lunes, febrero 28, 2011

HORDE CASKET- Slab of infinite butchery (2010)

Segundo disco de estos americanos devotos del Brutal Death made in… USA, cómo no, publicado por Sevared Records y con portada a cargo de Jon Zig: son dos buenas pistas que aciertan sin dejar margen para las sorpresas. Respecto a su primera entrega han mejorado sensiblemente varios aspectos, sobre todo la producción, que es superior, más contundente pero a la vez más clara, lo que ayuda a que la música sea inteligible. Quizá sea una nueva dimensión que el grupo quiere adoptar, en consonancia con el lavado de cara que le han hecho al logo y que lo ha vuelto legible. Y el disco es algo más cercano a un verdadero larga duración, aunque para ello hayan incluido cuatro bonus-tracks, tres de ellas versiones distintas de temas aparecidos en su anterior “Landscape of cadavers” del 2008.

Eso sí, de brutalidad no han perdido ni una milésima parte, y esto sigue siendo Brutal Death americano con toda su ortodoxia, tanto en riff, blasts, voces, títulos, como en iconografía general y estilismo. La voz, ya que la menciono, también es “casi” inteligible, y se agradece que sea algo más que un ruido informe y monótono. Algún chillido de gorrinillo aparece también de vez en cuando, lo que le da aún más variedad. También añaden partes solitas esporádicas, que tienen el mismo efecto que la variación en la voz o los muy frecuentes cambios de ritmo: hacen que la música gane en sobriedad (el tema “Cardiopulmonary regurgitation” es un buen ejemplo en todos los sentidos). Y, aunque a veces esta máxima no se siga, la claridad favorece la brutalidad, mientras que la confusión la camufla y al final acaba por matarla.

Lo que no cabe esperar es encontrar partes pegadizas ni que el grupo facilite la tarea de diferenciar los temas entre sí. Los riffs tienden a ser complejos, sin llegar a ser “Tech”, y la velocidad de los temas suele moverse por los tempos más rápidos. Pero como además todos los temas tienen varias partes –en general poco o nada relacionadas entre sí-, el resultado acaba siendo un amasijo de fragmentos ciertamente atractivos por separado pero que, si se escuchan de un tirón de principio a final, pueden llegar a saturar. Y eso que la mayoría de canciones no llegan a los tres minutos. Lo que tienen de bueno en cuanto a sonido y variedad les flojea bastante en cuanto a estructurar los temas. Pero si lo que se busca es hartarse de oír genuino Brutal Death americano, tipo SUFFOCATION, GORGASM o LUST OF DECAY, el placer está asegurado.

viernes, febrero 25, 2011

NEOLITH- 2010- Individual Infernal Idimmu

Impresionante disco e impresionante grupo, con todas las letras. Polonia ha dado nombres formidables y también muchos clones de esos grandes nombres, pero NEOLITH se encuentran entre los primeros. No sé qué repercusión tienen fuera de sus fronteras y tampoco conozco sus dos anteriores discos, pero éste, al margen de gustos personales, no se puede negar que es demoledor y que derrocha personalidad y oscuridad por los cuatro costados, lo cual en los tiempos que corren es mucho. Pero también solvencia musical, todo ello marcado por el conocido sello de calidad polaco y dentro del estilo de Death con tintes Black que ha acabado por ser distintivo y reconocible en esas tierras. ¡Y sin copiar a BEHEMOTH!

Aun así, están más cerca de éstos que de VADER, por el ambiente de maldad ultraterrena que emanan, por sus tempos más lentos y pesados y porque aún mantienen ciertos rasgos Black. También tienen un vínculo innegable con IMMOLATION, tanto en el aspecto estilístico como en el compositivo. Pero desbordan las etiquetas, y en realidad sólo cabe decir que hacen una música oscura, diabólica y devastadora. Nueve temas más una intro en algo más de cincuenta minutos, y lo dan todo: una montaña de sonido que aplasta lo que se ponga por delante, voces demoníacas, teclados ambientales, unos riffs y unos ritmos que no podrían confundirse con ningún otro, detalles solistas, cambios, arreglos... Cada tema está hecho desde las entrañas, con toda la entrega y autenticidad que uno pueda esperar, y además todos están trabajados a conciencia para conseguir un magnífico resultado, aunque es verdad que les falta cierto sentido unitario.

Es impresionante con qué facilidad los temas se transforman y pasan de una sección a otra y en todas ellas cada idea es nueva y genuina, y con qué efectividad está organizado todo para dejar al oyente clavado en el sitio ante el aura y la atmósfera que logran generar. Y eso que no es un disco fácil, en absoluto. De hecho, es de esos discos que en una primera escucha admiran o incluso abruman pero no enganchan. No es un disco directo, pero seduce de una manera distinta y mucho más duradera, porque poco a poco se va infiltrando en ti hasta que no te lo puedes sacar de dentro. Con cada nueva escucha se descubre algo nuevo, y a medida que uno se adentra más en los temas y los va desentrañando a fondo, se va hundiendo más y más en sus tenebrosos encantos hasta verse irremediablemente arrastrado a adorarlos.

Cada cual tendrá su opinión al respecto, pero por mi parte creo firmemente que el hecho de que un disco necesite varias escuchas es una virtud, aunque sin llegar a los excesos de ciertos grupos de Death técnico, por ejemplo, que da igual las veces que uno lo oiga porque es imposible retener nada (y a veces incluso distinguirlo). Esto aquí no sucede, primero porque los tempos lentos permiten diferenciar todo a la perfección y ubicarlo en su sitio, y segundo porque los riffs y los ritmos ni se repiten ni se parecen, cada uno es una invención individual y cada uno está donde debe estar. Puede que no sean pegadizos a la primera, pero dentro del contexto que acabo de describir es mejor así. Prefiero un disco que me rete y que a cambio me ofrezca algo nuevo cada vez, porque de esa manera se vuelve casi inagotable. Y siendo algo cínico, hasta rentabilizo mejor mi compra así en lugar de con un disco unidimensional que al tercer asalto me deje indiferente.

Para terminar se permiten un escarceo Doom en el tema “Hallowed be the signs!”, al parecer herencia de otros tiempos y otras orientaciones estilísticas del grupo. Lo hacen en la estrofa, más calmada y evocadora, y también en el mastodóntico riff que la sucede, ultrapesado y más doomy que todos los que han aparecido antes, tal como corresponde a la personalidad del tema. Pero la estructura y planteamiento de éste son, con diferencia, los más simples de todo el disco, y entre esto y el mencionado cambio de estilo hay que admitir que desentona un poco, incluso estando situado al final, y con sus casi cinco minutos resulta algo largo para entenderlo como una especie de coda. En cualquier caso, se trata de una minucia que no empaña las fabulosas cualidades de este sorprendente disco.

jueves, febrero 24, 2011

FOUL STENCH- Eternal rot (2010)

Un viaje en el tiempo es lo que proponen estos americanos, directamente a las entrañas del más podrido, pesado y clásico Death Metal. Claro, que en realidad para ellos no es tal viaje, porque existen como grupo desde 1990 –aunque en aquella década no publicaron más que tres demos y luego el grupo se deshizo hasta hace pocos años- y ciertamente se nota que, pese a sonar arcaicos, no están copiando fórmulas ajenas ni siendo unos oportunistas. Es decir, su insistencia en un estilo tan añejo parece en principio lícita ya que no han ido a buscarlo a ningún sitio más que a ellos mismos. Otra cuestión es el acierto o no con que logren crear su música y también si suenan personales.

