a Australia para confiarles la publicación y distribución de su sucesor, dando lugar a un curioso triángulo geográfico y cultural de relaciones editoriales. La temática del álbum es conceptual, y el título de “World of phobia” sirve también como título de la intro y como título del menú que seguidamente despliegan: “Anthropophobia”, “Tyrannophobia”, “Homophobia”, “Eremophobia”, “Panophobia”, “Hypnophobia”, “Phonophobia” y “Algophobia”. El penúltimo de estos ocho temas es instrumental, como la intro, y sigue la misma línea de Death clásico, tecnicismo, ritmos cambiantes y solos incisivos, en un estilo que nuevamente recuerda bastante a IMMOLATION. Sólo falta saber si este parecido es una confluencia espontánea de identidades o si es un paso más en un camino hacia no se sabe bien dónde.

jueves, enero 16, 2014

ORGIASTIC REBIRTH- Corridors of repugnant suffering (2013)


No es que en Nueva Zelanda no haya Death Metal, pero por sus circunstancias geográficas el que hay sale poco o apenas se conoce más allá de sus fronteras, salvo en el caso de algún grupo de renombre como ULCERATE. El que nos ocupa ha ido a fichar nada menos que por un sello ruso, y además de reciente creación, aunque el álbum se distribuye también a través de Sevared Records. Lo que hacen estos ORGIASTIC REBIRTH no se corresponde con lo que a priori parece indicar su nombre o lo que pueda sugerir la portada, obra del Mottla Art Studio: no es Slam, ni siquiera Brutal Death, es Old School Death pero no retro, ya que alberga un poquito de otras cuantas cosas, como las citadas o como ciertos rasgos Doom, y tiene un saludable aire de naturalidad que lo sitúa por encima de tendencias demasiado enclaustradas en sí mismas.

El estilo puede recordar a veces a unos ASPHYX, puede sonar a AUTOPSY, puede parecerse por momentos a MORGOTH, a ROTTREVORE, a CARNAGE… o a DEVOURMENT. Tiene partes arrastradas y ritmos pesados, pero cuando les apetece meter blasts lo hacen, y si quieren arrancarse con un ritmo casi Slam también, como en “Chainsaw the children”, incluso pasan alegremente de lo uno a lo otro en “Mangled cunt fixation”. El tema estrella es el casi instrumental “Substance induced psychosis envoking mass perverse cannibalistic execution rituals”, de duración tan larga como el propio título y honda introspección Doom, aunque otros como “Eviscerate the unborn” también brillan a gran altura. Por el camino despliegan un interesante muestrario de recursos que abarca toda la historia del género pero que en ningún momento suena chocante, ya que funden sus variadas influencias con sentido de la cohesión y el conjunto acaba estando bien empastado.

La mayor pega es el sonido de la batería, demasiado mecánico, demasiado poco orgánico para poder llegar al nivel del resto de la música y de los instrumentos. A cambio, el bajo ha logrado un estupendo sonido medio difuso pero a la vez con cuerpo, y gracias a él se compensa en parte la limitación de la batería a la hora de unificar la masa sonora. Incluyen de regalo un par de versiones, una de MORTICIAN y otra de DEATH, si bien la primera no encaja con el resto del álbum, por el estilo tan distinto de ambos grupos y porque queda en evidencia que las brutalidades y el simplismo de los estadounidenses sólo tienen sentido con cierto tipo de producción. En realidad estas versiones habrían quedado mejor como auténticos “Bonus-tracks”, sin escatimar duración a la aportación creativa personal, que al final se queda algo escasa y nos deja con la sensación de que no han explotado toda su riqueza de registros y de que podrían haber exhibido aún más todo su potencial, por ahora sólo insinuado.

miércoles, enero 15, 2014

PERVERSE DEPENDENCE- The patterns of depravity (2013)


Estos rusos tenían hasta ahora el mérito de estar haciendo algo distinto a la mayoría pero sin salirse de los cánones. Era un mérito especial, ganado en su fantástico debut del 2009, que consistía en destripar quince temas cortos y a toda velocidad (outro aparte) a lo largo de veintiún minutos y, sin embargo, no hacer Grindcore, ni tan siquiera Deathgrind. Era Brutal Death de manual pero concentrado en píldoras de minuto y medio o menos. En cuanto a sus ingredientes nada revolucionario, nada del otro mundo y nada que no hagan otros muchos grupos, lo que era diferente era esa manera especialmente furibunda y condensada de ejecutarlo, su habilidad para lograr que cada tema, en su brevedad, pasara por varias secciones distintas, y su imaginación para enlazar riffs tocados a la velocidad de la luz y cargados con una buena dosis de técnica y enrevesamiento rítmico pero a pesar de eso llamativos. Cuatro años después, la formación de la banda ha cambiado por completo salvo el guitarra Slava, y también ha cambiado la música que ofrecen.

El planteamiento general no ha cambiado, mantienen su propuesta de temas hiperveloces por debajo de los dos minutos, guitarreo frenético y una batería obligada a un particular encaje de bolillos para poder seguir el paso a Slava. Lo que sí ha cambiado es la forma de realizarlo, ya que aplican la misma fórmula constructiva a cada uno de los diecisiete temas, el mismo diseño en los riffs, la misma ristra de notas, los mismos acentos irregulares, los mismos cambios de ritmo en el mismo punto de cada tema… Lo peor es ese ametrallamiento de notas con que insisten una y otra vez y que parece igual siempre. Suponemos que no lo es, pero ciertamente lo parece. Basta escuchar el tema “Forced foreskin soldering”, por ejemplo, y ya está oído el disco entero. O cualquier otro, porque son todos clónicos. El planteamiento del grupo es muy interesante, hasta original sin haber inventado nada, es diferente a lo habitual y les hace destacar, pero lo llevaron a cabo con muchísima más variedad y gracia en su debut que en esta espesa y apelmazada continuación.