miércoles, febrero 09, 2011

BEGRIME EXEMIOUS- Impending funeral of man (2010)

Al igual que THY FLESH CONSUMED este grupo viene de Canadá, y al igual que ellos practican un perfecto híbrido de Death y Black, claramente más inclinado hacia el primer género pero sin que esa etiqueta les pueda definir por sí sola. Es decir, no se les podría confundir en la vida con DEICIDE, por ejemplo. Pero tampoco con IMMORTAL. Y, sorprendentemente, incluso se puede decir que no tienen nada de ninguno de los dos pero que, en efecto, hacen Black/Death. Por eso me traen a la cabeza a sus mencionados compatriotas, porque ambos hacen una especie de música extrema oscura y agresiva, sin más, o como mucho una especie de Death áspero, primitivo y nada técnico, con sonido difuso, voces que van de lo chillón a lo rugiente pero nunca son guturales, riffs simples, mucha rabia y una sensación general de holocausto apocalíptico.

Lo mejor es que, como en toda propuesta híbrida, no se imponen patrones previos y hacen lo que les sale, y el resultado es en todo momento imprevisible. Tampoco es chocante o excéntrico, simplemente no es previsible, lo cual se agradece. Pasan de los blasts a las partes pesadas sin previo aviso, con bastante variedad entre uno y otro extremo, partes rápidas, medios tiempos… Esa libertad estilística es su mejor baza, junto al sonido caótico y el ambiente de destrucción que transmiten.

Por lo demás, al disco le falta tener momentos que destaquen por encima del resto y salir de su propia y excesiva homogeneidad, porque llega un momento en que el muro sónico abruma. Lo decoran con algún pasaje solista, con paradas en las que la música puede respirar un poco, pero vendría bien contar con pasajes y riffs más inspirados o que se quedaran en la cabeza (seguramente “Filthy sodomite of Christ” es la que sale mejor parada en este sentido). Cada tema por separado es un cañón, pero basta enlazar dos para que no quede muy claro dónde acaba uno y empieza el otro.

lunes, febrero 07, 2011

HEXXED- The synapse collision (2010)

El subgénero no basta para que un disco tenga calidad, si no, todo lo que se nos presenta como “progresivo”, “técnico”, etc. –por no hablar de lo “experimental” o lo “avant-garde”- tendría que ser bueno, y no es así. Pero inconscientemente puede que a veces nos dejemos llevar y pensemos que unos estilos son en sí mismos mejores que otros, o más proclives a producir discos valiosos. Que la complejidad siempre es una virtud, o que el Grind, de entrada, no puede dar obras de alta calidad musical. O que estos HEXXED, por el mero hecho de cultivar el Death progresivo, tienen el don de la inspiración. Pues no es así, y me temo que había muchísima más genialidad compositiva en cualquier disco de NASUM que en todo este “The synapse collision”.

Riffs parcialmente enrevesados en los dos primeros temas, algunos ritmos irregulares (“Channels”), otros con un ingenuo despliegue de contratiempos y síncopas encadenados de manera bastante forzada (“The aetheric plane”), frases con una especie de sabor mecanicista debido a sus estructuras repetitivas (“Perceptions derailed”), siete minutos largos de pura yuxtaposición de secciones sin ninguna relación entre sí (“Triclopics”), una voz con diversos y cambiantes efectos… todo parece concebido para crear ambiente en una espasmódica pista de baile poblada de ciborgs, pero está realizado de forma terriblemente artificial. Y eso se nota de lejos, desde aspectos tales como los títulos de los temas o el del propio álbum, como si partieran de la idea de que hacer cosas raras porque sí mola. En realidad faltan ideas –sobre todo a nivel musical- y sobran poses.

Pero  lo peor no es eso, ya que aún más grave resulta la propia indefinición del disco. Junto a todo lo descrito aparece un tema casi instrumental con los rasgos justamente opuestos –regularidad métrica, tempo lento, ambiente sosegado… el titulado “Ataraxia and the subsequent flight”-, un largo interludio acústico de relieve totalmente plano (“Rewire”), dos temas de seis minutos y medio cada uno hechos a base de sonidos atmosféricos (“The electric mind”, partes 1 y 2 respectivamente)… No sé si es peor el recurso fácil a la rareza sin contenido o el puro y descarado relleno que demuestran con todas estas salidas de tono.