Más bien no, la verdad, porque se parecen demasiado a demasiados temas de grupos como OBITUARY, GOREFEST o los NAPALM DEATH post-Bill Steer. A veces suenan también a unos primeros BENEDICTION, y en general no pasan más allá de ese margen cronológico. No es nada reprochable, ya que ellos mismos participaron de la efervescencia de aquel momento y del estilo al que dio lugar. Pero no deja de resultar extraño que veinte años después no hayan actualizado en absoluto su sonido ni sus esquemas, más aún siendo éste su primer disco completo después de tantísimo tiempo.

De todas formas, la mayor pega no es la falta de personalidad, sino la escasa inspiración. El primer tema es un cañón, innegablemente, y después tienen momentos aislados en que vuelven a sonar convincentes, pero el disco va perdiendo efectividad a medida que pasa el tiempo. Los temas que suceden al primero son los que suenan más a los GOREFEST de “False”, incluida la voz, tanto por las partes en que los holandeses empezaban a ralentizarse (“Consumed” y “Frozen”) como por las partes en que aún pisaban el acelerador (“The drip” y “Fuk’d”). El resto tienen como atractivo sus cambiantes pasajes con ritmos distintos y sus reminiscencias de los grupos ya señalados, pero en general la simpleza y los riffs ramplones van haciendo perder el interés, con casos especialmente llamativos como “Sick” o, sobre todo, los finales “Eternal rot” y más aún “Packin’ puss”.

A su favor tienen una producción excelente, con un sonido claro pero no excesivamente “moderno” y una contundencia que les beneficia hasta el punto de hacer que hasta el riff más simplón suene aplastante.  También hay que reconocerles que en todos los temas alternan la velocidad de las distintas partes y consiguen así evitar la monotonía. La impresión final creo que dependerá en gran medida de los gustos de cada cual: cada tema por separado suena bien, cañero, ameno y además entra a la primera, y a los fans de SIX FEET UNDER les gustará contar con una banda más que no plantea complejidades ni dificultades en su propuesta. Quien le pida algo más, y además conociendo la competencia y oferta desmesuradas de hoy día, quizá lo aprecie como un entretenimiento pasajero y poco más.

miércoles, febrero 23, 2011

EZURATE- Eve of desecration (2010)

Tercer disco de EZURATE, totalmente centrado en sonidos y planteamientos Black de cuando ellos mismos empezaron, es decir, en la década de los 90. Interminables blasts acompañados de chillidos infernales, guitarras que raspan y letras que invocan al Príncipe de las Tinieblas son los ingredientes que toman de esa noble tradición cuyos  cánones siguen sin apenas desviarse.

Dentro de estos parámetros añaden una orientación melódica que recuerda a grupos como OLD MAN’S CHILD o a algunas partes más accesibles de DIMMU BORGIR. Pero a diferencia de los primeros les falta imaginación, y frente a los segundos carecen de cierta grandilocuencia que suele sentar bien a este tipo de grupos. Su mayor atractivo es que son fieles a los rasgos del género, en plan DARK FUNERAL, y que lo hacen con innegable autenticidad. Temas rápidos, rapidísimos, voces agónicas y una distorsión que se filtra por tus poros hasta envenenarte el alma, con esos ingredientes el disfrute está asegurado para los amantes del género, aunque quizá sólo para los más incondicionales.

Algunos temas se llegan a hacer algo largos –el propio disco supera la hora de duración-, sobre todo porque las fórmulas del grupo no varían demasiado a lo largo de las quince canciones que presentan y que incluyen una intro, dos interludios y una outro. No inventan nada ni tampoco lo hacen con una personalidad radicalmente propia, y están lejos de poder ponerse medallas en cuanto a inspiración, pero sólo por el placer de su sonido maléfico y de su velocidad inalcanzable ya merecen la pena. Si en directo transmiten toda la entrega que han logrado plasmar en disco, sin duda harán pasar un buen rato a más de uno.

martes, febrero 22, 2011

Años negros

El primero en caer fue Chuck Schuldiner. Luchó durante dos años contra un tumor cerebral al tiempo que otro ilustre “Chuck”, el cantante de TESTAMENT, hacía otro tanto contra su propio cáncer, aunque éste con resultado victorioso. El menudo y afable líder de DEATH murió el 13 de Diciembre del 2001, pero no es de él ni de su pérdida de quien quiero hablar, aunque por motivos obvios también lo haré. Ciertamente, fue el primero de una serie de guitarristas de Metal extremo que murieron a lo largo de la década pasada. Sin embargo, la inquietante concentración  de muertes tuvo lugar en poco más de dos años, entre Junio del 2004 y Agosto del 2006. Quorthon, Dimebag Darrell, Mieszko Talarczyk, “Piggy” (Denis D’Amour) y Jesse Pintado. Dos de ellos en Diciembre –igual que Schuldiner- y el resto en cada uno de los tres veranos, con una macabra regularidad. Todos salvo uno en la treintena –también como Schuldiner-. Todos guitarristas, pero, sobre todo, todos ellos grandes innovadores en sus distintos estilos y algunos incluso verdaderos pioneros.

Chuck tenía 34 años. Había dado nombre a una de las bandas más influyentes del underground metálico y, a su vez, a todo un movimiento, en una cruel ironía del destino. Él solo, compositor supremo, cantante, guitarrista, líder indiscutible y maniático de los cambios de formación, había recorrido el camino desde un sonido Thrash-Death bravucón y gritoso con toda su correspondiente temática gore hasta uno de los ejemplos más depurados y personales de creación musical dentro del género, es decir, desde “Scream bloody gore” en 1987 hasta “The sound of perseverance” en 1998. Su enfermedad duró dos años largos, y, como en el reciente caso de Dio, verlo venir no fue ningún consuelo, pero en lo que atañe a esta breve semblanza, constituye una de las razones, junto a la evidente distancia temporal, para que quede fuera de esa desgraciada lista que va del 2004 al 2006.

Ace Börje Forsberg (Thomas Forsberg según otras fuentes) fue siempre conocido como “Quorthon”, el alma e identidad en exclusiva de BATHORY y un auténtico pionero tanto del Black como posteriormente del Viking Metal. Murió en su Estocolmo natal el 7 de junio del 2004 con 38 años, aparentemente de un ataque al corazón, tras haber grabado y publicado una docena de discos bajo el nombre de la mencionada condesa aficionada a bañarse en sangre de doncellas y otros dos más en solitario. Satán guarde su alma.

La historia de Darrel Abbott, habitualmente nombrado como “Diamond” o “Dimebag”, es más conocida por todos, particularmente la de su incomprensible final a manos de un lunático que lo acribilló a balazos sobre el escenario, cuando PANTERA habían desaparecido como grupo dando paso a DAMAGE PLAN. Al menos murió haciendo lo que más le gustaba y lo que le hizo pasar a la historia como absoluto renovador de la guitarra eléctrica en su vertiente más agresiva. PANTERA no eran un grupo de Thrash, pero llevaron el Metal tradicional a su límite de salvajismo a la vez que le daban un carácter groovy que influiría en cientos de bandas de todos los géneros y subgéneros cañeros. Cuando le mataron el 8 de diciembre –como a Lennon- de ese funesto 2004, tenía exactamente la misma edad que Quorthon: le faltaban unos pocos días para cumplir treinta y ocho años y cuatro meses.

