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miércoles, diciembre 04, 2013

DEATH ANGEL- The dream calls for blood (2013)

Es difícil hablar de este disco sin enrollarse más de la cuenta, porque tiene pros y contras y ambos muy pronunciados, no es un mal disco pero no es un gran disco, es seductor y es repetitivo, tiene gancho y es previsible, son DEATH ANGEL y no son DEATH ANGEL. Es un disco irregular en todos los sentidos. Intentaré no enredarme demasiado al desbrozar esta idea principal, pero de verdad que cuesta.

En una primera escucha parece otro disco más de otro grupo clásico reformado, todo muy correcto, muy profesional, muy sólido, pero sin el menor riesgo, innovación ni personalidad, indiferente como tantos artículos en serie. Y en una segunda lo sigue pareciendo, porque es Thrash clásico de manual, para lo bueno y para lo malo, aparte de algunos toques modernos y melódicos y mucha técnica. Lo bueno: que quien quiera caña en esa onda la va a encontrar al 100%, ya que velocidad, guitarrazos y voz agresiva los hay sin descanso, e incluso con más intensidad que en sus últimas entregas. Lo malo: que si le quitan el nombre de DEATH ANGEL y ponen cualquier otro de una nueva banda de retro-Thrash, ni se nota.

Aquí personalidad hay muy poca, y sí mucha observación de cánones sagrados para parir un disco estilísticamente intachable pero también predecible y creativamente bastante mediano. Ahora bien, si uno intenta señalar algo mal hecho en el álbum, se hace difícil: tiene fuerza, no suena mal, el estilo es homogéneo y los músicos están a un gran nivel técnico. Incluso tiene su inspiración, su chispa, muchísima energía… Los estribillos son simplones pero pegadizos, los riffs convencionales pero efectivos, los ritmos repetitivos pero arrolladores… la mayoría de ideas son facilonas y van a lo seguro, pero, caramba, lo hacen muy bien… ¿dónde nos deja todo esto?

Pues en que con la tercera escucha te entra bajo la piel y le coges el puntillo, todo se retiene fácilmente, suena fresco y con pegada y tiene la suficiente variedad para no aburrir. Aun así ya va uno notando que los tres primeros temas empiezan demasiado parecidos, llega el tema-título y otro tanto (pero cómo resistirse a ese rasgado salvaje de guitarra…), el tempo rápido típico del Thrash de siempre empieza a oler, los estribillos ya nos suenan y van perdiendo fuerza, las líneas vocales se parecen demasiado (pero cómo no alabar la fuerza vociferante de “Succubus”)…

Con las escuchas número cuatro, cinco, seis, mil, el estribillo de “Fallen” aún resiste frente al de “Son of the morning”, pero del tema-título sólo queda en pie el rasgueo endiablado, “Succubus” se ha vuelto hiperenfática y levanta dolor de cabeza, el prometedor inicio de “Don’t save me” se pierde una vez más en el tempo de siempre y termina de fracasar con otro estribillo facilón, “Empty” sigue en la línea de exceso e hinchazón cortesía de las producciones del siglo XXI, hay demasiadas voces, gritos, redobles, demasiado afán por intentar demostrar que aún están jóvenes y vitales, todo está subido al nivel 10 de 10 y al final tanta intensidad acaba por agobiar.

El disco soporta mal el paso del tiempo, esa es la conclusión. Lo que en la tercera escucha supuso una sorpresa en forma de ideas frescas y directas resulta ser un repertorio de trucos de corta vida. Es lo que ocurre con los productos diseñados a medida de los gustos del consumidor, que se piensa más en satisfacer esa expectativa inmediata que en poner la libertad creativa como motor de todo, y a la larga no aguantan. Es un buen producto en las distancias cortas, es de efectos rápidos y cumple de maravilla su misión, es de usar y tirar.

Pero volviendo a los pros, hay que destacar la extraordinaria labor de Damien Sisson al bajo, muy superior a la de las propias guitarras y sin duda lo mejor y lo más interesante del disco. En los contras, la voz de Mark Osegueda va teniendo menos fuerza y parece que el timbre rasposo y cortante de otros tiempos se le va limando víctima del tiempo. La producción… lo esperable por el sello y por la naturaleza y finalidad del producto, limpia, clara, digital pero con poca alma. En cuanto a temas, ya que la mayoría abusan del mismo tempo rápido y están hechos a base de riffs genéricos y estribillos facilones (habrá que ver cuántos pasan la prueba de sonar en directo), me quedo con “Detonate”, que se adentra en otros terrenos más amenos, la final “Territorial instinct / Bloodlust” también es distinta y más variada, aunque le falta algo de garra. En resumen, Cavestany y Osegueda siguen adelante, y me alegro por ellos, pero los DEATH ANGEL de hoy son poco más que un nombre con buen tirón comercial.

lunes, junio 18, 2012

DEATH ANGEL y EXODUS en directo


Un par de cosas me quedaron claras después del concierto de ayer: la primera es que DEATH ANGEL en directo son bestiales, un grupo ultra-violento (nunca mejor dicho, jeje), o al menos así son lo que queda de su formación original, un frenético Mark Osegueda al micro y un Rob Cavestany terriblemente ruidoso con sus continuos harmónicos, rasgados y demás chirridos concebidos para taladrar tímpanos. Fueron un ciclón y destrozaron al público tocando su "The ultra-violence" de principio a final. Mención especial también para su actual batería, Will Carroll, otro animal que metió tralla por un tubo machacando su instrumento como un poseso, vaya forma de aporrear. Tres de cinco haciendo el bestia son un porcentaje tremendo en un grupo. El final del concierto, con un larguísimo chillido, redoble, guitarreo y traca final de luces, fue apoteósico.

La segunda cosa es que Lee Altus se lo pasa mejor con EXODUS que con HEATHEN: ya le había visto tocar con los primeros, pero nunca con su banda original y menos aún con ambas formaciones en la misma noche y el mismo escenario, y hay que decir que con EXODUS no para de vociferar las letras, se mueve más, cambia de sitio, incita al público y en general se le ve mucho más suelto. Claro, que el repertorio también lo favorece, y es que los temas de HEATHEN tienen bastante más enjundia y no le permiten tanta libertad de movimientos ni dejar de mirar sus seis cuerdas casi de continuo. Quizá ambos grupos cubren en él dos necesidades complementarias como músico, en cuyo caso sólo cabe alegrarse por él y envidiarle por estar donde está, haciendo lo que más le gusta y encima por partida doble.