El disco tiene doce temas, así que, salvo dos, ya he hecho una caracterización de todos ellos y una descripción de su sentido –o sinsentido- dentro del conjunto. Esos otros dos son “Unearth” y “Critical mass”, con duraciones algo por encima del minuto y de los dos minutos, respectivamente, y vienen a ser los temas más honestos y a la vez con más cohesión dentro de un disco con muy pocos o ningún atractivo, ni en su concepción ni en su ejecución. Músicas creativas infinitamente más interesatnes, y también con buenas dosis de extravagancia, las hay a montones y en todos los subgéneros (PECCATUM, SIGH en sus mejores momentos, los MARTYR canadienses, sus compatriotas UNEXPECT o los propios VOÏVOD a la cabeza de todos). Mejor acudir a ellas.

domingo, febrero 06, 2011

VOÏVOD- RRRÖÖÖAAARRR (1986)

Este disco apareció en marzo de 1986: el “Master of puppets” se había publicado sólo tres semanas antes, el “Reign in blood” no saldría hasta octubre y el “Pleasure to kill” hasta noviembre. Evidentemente, existían ya un montón de grupos dando mucha caña aparte de los mencionados, estaban EXODUS, OVERKILL, ANTHRAX, MEGADETH, y en Europa ONSLAUGHT, BATHORY y, sobre todo, VENOM. Los que hoy se consideran leyendas y pilares del Thrash, salvo BATHORY, que siguieron otra línea de influencia, y VENOM, que son algo así como los padres espirituales de todo el metal extremo. Pero el estilo aún no había alcanzado su último estadio de desarrollo, y en estas andábamos cuando estos trogloditas musicales publicaron su segundo atentado en forma de disco. Porque esto no había por donde cogerlo. La portada era espantosa pero no tenía nada que ver con el estilo de las portadas de los grupos Thrash del momento, y además salía una especie de monstruo luciendo una cresta de pinchos en una época en la que aún las tribus urbanas de los punks y los heavys no habían dejado de ser poco menos que enemigos. Para colmo tenía un título delirante, un disparate que dejaba pequeño el tema “Aaaaaaarrghh” de VENOM de un par de años atrás. Qué demonios era aquello...

En aquellos años los discos de los florecientes géneros extremos llegaban a España sólo de importación y lo más frecuente era tener que comprarlos por correo a tiendas situadas en las grandes ciudades. Casi siempre la única guía para llevar a cabo la difícil elección era la portada de los discos. Difícil o a veces muy fácil, si brillaba un relámpago de intución. Aunque también esto último era difícil, a su manera, en medio de la marea de sangre, hachas, zombis, pentágonos con demonios, cristos decapitados y monstruos inverosímiles que conformaban un material radiactivo y radicalmente nuevo.

El segundo vinilo de los dioses canadienses tuvo en su día unas críticas horribles, y el apelativo anterior de “trogloditas” musicales está sacado de una de las reseñas de las revistas del momento. La verdad es que el disco sonaba bastante mal, la producción era muy sucia y en parte costaba distinguir qué estaba pasando. Las reediciones en CD han aclarado notablemente este aspecto, pero también le han quitado fuerza y parte de su identidad y hasta de su encanto. Porque en aquel momento VOÏVOD eran caos, eran ataque sin distinción de enemigo, eran confusión, barullo y una prolífica indefinición en todos los aspectos. Igual que le habían puesto este título desquiciado al álbum, tenían un tema llamado “Fuck off and die”, los miembros del grupo se hacían llamar “Snake”, “Piggy”, “Away” y “Blacky”, y éste último llevaba rapada la mitad derecha de la cabeza y la otra mitad con melena. Tenían tachuelas y cuero pero parecían unos punkis camorristas y ni la música ni la voz eran Thrash Metal, y, por supuesto, estaban lejos aún de la psicodelia espacial y fantasiosa que les hizo célebres tiempo después. Ciertamente, eran unos trogloditas.

Sin embargo, si uno se tomaba la molestia de desbrozar toda aquella espesa mole sónica y escuchaba atentamente, encontraba una música intensa, variada, ingeniosa, un torrente de energía y una interminable ristra de ideas y más ideas, riffs, ritmos, líneas insólitas, toques, rellenos, cambios. Sí, el disco era una macarrada y ellos estaban totalmente sin pulir, pero eran irresistibles. El grupo era un volcán de tosca agresividad y de furia mal encauzada, pero también de libertad creativa. Eran impresionantemente innovadores en un momento en que las innovaciones aún no habían culminado, en un contexto en que la innovación era aún el magma fundamental de todos los grupos y la competencia en ese aspecto estaba, lógicamente, por las nubes. Pero VOÏVOD volaban ya a años luz de todos ellos y seguían su propia senda. Y luego estaba todo el aspecto gráfico del disco, obra del batería "Away”, desde la portada hasta la peculiar tipografía con que estaban escritos tanto los títulos en la contraportada como las letras en el interior, pasando por el logo y las diversas imágenes de calaveras extrañas diseminadas por aquí y por allá. Si había un grupo con personalidad extraterrestre, convicción arrolladora, ideas y camino propios y además dispuestos a decirle al resto del universo “Fuck off and die”, esos eran sin duda VOÏVOD.