Definitivamente, el mundo se conjuró contra los principales guitarristas extremos en el 2004, porque a las causas naturales imprevistas y a la locura homicida de un descarriado se sumó antes de terminar el año la ira de la naturaleza: el tsunami de Indonesia sorprendió a Mieszko Talarczyk de vacaciones con su novia en Indonesia, y allí murió arrastrado por la gran ola, al día siguiente de Navidad y tres después de haber cumplido treinta años. Al frente de NASUM había dado nuevos aires al limitado género del Grindcore y lo había convertido, junto con grupos como PIG DESTROYER, en un estilo creativo y variado sin perder sus raíces de brutalidad y simpleza. Fue otro gran renovador y dignificó un género que en discos como “Inhale/Exhale” o “Human 2.0” vivió su propia revolución con el cambio de milenio.

El 2004 fue un año aciago, sin duda, y durante los primeros meses del 2005 pareció que la maldición había pasado. Nada más lejos: al creador de la personalísima música de VOÏVOD y de sus riffs extraplanetarios, Denis D’Amour, le fue diagnosticado un cáncer de colon que tardó poco en llevarse su vida. El 26 de Agosto, un mes antes de que hubiera cumplido cuarenta y seis años, “Piggy” murió, y con él una de las mentes más originales e innovadoras desde que el Thrash Metal comenzó a extenderse a principios de los 80. Su gusto por las disonancias, su rara creatividad y su abstraída dedicación fueron modélicos para muchos grupos coetáneos y posteriores, y su prestigio le sobrevivirá por siempre.

Un año y un día después moría con treinta y siete años el guitarrista de NAPALM DEATH y cofundador de TERRORIZER, el mexicano emigrado a Estados Unidos Jesse Pintado, tras una vida de excesos con el alcohol que habían terminado por acabar con su hígado y, en último término, causarle un coma diabético. El año anterior había abandonado la formación en la que sirvió durante un cuarto de siglo, desde que sustituyó junto con Mick Harris a Bill Steer cuando éste decidió concentrarse a tiempo completo en CARCASS. Jesse había grabado aquel mismo año 89 el seminal “World downfall” con TERRORIZER, obra clásica del Grindcore y disco unánimemente admirado e imitado por las generaciones siguientes y aún hoy. De ahí pasó a las filas de ese otro gran pilar del Grindcore, de manera que puede decirse que fue uno de los pocos músicos que han participado en varios grupos de tal importancia –junto al citado Bill Steer y otros como David Vincent, Jack Owen o Dave Mustaine-, si bien su aportación a NAPALM DEATH consistió en reorientar el sonido de éstos hacia terrenos más cercanos al Death y, posteriormente, en explorar facetas algo más experimentales. De Jesse Pintado tengo su firma en la entrada de uno de los primeros conciertos a los que asistí. No sé por qué de los cinco músicos le elegí precisamente a él cuando acabó el concierto y bajaron del escenario. Supongo que, de nuevo, fue una broma macabra del destino.

BABY STAB HORROR- In the name of Satan (2008)

Éste es un disco peculiar: tiene un cierto atractivo sensorial, algo primitivo que logra transmitir una sensación de agresividad creíble, pero al mismo tiempo es repetitivo y poco original hasta decir basta. Durante un tiempo logra dar el pego, pero cuando uno se fija en sus méritos musicales con algo de detenimiento, sale pronto del engaño.

No sabría muy bien cómo describir el estilo, porque el diseño de los riffs, el sonido y las voces son tres apartados que en este disco no cuadran demasiado entre sí, no responden a los rasgos de ninguna tendencia que logre cohesionarlos. Por desgracia, esto no se traduce en variedad o creatividad, sino en una molesta incoherencia general. Tienen algo de Death sueco y algo de neo-Thrash, pero la pobreza compositiva que demuestran no les sitúa ni en un sitio ni en otro. A mi juicio, lo mejor que tienen son las voces, un doble ataque vocal realmente violento y hecho con genuina convicción. Por esa parte es por donde logran dar la impresión de ser unos auténticos maníacos enviados por Satanás, pero ahí termina lo bueno.

Los temas son tan parecidos entre sí que cuesta imaginar cómo harán para poder recordarlos. Se salva especialmente “Ascension” (en cuanto a marcar diferencias con los demás, no en cuanto a originalidad ni ideas interesantes), y el resto son casi calcos los unos de los otros, o lo son todos de un par de pautas de las que no saben salir. Largas partes –podría llamárseles estrofas- de los temas “Exhibit A”, “Vitriolic message of hate” y “Turning Paradise to ash”, por ejemplo, tienen el mismo tempo, el mismo ritmo y la misma línea vocal, punto por punto. Y los demás recurren demasiado a menudo a riffs que no son riffs, es decir, a ese conocido y genérico acompañamiento rítmico de una sola nota con algún adorno aislado, sobre los cuales la voz chilla su rabia trazando patrones de lo más impersonal y previsible.

El resultado es machacón y su escucha llega a aburrir, pese a que al principio logren crear una atmósfera seductora. A esto contribuyen, además de las voces, cosas tan peregrinas como el nombre del grupo o la portada, que generan unas ciertas expectativas pero que al final se quedan en pura fachada.

lunes, febrero 21, 2011

EMPTY PLAYGROUND- Under dead skin (2010)

No siempre está claro qué significan etiquetas como Death Industrial, Horror-Death y otras aún más rebuscadas. En este caso los rasgos relacionados con tales etiquetas vendrían dados en forma de sonidos, ruidos y voces que se añaden a la música, pero ésta en general no difiere tantísimo del Death convencional como podría pensarse. Tiene un gusto claro por ritmos machacones, eso sí, y en este sentido me vienen a la cabeza sus compatriotas HATE, sin que en realidad se parezcan en cuanto al diseño de los riffs ni de los temas, pero sí en que ambos grupos comparten un mismo ambiente opresivo y oscuro. Otros parecidos quizá más cercanos pueden ser los primeros discos de GRIP INC. o algunas partes de grupos como TOTAL DEVASTATION.

Aquí, sin embargo, prevalecen los riffs de pocas notas en los que lo principal es la sensación rítmica. Huyen de complejidades artificiosas y se inclinan más por lo contundente y lo simple, hay a veces algún armónico estridente de guitarra pero poco más, y no se puede decir que les atraigan las excentricidades. La voz, por su parte, es cavernosa y prototípicamente Death, y constituye así otro elemento más que les  mantiene ligados al género en su sentido más amplio. Un tema como “COHF” o el principio de “Rage”, son buen ejemplo de todo esto, tanto por el sonido como por la música, sin dejar por ello de incluir el sello personal de la banda.

Lo que no le sienta nada bien al disco es que todo él esté organizado a base de alternar un tema digamos “normal” y una especie de interludio que suele rondar los cuarenta segundos –con ruidos que además no difieren mucho unos de otros-. Da la impresión de que estuviera teniendo lugar alguna acción cuyo sonido quieren mostrar al oyente, quizá como parte de una historia con sucesivos capítulos, pero lo cierto es que interrumpe continuamente la escucha y no permite que la música fluya. Al margen de este gran inconveniente, en general tampoco aportan nada del otro mundo; no es que lo hagan mal, pero su principal baza en realidad es poco más que maquillaje sonoro y bastante decorado teatral.

domingo, febrero 20, 2011

Metal genrology


No hay mucho que añadir al primer cuadro, que encontré, por cierto, en www.anus.com/metal/about/genre, para no restarle el debido mérito (la página es muy interesante por las toneladas de información que alberga, por ejemplo en la parte sobre estilos o sobre historia, pero cuando se lee a fondo se descubre pronto un fanatismo y un aire de intransigencia bastante inquietantes). El segundo es más claro aunque algo pretencioso, y el tercero me temo que crea más confusión que claridad. A ese primer esquema se le pueden hacer algunas objeciones –y, tras ver los otros, se notan ciertas contradicciones-, pero en general vamos a convenir que está bien así. Lo que me pareció más interesante es otra cuestión: en una de las muchas rutas imprevisibles que uno sigue por la red, llegué a una página de The Metal Inquisition donde se narra en primera persona la participación de alguien en el sello Wild Rags Records, secundario en la época pero con su relativa importancia.

No tiene mucho que ver con el cuadro genealógico como tal, pero sí por la parte de reconstrucción histórica que presenta, y por el hecho que me pareció verdaderamente importante: en los USA vivieron todo aquello en primera persona. Quiero decir que todo lo que contemos nosotros, pobres españolitos rezagados, viene a ser un efluvio, un eco de lo que llegaba aquí aquellos días. O bien lo que hemos descubierto ya en tiempos recientes gracias a internet y el trasiego de información actual. Pero en aquel momento la información a uno y otro lado del océano era otra, la vivencia otra, la percepción otra.

Hoy día el panorama es tan distinto que no es sólo que la información llegue pronto o deprisa, ni tan siquiera de forma inmediata: es que es simultánea. Pero de esa genealogía ochentera aquí nos pudimos enterar con cuentagotas y la perspectiva tuvo que ser a la fuerza parcial. Baste como ejemplo que la por entonces única revista metalera patria publicó un especial de Thrash Metal –con Ulrich en la portada- donde aparecían nada menos que… ¡Stryper! Y ¿por qué?, pues simplemente porque habían publicado su segundo disco con Music For Nations y durante un tiempo todos los grupos del sello cayeron en la misma categoría indiscriminadamente. En ese especial aparecían más grupos que no hacían Thrash, pero lo de Stryper era con diferencia lo más inverosímil.

Otra muestra de la diferencia esencial de percepción es que desde aquí ni aún hoy sabemos del todo cómo llamar a los géneros o cuándo empezó a establecerse tal o cual denominación. Valga el siguiente ejemplo: encontré hace poco un enlace para descargar en pdf un ejemplar de la revista americana Kick Ass, concretamente el número de marzo del 85 –con METALLICA en la portada-, y en ella se habla abiertamente de Death Metal no una ni dos ni tres veces, sino continuamente al referirse en la sección de reseñas a grupos como DESTRUCTION, SODOM o BATHORY, o al hablar de AGNOSTIC FRONT y diferenciarlo de las Death Metal Bands. Increíble. El caso es que las fuentes están allí, todos los fanzines, las revistas, las fotos, los anuncios publicitarios (en uno llaman a GRAVE DIGGER “Power Metal”), las anécdotas…

ARUM- Occult cataclysm - The new era rises (2006)

Desde Brasil llega este disco de Black hecho con un estilo peculiar y no siempre común. No es el clásico Black centrado en la adoración del mal y en los elementos satánicos, ni tampoco el que se ambienta en las gélidas estepas y los paisajes blancos de Escandinavia, aunque sí guarda relación con bastantes partes del “Storm of the light’s bane” de DISSECTION, por ejemplo. En general es un heterodoxo engendro que destila más esoterismo que maldad, como ya anuncia el título con su alusión a lo oculto.

Su principal mérito desde el punto de vista musical es la también peculiar gama de armonías que utiliza y que no son las previsibles en este género, así como el recurrir a escalas que no son completamente propias del Black convencional ni tampoco de otros subgéneros más melódicos, sino una especie de mezcla equidistante. El resultado es que suenan muy personales, esto es innegable. Otro gran punto a su favor es el trabajo del bajista, que, aparte de tener un sonido claro y una presencia destacada en la producción, lleva a veces el papel protagonista de los temas, pero nunca es recargado ni pretende hacer exhibiciones técnicas, sino que rellena a la perfección el espacio sonoro con sus arpegios y frases y da una formidable sensación de plenitud al conjunto.

El mayor problema, sin embargo, es que rítmicamente tienden a repetirse y de hecho se vuelven monótonos demasiado pronto. Esto es especialmente grave en el caso de los riffs, que usan casi siempre figuras regulares y de ahí no salen: el principio del primer tema es un buen ejemplo, y no pasaría nada si en lo sucesivo mostraran más variedad, pero no es el caso. También los ritmos por los que atraviesan los temas y las distintas partes que van creando acaban siendo los mismos al cabo de poco rato. Y eso que no se le puede reprochar falta de variedad, pues los cambios son continuos, pero no consiguen que los temas tengan una personalidad propia e individual.

Por otra parte, el disco no ofrece partes que destaquen sobre el resto ni algo –ya sean riffs o melodías- que se quede singularmente grabado en la cabeza ni el oído. Hay secciones con voces medio operísticas, ocasionales sonidos de teclados, algunos solos de guitarra y hasta tres intros acústicas. El disco está bien trabajado, sí, pero me temo que son mayores sus logros arreglísticos que los expresivos, y al final son éstos los que seducen al oyente y hacen que un disco sea memorable.

El grupo existió como banda de Thrash entre 1989 y 1994 (aunque no llegaron a grabar nada), y cuando se reunieron de nuevo en 1998 se pasaron al Black, grabaron la demo de un solo tema “Willowthewisp blooming in wrath” y entonces cambiaron su nombre a ARUM. De entonces, y a través de las distintas encarnaciones de uno y otro grupo, sólo permanece el guitarra y cantante Marcelo Miranda. Y para este último CD regrabaron y añadieron como cierre el mencionado “Willowthewisp…”, que ya regrabaran como apertura de su primer disco en el año 2001, “Fierce everlasting tempest”.

viernes, febrero 18, 2011

XANADOO- Black, Death, Grind, Shit! (2010)

A estos tíos les gusta el riesgo: alguien que titula su disco “Black, Death, Grind, Shit!” se expone a ser tomado muy poco en serio, bien por la mezcla indiscriminada de estilos que sugiere el título o bien por el tufillo a cliché que desprende semejante lista. O por ambas cosas a la vez. Así que les debe traer sin cuidado la impresión que causen o el hecho de si logran o no despertar interés. Pero al final lo mejor de todo es que… aquí no hay ni Black ni Death ni Grind!! Hay un genuino Thrash de estilo violento, rápido y agresivo con ocasionales reminiscencias de NWOBHM. ¿Juegan al despiste, son unos cachondos, hay un significado oculto que se me escapa?

No lo sé, pero entretanto me centraré en la música: un furioso ataque de Thrash primitivo, con muy mala uva y un sonido crudo y desgarrado. Al principio la cosa parece retro-Thrash sin más –un riff básico y una batería rápida-, pero luego entra la voz, que más que gritar ladra, y al cabo de unos minutos te han atrapado. Todo aquí resulta auténtico, desde el sonido a la rabia con que tocan –o berrean- pasando por los riffs vieja escuela y la aparente simpleza con que está hecho todo. Digo aparente porque en realidad los temas tienen cambios de tempo, parte distintas, rellenos, respuestas rítmicas entre batería y guitarra, partes solistas y algunas dobles melodías.

Salvando las distancias estilísticas, transmiten la misma sensación que el primer disco de ENFORCER, “Into the night”, un producto fresco, ameno, con una innegable chispa e imaginación pese a estar consagrado a un género con décadas de antigüedad. En este caso, como digo, el estilo no es el de los suecos, sino que va un paso o dos por delante en cuanto a violencia, salvo en algunas partes como en la final “Onwards of death” o en el tema “Subterranean hemorrhoid blues” (sí, va a resultar que son unos cachondos), donde los guiños a la NWOBHM son más evidentes. Pero les dura poco y enseguida retoman la caña a toda velocidad con “Man is fetus” (otro título absurdamente cómico, como el de “This song is shit”). Y si el espíritu y la sensación general son esos, el estilo está próximo al de unos SAVAGE GRACE pero más rudos, los EXECUTIONER de “In the name of Metal” y “Break the silence”, AT WAR o los primeros WHIPLASH.

La mayor pega del disco es doble: por una parte, que el ritmo de los temas y también su estructura acaban siendo siempre los mismos, y eso en principio no sería un problema porque casi todos tienen suficiente gancho, pero con que sólo uno sea más genérico –como el penúltimo, “R.O.D.”- surge la monotonía. La otra parte negativa, relacionada con esto, es que el disco dura poco más de 28 minutos, así que a poco que decaiga, ya acabamos teniendo un disco bastante reducido. El problema de fondo es que el álbum consiste en regrabaciones de los seis temas de sus demos “Blood is dirt” (2008) y “This demo is shit” (2009) –que a su vez ya han usado en varios Splits-, a los que añaden ahora una breve instrumental y la mencionada “Subterranean…”. Lo extraño es que tienen dos demos más, del 2006 y 2007, con otros seis temas que podrían haber regrabado también para conformar así un larga duración de verdadera envergadura. Quizá lleven otro estilo, no lo sé, pero es una pena, y además hace sospechar que quizá su creatividad haya empezado a agotarse antes de haber dado un fruto realmente sobresaliente.

miércoles, febrero 16, 2011

IMPIETY- Terroreign (Apocalyptic Armageddon Command) (2009)

El título ya lo dice todo: “El reino del terror”. Es decir, brutalidad y violencia, pero al mismo tiempo pocas ganas de andar con innovaciones ni originalidades. Y por si quedan dudas, el subtítulo sentencia: “Apocalyptic Armageddon Command”. Más tópicos pero que en su caso tienen sentido, porque IMPIETY llevan en esto más de veinte años y han contribuido a crear todo este universo de tópicos a base de maldad y salvajismo musical. Lo que en otros sería falta de ideas, en ellos es fidelidad a sí mismos. O al menos lo es por parte del maníaco de Shyaithan, único miembro original y verdadera encarnación de la identidad del grupo.

Para este sexto disco, el demonio malayo ha reclutado una nueva formación y ha grabado un disco que no hace sino prolongar su legado de destrucción sónica. Quien conozca sus anteriores trabajos sabrá que no es fácil definir a IMPIETY, porque hacen Black pero también Death y a la vez suenan a Thrash. Tienen la portentosa característica de sonar a todo ello sin ser nada de ello en exclusiva. Y en esta ocasión no cambian sus postulados: Black-Death apocalíptico con aires Thrash para llevar el Armagedón a tu casa.

Y lo logran: blasts traídos directamente del infierno que vuelan a velocidad inhumana, voz propia de un poseso escupiendo fuego, partes solistas y riffs totalmente desquiciados… La producción me plantea una duda permanente, porque es algo embarullada y caótica, de forma que a ratos no permite distinguir qué está pasando, pero al mismo tiempo es la perfecta para recrear la aniquilación global que pretenden estas malas bestias. Cada cual que juzgue.

Ocho temas más la intro y la outro de rigor y para qué más. Ninguno de ellos destaca especialmente –y en realidad cuesta diferenciarlos-, pero al menos cuentan con algún cambio, algún medio tiempo en medio de la tormenta de ultra-blasts y algún gesto de sutileza. Pero pocos. Una vez más, el estribillo del tema título es el mejor ejemplo: “Terroreign, terroreign, reign of terror”. Pues eso.

lunes, febrero 14, 2011

UNDER THAT SPELL- Apotheosis (2010)

Esto es verdad: cuando oí por primera vez este disco, hace varias semanas, acababa de escuchar otros siete y el día anterior diez más, todos nuevos, y aun así me agarró por el cuello, me zarandeó, me dejó atónito y se me quedó grabado en la cabeza desde el primer instante. A diferencia de esos otros diecisiete, lo dejé sonar entero sin una sola interrupción. Y cuando acabó lo volví a poner otra vez desde el principio y volvió a llegar hasta el final sin interrupciones.

Puede que un buen porcentaje de mi exaltación sea subjetiva, pero también creo sinceramente que este disco tiene unos valores reconocibles que van mucho más allá de los gustos personales. Para empezar: estos tipos tienen personalidad. No inventan nada ni renuevan el género, pero oyendo todos los temas uno tiene la sensación de que UNDER THAT SPELL son UNDER THAT SPELL, que no son cualquier otro grupo ni podrían serlo. Por supuesto, hay influencias de grupos consagrados –el género no lo han inventado ellos ni es de hace tres días-, pero ellos tienen rasgos propios, un estilo coherente a lo largo de todos los temas y varios elementos concretos a los que recurren de continuo. En definitiva, lo que decía: que tienen personalidad y son reconocibles.

El estilo en principio es una especie de Unholy Black con blasts interminables, ambientación oscura y sonido rasposo, pero continuamente acuden a elementos melódicos que logran alternar magistralmente con ese planteamiento general de malignidad ortodoxamente black. En varios temas –por ejemplo “Under That Spell” y, sobre todo, “Their last creation”- recurren a secuencias armónicas diatónicas en modo menor –los acordes tan usados por Steve Harris en IRON MAIDEN, para entendernos-, vestidos con sus ropajes satánicos, por supuesto, o a pasajes de resonancias épicas y aires grandiosos, e incluso a repentinos fragmentos acústicos. Variedad no les falta, desde luego.

Y luego están los riffs. Ése es el segundo gran punto a favor del disco y del grupo. Cuando oí por primera vez ciertos riffs, mi reacción inmediata fue levantar la cabeza y dejar lo que estaba haciendo para concentrarme plenamente en la música, y un segundo después de que terminasen ya quería volver a oírlos. Tras varias escuchas, se me quedaron en la cabeza con la misma persistencia que otros cuantos de discos clásicos y emblemáticos. Más que pegadizos, algunos son adictivos, pese a su simpleza. O quizá por eso mismo. Están, por una parte, los típicamente black, con sus trémolos de una nota y su armonía invariable y repetida, y en este apartado el primer tema tras la intro, “Below”, es una enciclopedia, aparte de empezar con una de las estampidas más frenéticas y obsesivas que he escuchado últimamente, al estilo del “White tomb” del 2009 de los irlandeses ALTAR OF PLAGUES.

Después aparece “I am the prophet”, otro tema misilístico que, sin embargo, comienza con un riff que no presagia el bombardeo de blasts que está a punto de desatarse. Pues se desata, pegue o no con el riff, y luego el tema pasa por varios pasajes muy distintos aunque no da sensación de complejidad, ya que son partes contrastantes entre sí y que no reaparecen ni se relacionan las unas con las otras. Éste es otro de los recursos habituales del grupo, tanto que cuando acaba cada tema no parece que hayan transcurrido sólo cinco minutos –media de todos ellos-, de tantas cosas como hemos oído por el camino. El siguiente tema, el tema homónimo del grupo, vuelve a dar buena cuenta de esto que digo.

Y llegamos a “Black”: qué esperar de un tema con semejante título… ¿Un tema arquetípico? ¿Un topicazo predecible? Pues no, todo lo contrario: de entrada, un riff que podría figurar en el último disco de NACHTMYSTIUM, “Addicts – Black Meddle Pt. II”, y luego un desarrollo posterior también en esa onda, aunque sin alcanzar la ambiciosa extravagancia de los americanos. UNDER THAT SPELL absorben algunos de estos elementos del Black moderno pero se mantienen fuertemente enraizados en los cánones del género, al estilo de sus compatriotas TODTGELICHTER, logrando una mezcla final delirantemente atractiva.

“The final march” es lenta y de ritmo pesado, “The eldest name of God” es más violenta y empieza con un riff muy BEHEMOTH, y la final “Apotheosis”, pese a abusar del riff inicial, remonta y convence. No sé si tienen más talento que inspiración o al revés, pero por ahora las musas les acompañan. Su simpleza, tanto en los riffs como en las estructuras –y hasta en los títulos-, es una virtud y les da una frescura y una inmediatez que enganchan, y cuentan además con el privilegio de dar con riffs pegadizos y construir temas memorables. El grupo se formó en el 2009, así que quizá sea la suerte del novato. Bendita suerte.

sábado, febrero 12, 2011

METALLICA 1984-1988


La música popular se supone que es la que está hecha por el “pueblo”, frente a eso que algunos llaman “música culta”, con una etiqueta en parte mal planteada, en la medida en que no es lo contrario de “popular” sino de “inculto”. Claro, que inculto también significa sin cultivar. Sin formación en una materia, lego, indocto, iletrado. Es decir, popular. El otro término para referirse a su opuesto es el de “música clásica”, pero tampoco termina de precisar la frontera entre lo uno y lo otro, primero porque “clásico” en sentido restringido aludiría sólo a las creaciones del período clásico, es decir, el siglo XVIII, pero sobre todo porque, incluso en su significado más amplio, tendemos a asociarlo con señores de traje y corbata que sólo tocan sinfonías de Beethoven o Mahler, mientras que en realidad existe mucha música producida por personas con una sólida formación académica y con profundos conocimientos específicos de música pero a los que no se incluye bajo ese membrete, principalmente los músicos de Jazz. Por último, de la etiqueta “música seria” mejor ni hablamos, porque, irónicamente, da risa. Pero de la mala.

Y el Rock, por peculiaridades de su naturaleza bastarda, acaba estando muchas veces a medio camino entre lo popular y lo culto. El Pop no, que por algo se llama como se llama, pero el Rock carga con esa maldición, entre otras muchas. O bendición, según se mire. La culpa la tiene su genealogía, que lo hace descender del Blues en paralelo con el Jazz, hermanos de una misma sangre pero por vías diferentes y con aspectos finales completamente distintos. Sin el debido libro de familia ni siquiera parecen parientes. Pero los genes están ahí. Entre los acordes de “Highway to Hell” y las complejidades de DREAM THEATER hay mucho recorrido, pese al origen común y un mismo nombre de pila con distinto apellidos. Lo primero son una panda de chavales tocando cuatro acordes al salir de clase y a quienes las musas han bendecido con su inspiración, y lo segundo son unos tipos con una muy sólida formación musical a nivel técnico, armónico, formal, etc. y a quienes las musas han bendecido también con su inspiración. El Rock ha hecho ese recorrido a veces en el seno de un solo grupo y a veces en el conjunto de todo un movimiento o un género, y algunos grupos han hecho ambas cosas ellos solos, como METALLICA, además sin más ayuda que su propia determinación y una especie de fe ciega en sí mismos.

Los discos de METALLICA del 84 al 88 son gloriosos por algo más que por el brutal y salvaje comienzo de “Fight fire with fire”, comienzo por antonomasia del típico tema de Thrash Metal y tocado con una rabia que aún hoy sobrecoge. Cuando fue engendrado en 1984 todavía faltaba un año para el “Bonded by blood” de EXODUS, el “Killing is my business” de MEGADETH o el “Endless pain” de KREATOR. Prácticamente no existía el Thrash Metal. Y ellos ya tenían el riff prototípico, el comienzo de batería prototípico, el sonido, la temática, la ambientación… ANTHRAX había editado su disco debut en febrero, aún con Neil Turbin a la voz, pero aquello no era Thrash Metal, y tampoco existían el “Hell awaits” de SLAYER ni el primer y homónimo disco de BATHORY, que son respectivamente de septiembre y octubre de ese mismo 1984, mientras que “Ride the lightning” se editó en agosto. No había nada. Si uno lo piensa detenidamente y logra recrear la situación en su cabeza, resulta alucinante. Por supuesto, el ambiente estaba ardiendo y a punto de estallar y METALLICA no eran el único grupo arrastrado por esa incandescencia, pero sí fueron los primeros, incluso antes que SLAYER. Los primeros y los que definieron el estilo y establecieron los moldes que seguirían todos los grupos posteriores. Pero lo más alucinante es que estamos hablando de 1984, cuando en realidad ya habían sacado “Kill ‘em all” en 1983, el verdadero punto seminal. El mundo tardó en reaccionar, y para cuando lo hizo, METALLICA ya había publicado dos discos.

Cada uno de esos cuatro primeros discos de METALLICA marcó un hito y trazó un límite que ellos mismos pulverizarían con el siguiente… salvo el último. El álbum negro es magnífico y es uno de los mejores discos de Metal de la historia, pero no tiene el sentido fundacional de los otros cuatro ni su trascendencia, y tomó una línea tangente frente a su predecesor “…And justice for all”, con el que habían culminado una trayectoria permanente de revolución tras revolución. Y cuando elijo la palabra “revolución” estoy pensando en un cambio drástico, profundo y rápido, que es más o menos lo que significa la palabra. Ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. En sólo cinco años. Todo lo que se ha hecho después en cuestión de Thrash Metal ya lo habían inventado ellos.

Recuerdo haber leído a KISS contar cómo los cogió… ya no recuerdo qué productor, quizá Bob Ezrin, en la época de… ¿“Destroyer”? Al final va a resultar que no recuerdo ni quién ni cuándo, pero no importa, lo esencial es que KISS no salían de sus tres acordes y se empezaron a notar algo limitados a la hora de componer, pero tras pasar un tiempo en el estudio con este productor decían cosas como que “al entrar aquí no hacíamos más que perder tiempo en los ensayos porque apenas sabíamos tocar tres acordes, y al poco tiempo ya sabíamos lo que era un tresillo o un contratiempo y sabíamos tocar en compases irregulares”. Y eran KISS. Quiero decir que no usaron esos conocimientos para expandir su estilo, sino sólo para refrescar sus resultados. Hay multitud de detalles en su música a partir de entonces que reflejan este cambio y que dan a los temas un gancho irresistible, y todo eso se percibe incluso aunque uno no sepa cuáles son esos elementos. Es un claro ejemplo de conocimientos puestos al servicio de la música y no al revés, y, como digo, el oyente lo percibe. Aunque sea de forma intuitiva, pero esas cosas se notan: a veces un oyente no encuentra argumentos para decir por qué un tema no vale gran cosa pero lo está notando, sabe que las notas de tal o cual frase son vulgares aunque no sepa a qué escala pertenecen, sabe cuándo los músicos están luciéndose con un sentido artístico y no por puro malabarismo instrumental aunque no sepa precisar por qué o aunque no pueda analizar las estructuras, la armonía, los ritmos o las texturas. Cuando el conjunto tiene una verdadera coherencia interna, eso se nota. Y METALLICA lo hicieron cada vez mejor hasta el año 88.

Uno de los primeros ejemplos lo dieron en el tema “Ride the lightning”, e intentaré explicarlo sin excesivas complejidades. Es difícil hacer un tema de seis minutos y medio y que tenga entidad propia. Es decir, es muy fácil empalmar trozos sin ton ni son, pero eso no constituye un tema. Si unimos “Let it be” y “Yesterday” no sale un tema de siete minutos, eso está claro. Pero el porqué no es tan fácil de explicar. Básicamente un tema es una unidad orgánica y cerrada sobre sí misma, posee un determinado carácter y es reconocible de forma individual. Lo más básico para eso es recurrir a la repetición de ciertas partes: las estrofas, con el cambio de letra en cada una de ellas, y el estribillo, que normalmente expone un motivo más corto y pegadizo y cuya letra además no cambia en las sucesivas repeticiones. Pero el Rock se aviene mal a estas limitaciones y tiende permanentemente a salirse de ellas o bien a amplificarlas todas simultáneamente. No todo el Rock, claro, pero sí bastantes de sus subgéneros en distintos momentos. El Thrash Metal había sido en principio el resultado de cruzar la velocidad y agresividad de bandas Punk o Hardcore con el sonido acerado y la técnica instrumental del Heavy Metal, y sus primeros exponentes en forma de disco completo seguramente son “Kill ‘em all” y el “Show no mercy” de SLAYER, ambos del 83, y los dos daban ya muestras de una mayor elaboración musical que la de sus fuentes de inspiración. Enseguida la complejidad se volvió rasgo habitual del nuevo género, y poco después definitivo dentro de cierta corriente, y temas como “Ride the lightning” sirvieron para asentar sus pilares.

Maravillas del mp3 para alguien que descubrió, compró y devoró este disco en vinilo: se puede ir parando cada poco tiempo, repetir y hasta precisar el tiempo en que suena cada trozo. Intentaré no abusar de estos dones de la tecnología al hablar del tema “Ride the lightning”, pero necesito explicar por qué supuso un primer gran cambio en su música y por qué sentó las bases para lo que acabaría siendo poco después el glorioso “…And justice for all”. Para empezar, su estructura perfectamente simétrica no puede ser fruto del azar: empieza y termina con la misma intro, sí, pero no me refiero a algo tan obvio, sino al conjunto del tema y muy especialmente a su sección central. Ésta se abre poco antes del minuto dos, más o menos en el 01:56. Hasta ese momento tenemos un tema convencional con su estrofa, pre-estribillo y estribillo, además de la mencionada intro de doce segundos. Carajo… necesito contradecirme y “abusar” del play/stop y el cronómetro, porque si no, no va a haber dios que entienda de qué estoy hablando. Pues a ello. El tema tiene estas partes:

(00:00) Intro
(00:12) Riff 1
(00:32) Riff 2 (puente)
(00:39) Riff 1 (estrofa)
(00:52) Riff 3 (pre-chorus)
(00:58) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / riff 2 (puente)

(01:21) Riff 1 (estrofa)
(01:34) Riff 3 (pre-chorus)
(01:40) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus)

(01:56) Riff 6
(02:09) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(02:19) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)
(02:29) Pausa
(02:35) Riff 9 (+ solo)
(03:13) Riff 9 transportado (solo)
(03:37) Pausa
(03:43) Riff 10
(03:56) Riff 7 (2x) (arpegios)
(04:09) Riff 8 (arpegios)
(04:12) Riff 7 (1x) (arpegios)
(04:18) Riff 8 (arpegios)

(04:22) Riff 6
(04:35) Riff 7 (1x) + riff 8 (break)
(04:44) Riff 6 (fast drums) / Riff 6 (medium) / Riff 6 (slow)

(04:55) Pausa
(05:01) Riff 1 (+ estrofa)
(05:35) Riff 3 (pre-chorus)
(05:41) Riff 4 (chorus) / riff 5 (puente) / riff 4 (chorus) / (05:57) riff 2 (puente)

(06:04) Riff 2- variación 1
(06:17) Riff 2- variación 2
(06:30) Intro

Punto primero: esto no es una frikada, aunque lo parezca. Cualquier guitarrista novato, por ejemplo, se tiene que parar a identificar cada uno de los riffs y luego memorizar en qué orden aparecen y cuántas veces. Y estos temas de METALLICA están entre el repertorio básico de cualquier aprendiz, no es nada del otro mundo ni nada propio de cerebritos de Harvard. Punto dos: perdón por la mezcla de inglés y español sin ningún rigor, aunque tampoco pasa nada y la cuestión terminológica no es lo más importante. Y tres: la “x” significa “veces”, y el “+” indica que esa parte se añade al cabo de un rato al riff que la precede.

Dicho lo cual, admiremos la maravilla: para empezar, llama la atención su sorprendente economía de medios, ya que el tema utiliza en total solamente diez riffs (más la pequeña célula melódica de la intro), lo cual es muy poco considerando su larga duración. Hoy día casi cualquier tema de Death enlaza sin problema el doble de riffs en la mitad de tiempo, y eso sin meternos en terrenos de Death o Thrash técnico, todo lo cual le resta identidad al tema y despista al oyente. Pero METALLICA lo hacen con esta pasmosa sobriedad y el conjunto logra una solidez que apabulla, sin que exista el menor riesgo de que suene repetitivo. La otra gran virtud, como decía, es la simetría total del conjunto, a modo de templo griego de dimensiones perfectas: basta ver los números de los riffs y comprobar su secuencia, cómo una vez que alcanzan el 10 comienzan a retroceder sobre sus pasos, no punto por punto pero sí en claro movimiento retrógrado hasta volver a la primera sección y por último a la intro; el resultado se sustenta sobre dos partes extremas iguales (la sección de estrofa-estribillo) con el remate de la intro a modo de adorno, y en medio se desarrolla una larga parte central que, a su vez, también es simétrica, ya que se entra y se sale de ella a través del riff 6. Y aquí viene otra de las maravillas de este tema y otra de sus radicales novedades: las transiciones. Es alucinante la maestría con que pasan de una sección a otra, concretamente cómo repiten el riff 6 sobre una batería que va aminorando su tempo a la mitad y luego a la cuarta parte para así desembocar en el fragmento más lento del tema, el del riff 9.

La suavidad rítmica de esta transición es un indicio más del cambio de METALLICA como compositores, y quizá su primer acercamiento a fórmulas que exceden lo que se suele entender por música “popular”. Pero el tema presenta varios ejemplos más de estas técnicas compositivas: el uso de motivos similares (como el riff 3, que tiene el mismo diseño que el riff 1, o como las dos pausas del 02:29 y del 03:37, que tienen la misma línea melódica descendente y ésta, a su vez, es la misma que la del riff 7), la repetición de materiales anteriores (como los riffs 7 y 8 en el solo, con los arpegios marca de la casa, que aparecían antes como base de la voz cuando dice eso de “Someone help me, oh please God help me”), la transposición (en el riff 9) y la variación (en el riff 2 al llegar al sexto minuto). METALLICA eran entonces unos chavales y no sé si alguien les aleccionó como a KISS o si simplemente fueron haciendo estos descubrimientos por sí solos, pero este tema, con su portentosa consistencia y su armazón perfectamente trabada como un todo orgánico, fue sólo el primer paso. A partir de entonces continuaron profundizando cada vez más en el uso de estas y otras técnicas compositivas hasta dar lugar al descomunal “…And justice for all”, impulsando el estilo que les vio nacer hasta sus máximas dimensiones y llevándolo a terrenos completamente alejados de la música “popular”.

Podría pararme a hacer esto con cada uno de los temas del “Master of puppets” (“Disposable heroes” da también para mucho, por ejemplo) o incluso del “…And justice”, pero le he cogido gusto a que la gente lea mis bobadas y tampoco es plan quedarme sin lectores tan pronto. Desde luego, no lo haré con los temas de “…And justice” porque eso ya son palabras mayores y quiero hacer otras cosas con mi tiempo y mi vida, y es que aquí todos los temas son una mole titánica y un prodigio de diseño, salvo “One”, que en realidad viene a ser como dos temas “pegados”, uno de cuatro minutos y medio y el siguiente los tres restantes, sin ninguna relación entre sí (que su escucha sea, en efecto, apasionante es otro asunto). Sólo diré que METALLICA sabían perfectamente lo que hacían y lo hacían con toda la intención del mundo: en cada uno de los discos siguientes a “Kill ‘em all” el segundo tema sigue los mismos patrones, casi calcados, pero en cada ocasión las dimensiones del conjunto superan a la anterior y los procedimientos compositivos son ampliados notablemente y explotados con mayor exhaustividad. No hay más que echar un vistazo a la duración de esos temas: “Ride the lightning” 06:38, “Master of puppets” 08:35, “And justice” 09:48. No hay la menor duda de que estaban resueltos a superarse a sí mismos con cada nuevo disco y dejar atrás a todos los imitadores que de pronto empezaron a salir hasta debajo de las piedras. Aparte de algo tan obvio como que el segundo tema era siempre el tema-título del álbum, la organización global de los tres discos es exactamente la misma: intro melódica precediendo a un primer tema ultra-rápido, un mastodonte compositivo como segundo tema, el tercero con un tempo mucho más lento y pesado, la balada en cuarta posición… lo único que variaron fue la colocación de la instrumental de turno, que pasó de la última posición en el 84 a la penúltima en los dos siguientes discos. Como dije antes, ellos crearon el estilo, lo desarrollaron, lo llevaron a sus últimas consecuencias y, tras agotarlo, lo abandonaron. No podían ir más allá, habían tocado la cúspide a todos los niveles y no quedaba más por inventar ni por transformar. Al margen de gustos personales, queda claro que hubo unos METALLICA hasta el año 88 y otros a partir de entonces.

Y voy terminando, prometido. Pero no quiero dejarme una cuestión importante sin mencionar: acerca de los discos hipertécnicos no sirve para nada alabar sus virtudes diciendo cosas como “es un disco muy complejo, con canciones largas, riffs retorcidos y solos virtuosos”. ¿Qué aporta una frase así? ¿Las canciones largas son buenas porque sí? E incluso, ¿qué significa una frase así? Quiero decir, qué significa exactamente que un tema sea complejo o un riff “retorcido”. Porque METALLICA, que es a quien se refería la frase, tienen riffs relativamente simples. Riffs complejos son los de la mayoría de discos de Thrash publicados a finales de los 80 o principios de los 90 por grupos que llevaban en activo desde el principio del movimiento y que para entonces rizaron el rizo hasta niveles insospechados (como DEATHROW en “Deception ignored”), o bien grupos que siempre tuvieron esa orientación en su música, caso paradigmático el del los suizos CORONER. En las décadas siguientes la cosa se sale completamente de madre y tenemos grupos como los australianos PSYCROPTIC o riffs como el del principio del tema “Dread and memory” de los canadienses TORN WITHIN, con sus 14 segundos de duración. Y sin llegar a excesos tan recientes, en los ochenta había muchos grupos inventando riffs mucho más “retorcidos” que los de METALLICA, sin lugar a dudas. Pero el problema principal, insisto, es que tampoco el mero factor de la complejidad es una virtud en sí misma, y un disco no es mejor por tener “una batería compleja, rebuscada, con cambios de ritmo constantes y cortes que hacen juegos con las guitarras”. Eso es sólo una descripción, un análisis de sus rasgos, pero presentarlo como un mérito en sí mismo es tanto como pensar que dar muchas notas es siempre mejor que dar pocas.

Me tomo la molestia de indagar en las virguerías compositivas de METALLICA porque el hacerlo demuestra que en parte no hace falta hacerlo… Me explico: hay millones de personas que admiran estos tres discos sin necesidad de ningún ejercicio de disección intelectual, y tienen buenas razones para disfrutarlos sin más, como se comprueba precisamente al inspeccionarlos con lupa. La cuestión es que esos oyentes perciben esto intuitivamente porque en realidad esas virtudes están ahí, existen, y eso es lo que les permite valorar positivamente el disco incluso sin saber explicarlo. Y, sin embargo, viene bien explicarlo y poder desentrañar los entresijos de estas virtudes para confirmarlas, aparte de que el placer intelectual también es un placer –quien conozca a un matemático vocacional y devoto sabrá de qué hablo- pero que no anula en absoluto el otro, sino que se le superpone. Y os aseguro que a mí me exalta tanto la brutalidad primaria de un guitarrazo salvaje –estoy pensando en el principio de “Fight fire with fire”- como el sorprendente descubrimiento de las filigranas estructurales de “...And justice for all”.